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Martes, 22 de febrero de 2011

PLASTICA › LUIS FELIPE NOE EN EL MUSEO DE ARTE MODERNO DE RIO

Retrospectiva con final sinfónico

La relación de Noé y su obra con Brasil tiene casi medio siglo. Comenzó en 1963, influyó en los pintores brasileños y siguió hasta el presente. La gran retrospectiva de Río de Janeiro tiene una historia que aquí se cuenta.

 Por Fabián Lebenglik

Desde Río de Janeiro

El imponente edificio del Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro (MAM-RJ), institución fundada en 1948 con proyecto edilicio de Alfonso Eduardo Reidy y jardines diseñados por Roberto Burle Marx, está casi a la orilla del mar, muy cerca del aeropuerto local Santos Dumont y cerca también del centro de la ciudad. Durante todo el período inaugural y primeros años de afianzamiento fue un espacio para las vanguardias y para albergar las polémicas estéticas que atravesaron la segunda mitad del siglo XX.

En 1953 se presentó aquí la primera exposición de arte argentino: un panorama del arte concreto con obras de Tomás Maldonado, Enio Iommi, Alfredo Hlito y Miguel Ocampo, entre otros.

En 1978 un incendio arrasó con la totalidad de la colección del Museo y también afectó al edificio, que luego de varios años de trabajos de restauración comenzó a reinaugurarse en los años ochenta.

A comienzos de los años novena, Gilberto Chateaubriand, uno de los mayores coleccionistas de arte moderno y contemporáneo de Brasil, entregó en comodato alrededor de cuatro mil obras al Museo.

Desde el 1º de diciembre de 2010 y durante dos meses y medio, el MAM-RJ ha dedicado buena parte de sus salas a una enorme exposición antológica retrospectiva de Luis Felipe Noé, mostrando un itinerario que resume medio siglo de pintura, con obras que van desde 1960 hasta el presente. Se trata de unas sesenta obras, incluidas las dos gigantescas pinturas de once y quince metros (por tres de altura) que constituyeron el envío oficial argentino a la última Bienal de Venecia.

La exposición, a la que se le dedicó más de mil metros cuadrados fue curada por Franklin Pedroso, quien trazó un panorama impactante, muy representativo, con pinturas, instalaciones y dibujos, tomando en cuenta no sólo la historia del artista, sino también la relación de Noé y su obra con Brasil (especialmente con Río y San Pablo).

Según dice el curador, “resumir toda su obra en una exposición retrospectiva fue una ardua tarea, porque en su universo todo se transforma continuamente, de modo que en cada nueva selección éramos tomados por deseos de optar por diferentes formatos de presentación. Terminamos optando por organizar la muestra de manera cronológica, para facilitar la comprensión de su obra por parte del público brasileño”.

Noé expuso por primera vez en esta ciudad hace casi cincuenta años: fue con el grupo de la Nueva Figuración (Macció, Deira, De la Vega y Noé), en la galería Bonino de Río de Janeiro, en 1963.

Según cuenta el propio artista, que recorrió la presente exposición carioca con quien firma estas líneas: “Esta obra –señala la pintura Escape afuera, una técnica mixta de 89 x 11 cm que hoy forma parte del patrimonio del MAM-RJ– forma parte de aquella exposición de Bonino. Parece que las obras que llegaron a Río entraron con un vuelo de la Fuerza Aérea y no pasaron oficialmente por la aduana. Entonces cuando terminó la exposición, ninguna de las obras pudo salir del país: quedaron atrapadas durante veinticuatro años, hasta que en 1987 pudimos recuperarlas con ayuda diplomática. De aquella exposición del ’63 se exhibe al menos otro de los cuadros que quedó atrapado, Tres testimonios sobre la aparición de un pájaro”.

Según el prestigioso crítico Federico de Morais, “aquella exposición tuvo un impacto inolvidable sobre la joven generación carioca”. “Marcó mucho nuestro pensamiento –escribió el artista brasileño Rubens Gerchman (1942-2008)– por la libertad que ellos ponían en sus trabajos. Luis Felipe Noé, a quien más tarde conocería durante un simposio en Caracas, me impresionó mucho. El me gustaba porque era un pintor caótico y yo siempre fui acusado, hasta por mis colegas, de ser caótico.” Para otro artista fundamental, Antonio Días, “la exposición de Bonino fue más que un choque. Fue una alegría”.

