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Martes, 28 de septiembre de 2010

PLASTICA › LA 29ª BIENAL INTERNACIONAL DE ARTE DE SAN PABLO

La Bienal se inauguró con polémicas

El sábado se abrió al público la nueva edición de la muestra paulista con 159 artistas, entre los cuales hay una decena de argentinos. Hubo intentos de censura, una orden judicial para tapar parte de una muestra y las polémicas siguen.

 Por Fabián Lebenglik

Desde San Pablo

El sábado se inauguró la 29ª Bienal de San Pablo y arrancó con polémicas varias: intentos de censura; cruces entre el mundo del arte, el derecho y la ley; cuestionamientos por la utilización de animales vivos en una obra... toda una serie de tentativas para discutir los límites del arte.

La nueva edición, curada por Agnaldo Farias y Moacir dos Anjos, trata sobre la relación entre arte y política y lleva por título un verso de la Invención de Orfeo, del poeta Jorge de Lima: “Há sempre um copo de mar para un homem navegar” (“Siempre hay un vaso de mar en el cual navegar”). Un verso que habla del arte como metáfora, como viaje y pensamiento, como irrupción de otro mundo y otras reglas; como espacio contra la rutina.

Luego de la anterior edición, que quedó para los archivos como la “Bienal vacía” porque no se exhibieron obras, sino que se transformó en un foro en el que se discutió la propia idea, función, propósitos y sentido de las bienales en general y la de San Pablo en particular, ahora los curadores actuaron por contraste, llenándola de contenido, en un año especialmente político, de campañas, de fin y recomienzo del ciclo Lula y de elecciones inminentes.

Contra el vacío, nada mejor que politizar el arte para llenar los 30 mil metros cuadrados del gigantesco edificio de la Bienal. Con esta premisa se invitó a 159 artistas de todo el mundo, entre los cuales hay una decena de argentinos.

“Es imposible separar arte y política –dicen los curadores–. Esta imposibilidad se expresa en el hecho de que el arte, por medios que le son propios, es capaz de interrumpir las coordenadas sensoriales con que entendemos y habitamos el mundo, insertando en él temas y actitudes que hasta entonces no tenían cabida, volviéndolo así mayor y diferente. La elección de este principio organizador del proyecto curatorial se justifica porque vivimos en un mundo de conflictos diversos, en que el arte se afirma como medio privilegiado de aprehensión y de simultánea reinvención de la realidad. Esta elección se vuelve necesaria, más allá de eso, para afirmar la singularidad del arte en relación con otras formas de entender y de intervenir en el presente, llevadas casi a un punto de indistinción en décadas recientes.”

La politización está colocada en términos muy generales, pero el tema tiene aristas por las que los artistas no dudaron en transitar.

Por una parte, el argentino Roberto Jacoby presentó un espacio de arte relacional dirigido a promover el voto por Dilma Rousseff, la candidata de Lula, entre los visitantes a la Bienal, que en general no apoyan al PT. Gigantografías de Dilma –vestida de carnaval– y del candidato opositor José Serra, más mesas, monitores, remeras de Dilma y el título de la muestra: El alma nunca piensa sin imagen. El martes 21 por la noche llegó una orden de la Procuraduría Regional Electoral de San Pablo para que las imágenes y toda referencia de los candidatos a presidente fueran tapadas. La orden judicial decía: “Está prohibida la circulación de propaganda en los bienes cuyo uso dependa de la cesión o permiso del poder público”. Y el edificio de la Bienal es público, de modo que el conflicto se suscitó entre el lenguaje del arte conceptual propio de Jacoby y el lenguaje del derecho y la ley electoral, propio de las instituciones estatales. Jacoby continúa con actividades relacionales, cursos de sus colaboradores y una intensa interacción con el público y la prensa, curiosos por indagar un poco más acerca de la obra y de la disputa legal.

Vicente y el magnicidio.

