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Martes, 15 de noviembre de 2011

PLASTICA › PIEZAS DEL MEXICO PREHISPANICO EN LA FUNDACION PROA

Sobre celebraciones y sacrificios

Una muestra de bellas piezas arqueológicas –desde miniaturas
hasta obras monumentales– presenta la vida cotidiana, los
rituales y la cultura hasta la llegada de Hernán Cortés.

 Por Fabián Lebenglik

Para la mayor parte de los visitantes, hay al menos dos miradas inevitablemente complementarias que supone el recorrido de la muestra Dioses, ritos y oficios del México prehispánico, que se presenta en la Fundación Proa con curaduría del antropólogo y catedrático mexicano David Morales Gómez.

Por una parte, la mirada arqueológica: intentar acercarse al tiempo, cultura y contexto en que fueron realizadas las piezas exhibidas, gracias al aparato teórico, explicaciones, descripciones y referencias que ofrece la exhibición.

Por la otra, la mirada anacrónica: hacer enormes saltos en el tiempo, para, más allá de las condiciones y épocas de producción de las piezas, dejarse llevar por la extraña belleza de cada una de las obras de la exposición.

La muestra, repartida en los tres núcleos temáticos anunciados en el título, incluye más de 150 piezas arqueológicas de las distintas culturas que vivieron en el Golfo de México hasta la conquista española. Varias de las piezas nunca antes habían sido mostradas porque fueron recientemente recuperadas.

En el curso de la mirada arqueológica hay que tomar en cuenta que las piezas exhibidas se corresponden con un largo período de alrededor de tres mil años, comprendidos entre la etapa formativa-preclásico (hasta 1500 años a.C.) y la etapa inmediatamente anterior a la conquista.

Aquella manera de ver, recuperando el contexto de una cultura lejana, debe también consignar que el culto al sol incluía tanto la celebración de la vida, como la muerte sacrificial. Los sacrificios humanos tenían la función religiosa y ritual de alimentar al sol. Y que junto con el sol, la fertilidad era igualmente motivo de adoración. La división del tiempo era distinta y respondía a un calendario de 18 meses, marcado por ciclos y celebraciones.

Según el curador, la selección –que proviene del patrimonio de trece museos, dos Casas de Cultura, una zona arqueológica y el Instituto Nacional de Antropología e Historia de México– intenta mostrar “la enorme variedad de ideas, la estructura social y la complejidad de una ideología”.

La selección de las piezas incluye tanto objetos domésticos como adornos, ofrendas, elementos usados en los sacrificios y en los juegos. También piezas de barro o piedra, de variados tamaños, desde la miniatura hasta lo monumental. Desde anillos, collares y pulseras hasta grandes tallas, frisos y columnas.

A lo largo de la exposición, en la sección dedicada a los “dioses” se busca presentar cada una de las deidades, su fiesta, su función religiosa, atributos y relación con la naturaleza. Y los cultos pueden tanto remitir a una instancia sagrada como a cuestiones más cotidianas, domésticas y asociados al ciclo económico.

En el México anterior a la conquista española, las culturas mesoamericanas desarrollaron diversos y complicados oficios que se realizaban en familia a lo largo de varias generaciones.

En la exposición hay una sección dedicada al juego de pelota. Tajín (antigua ciudad del noroeste de Veracruz), según explica el catálogo de la exhibición, “fue un centro urbano en donde el ritual del juego de pelota desarrolló un papel importante en la sociedad y se concibió como un espacio conceptual [...] El ritual del juego de pelota está íntimamente ligado a la continuidad de la vida”. Y por eso incluye el sacrificio humano. Tal vez el actual juego de pelota heredó algo del circo y la violencia ritual de aquel juego prehispánico.

En relación con la cultura sacrificial, que incluía no sólo a los vencidos sino también a los propios, José Manuel Vallines Vásquez y David Morales Gómez escriben que “los sacrificios estuvieron relacionados con los tributos a los dioses, ofrendas que significaban el reconocimiento hacia los dadores de vida, pagando así los mortales parte de su deuda con ellos. Elementos como el Sol, la Luna, la lluvia, eclipses u otros fenómenos naturales fueron indicadores también de sacrificios y se complementan con la incursión y el establecimiento de un calendario dentro del cual se marcaban los días en los que se debía ofrecer a los dioses un alimento simbólico. A los dioses se les proporcionaba todo lo que los mortales podían ofrecer: celebraciones, fiestas dedicadas a ellos, construcciones de edificios, ofrendas y sacrificios, entre los cuales incluían la vida. Debido a esto no es extraño encontrar restos humanos junto con otras ofrendas cercanas a las edificaciones dedicadas a los dioses o dentro de ellas”.

Complementariamente, la exposición incluye una selección de fotografías históricas, especialmente un conjunto en el que se registra un cuidado relevamiento realizado en 1890 por Francisco del Paso y Troncoso, con su expedición arqueológica en la zona de Cempoala. Las fotos muestran la ciudad tal como quedó después del abandono de sus habitantes. Cempoala fue la ciudad en la que primero irrumpieron los españoles. Allí fue Hernán Cortés. Las tomas muestran varios templos y también se detienen en la zona arqueológica de El Tajín, una antigua ciudad que en la modernidad se volvió un yacimiento arqueológico estudiado durante los últimos 120 años.

En relación con la mirada anacrónica, la directora de Proa, Adriana Rosenberg, dice que “el visitante, con pocos conocimientos sobre arqueología y sobre los complejos períodos históricos, se enfrenta a estos secretos e inicia un intercambio hacia las profundidades de los tiempos y las raíces de la existencia. Sin necesidad de dar respuestas a todas las inquietudes, la belleza por sí misma cautiva: las piezas pasan a formar parte de nuestro mundo y del arte universal”.

La muestra, organizada por la Embajada de México con el auspicio de Tenaris/Techint, sigue hasta el 8 de enero de 2012. En la Fundación Proa, Avenida Pedro de Mendoza 1929, La Boca.

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Tlaloc, 600-900 d.C. Barro/Arcilla. 48 x 26 x 41 cm.
 
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