“En el año sesenta y cinco –sigue Noé– se hizo una exposición nuestra aquí en el MAM-RJ, con otra obra, que pudo entrar y salir sin problemas del país. Y en 1985 se hizo una muestra homenaje a nuestro grupo en la Bienal de San Pablo, en el ‘Núcleo histórico’, donde en distintos espacios se exponía también obra del grupo Cobra, de Wifredo Lam y del italiano Emilio Vedova, entre otros.”

El crítico y curador brasileño Paulo Herkenhoff, cuando en 1987 aquella obra “atrapada” del cuarteto consiguió permiso de salida, organizó una exposición a modo de despedida. Por entonces Herkenhoff era director del MAM-RJ y escribió que “en 1963 una exposición de cuatro jóvenes artistas en la Galería Bonino de Río de Janeiro dejó una fuerte impresión en el ambiente cultural de la ciudad. Retomando con otra muestra en 1965 en el Museo de Arte Moderno, la ‘Otra Figuración’ de Deira, Macció, Noé y De la Vega reiteró el impacto”. La exhibición de 1987, organizada desde el MAM en la Galería del Instituto Cultural Brasil-Argentina de esta ciudad, además del cuarteto de la “Otra Figuración” incluyó a Antonio Seguí y fue acompañada con obras de los artistas locales Antonio Días, Anna Bella Geiger, Rubens Gerchman, Anna María Maiolino, Roberto Magalhaes, Ivan Serpa y Carlos Vergara.

La muestra más reciente de obra de Noé en Brasil fue 1961: Arte argentino en la encrucijada-Informalismo y Nueva figuración, gran exposición organizada entre marzo y junio de 2009 por nuestro Museo Nacional de Bellas Artes en el Centro Cultural Fiesp de San Pablo.

En aquella muestra, curada por el investigador argentino Roberto Amigo, había una presencia fuerte de obra de Noé y la selección incluía trabajos de Kenneth Kemble, Josefina Robirosa, Clorindo Testa, Alberto Greco, Luis Wells, León Ferrari, Federico Peralta Ramos, Rogelio Polesello, Dalila Puzzovio, Nicolás García Uriburu, Marta Minujin, Rómulo Macció, Jorge de la Vega, Ernesto Deira, Antonio Seguí y Antonio Berni, entre otros.

El curador de la presente retrospectiva, Franklin Pedroso, que conoce profundamente la obra del artista, explica que “desde las primeras obras incluidas en la exposición, incluso bajo la influencia y admiración por la obra de grandes maestros, Noé poseía un lenguaje propio, pleno de vigor y libertad, recorriendo la figuración y la abstracción. Fue un período de gran ebullición interna. Cuando formó parte de la Nueva Figuración, el grupo compartía ideas y experiencias, permaneciendo abierto a todas las manifestaciones artísticas. En el período siguiente él ya no participaba más del grupo y afirmó este cambio con la tentativa de ordenar sus propias experiencias. Pasó al campo tridimensional, donde el bastidor fue dislocado para integrar la obra. Es una de las marcas de su obsesión por organizar el caso en el campo pictórico”. Aquí puede verse, por ejemplo, El ser nacional, una instalación de 1965.

También están presentes, por ejemplo, algunos trabajos de su exilio en París, período en el que acentúa en sus pinturas cuestiones simbólicas y literarias. La serie Amazónica, representada en la muestra y producto de un visita al Amazonas en los años ochenta, marca un giro dinámico alrededor del paisajismo abstracto. Noé se dedicó intensamente al dibujo y de este aspecto también da cuenta la retrospectiva.

El enorme edificio del MAM-RJ, en un entorno de una vegetación imponente, bajo un sol abrasador, una luz casi incandescente y una temperatura alta, constituyen un entorno en sintonía con la intensa obra de Noé, que aquí resumida acentúa su carácter libre, expansivo y fragmentario y muestra que siempre avanza sobre sí misma, buscando nuevas tensiones, nuevos caminos.

El gran final lo constituye la instalación pictórica veneciana Red, compuesta por una inmensa pintura de once metros (La estática velocidad) y por un políptico (Nos estamos entendiendo) el cual, sumadas sus partes, mide unos 15 metros. De la instalación que el artista presentó en la última Bienal de Venecia se ha hablado y escrito mucho, pero aquí, como cierre, y más allá de las palabras, propone un coherente final sinfónico.

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Luis Felipe Noé en la entrada a su muestra en Río.
 
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