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Jueves, 18 de octubre de 2007

CINE › “MATAR O MORIR”, CON CLIVE OWEN, PAUL GIAMATTI Y MONICA BELLUCCI

Una de balazos, bebés y... zanahorias

 Por Horacio Bernades

Dirigida por un realizador proveniente del submundo del directo-a-DVD, Matar o morir es una de las películas más imaginativas, desaforadas y exuberantes del 2007 (dicho todo esto en el más historietístico de los sentidos). Y también una de las más pesadas, reiterativas y limitadas. Sí, aunque parezca absolutamente contradictorio (o tal vez no), así es Matar o morir, donde Clive Owen usa zanahorias como armas letales, Monica Bellucci hace de prostituta amamantadora y Paul Giamatti es un asesino tan perverso que si ve a una chica embarazada la quiere violar. Media docena de antológicas secuencias de alto octanaje balístico y el doble de gags, fruto del más excesivo de los humores, mueven a recomendar esta aparición a tiro limpio de un nuevo hijo putativo de Tarantino. Pero como a Michael Davis (ése es el nombre) le cuesta un perú (y la mitad del otro) construir algo que no sean tremebundas y orgiásticas balaceras, el balance termina siendo necesariamente mechado.

Realizador de películas que llevan títulos como 100 Girls, Girl Fever y Monster Man, Mr. Davis admite sin problemas haberle robado a John Woo la fuente de inspiración. A comienzos de los ’90, Chow Yun-fat se pasaba media Hard Boiled a los tiros, en medio de una maternidad y con un bebé en brazos. Algo parecido sucede a lo largo de Matar o morir (el título original, Shoot’em Up, debería traducirse como Cagalos a tiros), con la diferencia de que Clive Owen le pasa el bebé a la Bellucci, para que ella le dé de mamar mientras él atiende la sección Disparos. Sí, es bien tradicional el modelo de familia que propone Davis. Siempre y cuando se acepte como tal una integrada por un tipo capaz de clavarle a otro una zanahoria en el cráneo, una puta y un bebé que no es hijo de ninguno de los dos. Tampoco es tan tradicional que, cuando una docena de pesados los sorprenden en pleno chucu-chucu, Donna Quintano (Bellucci) siga cabalgando sobre Smith (así se llama el personaje de Owen) como si nada, mientras su pareja recorre toda la habitación, se agacha, gira y tira para seguir machacando.

Que se puede seguir tirando mientras se hace cualquier otra cosa lo demostraba ya la secuencia inicial de Matar o morir, donde Smith atiende un parto y hasta corta el cordón umbilical (no precisamente con un bisturí) mientras descarga sus inagotables provisiones sobre una también inagotable cantidad de tipos decididos a mandarlo a cultivar tubérculos, ya que no zanahorias. La secuencia dura unos diez minutos, presenta la primera utilización heterodoxa del alimento favorito de Bugs Bunny y es, sin duda, la mejor apertura de una película en mucho tiempo. Ya se sabe que no conviene arrancar tan alto porque después se hace difícil seguir, y Matar o morir lo ratifica, por más que a Davis le queden en el cargador coreográfico casi tantas balas como a Owen. Así lo confirman el polvo aquel, el keatoniano sistema de ratita-queso-poleas que permite abrir la puerta de la guarida del héroe o la batalla aérea entre Smith y un montón de asesinos, que anula la ley de gravedad por pura soberanía de la imaginación.

Zanahorias y bebés. Si el uso de las primeras termina agotándose por repetición, la sobreabundancia de lactantes tiene que ver con la premisa de la película, amoroso disparate que vincula a cierto senador pacifista con la crianza de recién nacidos... para montar una fábrica de médula ósea que le dé sobrevida. En cuanto al heavy metal que atruena de punta a punta, está perfectamente justificado: el bebé del que Smith & Donna decidieron hacerse cargo sólo se calma escuchando Motörhead o Mötley Crüe, tal vez por una cuestión de diéresis. O de ruido, porque cuando las balas suenan tampoco llora. Si los chascarrillos con los que Owen remata cada ejecución son muy graciosos al principio, prontamente se vuelven tan cansadores como las demasiado ubicuas zanahorias. Giamatti no: es cansador de entrada, demasiado forzado en el papel de monstruo de opereta. Lo cansador de Bellucci es, en tal caso, el esfuerzo que le representa mantener un inglés fluido a lo largo de cada línea de diálogo. Por lo demás, esta es la película ideal para ella: cada primer plano confirma que no hay, en el mundo entero, una chica más de comic que la morocha de Matrix recargado e Irreversible.

7-MATAR O MORIR

(Shoot’em Up) EE.UU., 2007.

Dirección y guión: Michael Davis.

Intérpretes: Clive Owen, Paul Giamatti, Monica Bellucci y Stephen McHattie.

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Película a tiro limpio.
 
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