El caso del artista de Pernambuco Gil Vicente también consiste en una serie de grandes dibujos realistas, en los que el artista se autorretrata armado a punto de matar con pistola o cuchillo a varios presidentes o ex presidentes notorios (Lula, Fernando Enrique Cardoso, George Bush, Ahmadinejad, entre otros líderes políticos, y el Papa). Las imágenes son fuertes y provocadoras. Apenas el artista colgó sus obras, la poderosa Orden de Abogados de Brasil, a través de su presidente local, presentó un pedido de censura y pidió que esa serie de obras fuera retirada de la exposición por considerarla una “apología del crimen”. El artista dice que este tipo de cosas sólo logran promocionar su trabajo y revelan que hay quienes quisieran volver a una dictadura. Por su parte, los curadores no quitarán las obras. Mientras tanto, el proceso judicial sigue su curso.

La tercera obra polémica es la que ocupa el lugar central del enorme espacio de la planta baja sobre el que balconean los demás niveles del inmenso edificio diseñado por Oscar Niemeyer. Se trata de una obra enorme del brasileño Nuno Ramos: una suerte de gigantesca maqueta, algo así como un conjunto de construcciones fabriles abandonadas, de gran altura, que resulta ser la obra de mayor envergadura de toda la muestra y ocupa las tres plantas verticalmente, emergiendo en el gran espacio hueco de giro de la rampa que recorre todos los niveles. En la chimeneas de la obra hay varios buitres que cada tanto sobrevuelan el espacio. Todo el perímetro de la obra (que es el perímetro interno del hueco central del edificio) está cubierto por una red, de modo que se trata de una enorme jaula, sombría en su concepción, dentro de la cual los buitres vuelan algo apretados, pero no más apretados de lo que suelen estar en los zoológicos. Aquí las protestas vinieron por el lado de la protección a los animales y por tratarse de aves en riesgo. Con el paso de los días, los buitres van salpicando todo el sector de excrementos. La obra cuenta también con un sistema de sonido con música incidental e invasiva.

Ahí nomás, en un sector del hueco que dejan las rampas, cuelga otra obra inquietante, en este caso del brasileño Milton Machado: un cubo de hierro de cuatro metros por lado, que luce como una gran celda suspendida.

La otra obra que acapara inicialmente las miradas y está muy cerca de la entrada lateral de la Bienal, en la planta baja, es un conjunto escultórico del chino Ai Weiwei: enormes cabezas de animales mitológicos, dispuestas en un círculo ritual y clavadas sobre altas estacas de metal.

Ramos usa buitres.

La 29ª Bienal tiene mucho arte político actual e histórico, varias muestras documentales y gran cantidad de video, cine, animación, relatos fotográficos y proyecciones. En este sentido, hay una enorme cantidad de información disponible para contextualizar cada obra, especialmente en el caso de las obras históricas. Entre los argentinos invitados, además de Jacoby, están Ana Gallardo, David Lamelas, Eduardo Navarro, Enrique Jezik, una instalación sobre el Parque de la Memoria; y obra histórica y documentación sobre Tucumán Arde, un video sobre la instalación La menesunda (1965), de Marta Minujin y Rubén Santantonín; una foto de Oscar Bony (La familia obrera, 1968) y una foto de un vivo dito de Alberto Greco.

Gallardo presenta un espacio muy poético, que recibe gran cantidad de visitas: Un lugar para vivir cuando seamos viejos, obra en colaboración con Ramiro Gallardo y Mario Gómez Casas. Gallardo vivió en México y en su obra siempre incorpora elementos participativos, etnográficos y sociales, con gran ternura. Como explica Claudio Iglesias en el texto ploteado en la muestra: “Ana Gallardo focaliza una serie de cuestiones culturales y políticas que van de la singularidad de las historias de vida hasta las condiciones de existencia en las sociedades contemporáneas”. Aquí escenifica un lugar de baile a mitad de camino entre un salón y una plaza, en donde tres viejos bailarines expertos en danzón (que ella invitó para la Bienal) bailan entre ellos y con el público. Se reproduce así el ritual que desde hace años realizan estos bailarines y bailarinas, cada semana, en la plaza del barrio, en corazón del DF.

(Continuará.)

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Un sector del espacio de Jacoby, tal como lucía antes de ser tapado por orden judicial.
 
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