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Martes, 13 de noviembre de 2012

PLASTICA › DISCURSOS GRáFICOS, EN EL ESPACIO DE ARTE DE LA FUNDACIóN OSDE

Tres décadas que quedaron grabadas

La muestra no sólo destaca aspectos experimentales, políticos y expresivos del grabado argentino de 1960 a 1990, sino que funciona como un panorama de los protagonistas y grupos de la gráfica y rescata a artistas hoy poco difundidos.

 Por Matilde Marín *

En la Argentina los artistas que nos antecedieron y que fueron maestros y protagonistas en las primeras décadas del siglo XX exhibieron un gran compromiso con el medio, con la obra y con la profesión.

Ultimamente se han realizado investigaciones de gran importancia relacionadas con los primeros momentos del grabado argentino del siglo XX, investigaciones profundas que han aportado y ampliado una nueva mirada a esos años. Estos trabajos también han logrado darles visibilidad a artistas que mostraron al grabado como una herramienta eficaz en la difusión de ideas.

La exposición Discursos gráficos busca continuar con estas iniciativas e ir un poco más adelante, explorar los nexos y reubicar a varios artistas que, aunque coexistieron muchas veces con estos precursores, por las características de sus obras podrían integrar un tramo posterior al que pertenecieron los grabadores de la primera parte del siglo XX, ya que se desprendieron de los emprendimientos que situaban al grabado como eje de la acción político-social. Luego se revisa en este trabajo la gravitación de una nueva generación de artistas que se constituyeron en los grupos de gráfica formados entre los años ’70 y fines de los ’80, artistas que no evadieron preocupaciones vigentes en ese período y que reflejaron tanto momentos de cambio social como nuevas opciones artísticas. [...]

En el campo del arte en Buenos Aires, el Instituto Di Tella promueve la investigación y la actualización transformándose en un espacio de experimentación para el arte de vanguardia; en 1967 el Museo Nacional de Bellas Artes organiza una muestra de Grabado Argentino que se interpreta como una apuesta a no marginar la disciplina y, en 1969, el Centro de Arte y Comunicación (CAYC) recibe en sus salas diversas experiencias gráficas.

En el mundo se fija la década de los ’60 como uno de los momentos más movilizadores en relación con el grabado, y en muchos países que ya contaban con un coleccionismo desarrollado se llamó a este período “el renacimiento del grabado”. A partir de esos años, empiezan a observarse ciertos cambios, algunos grabadores comienzan a reflexionar sobre las capacidades creativas de esta disciplina y surgen viajes para concurrir a talleres en el exterior. La posibilidad de participar en bienales o muestras internacionales propicia un nuevo e intenso marco de trabajo para los artistas, junto con un sentimiento de “independencia” que finalmente llegaba al grabado.

Cuatro talleres internacionales influyeron muy directamente en este cambio de óptica del grabado en Latinoamérica y en el mundo occidental.

El legendario Pratt Graphic Arts Center (desactivado actualmente), ubicado en Nueva York, fue un taller que dependía del Pratt Institute pero que trabajó con gran autonomía. Se creó con el objetivo de experimentar con otros materiales. Muchos de ellos surgieron del cruce de nuevos medios usados en distintas disciplinas y permitieron al grabado facilitar procesos tradicionales a partir de novedosos descubrimientos, por ejemplo, el offset, el fotograbado, la serigrafía, los procesos litográficos en placas de zinc, la heliografía y la incorporación de materiales adaptables propios de la pintura, como el gesso y el acrílico, que abrieron la posibilidad de realizar estampas de gran formato, entre otras cosas.

Por las salas del Pratt Graphic Arts Center pasaron los principales artistas de Latinoamérica, de Argentina concurrieron Fernando López Anaya, Liliana Porter y Martha Gavensky.

Liliana Porter describe el momento de la siguiente manera: “Me deslumbraron todos los materiales de los que podía disponer y entonces decidí sacarle provecho al Pratt y aprender acerca de las posibilidades que me ofrecían. Se estaba viviendo un auge del grabado en Nueva York en los ’60. Había unas leyes de impuestos que favorecían económicamente a la gente que editaba grabados, por lo que existían muchos Publishers (editores). Por primera vez en mi vida empecé a vender ediciones completas. Al imprimir con editores la manera de la impresión era mucho más sofisticada, lo técnico era más detallista”.

Hay distintas posiciones respecto de este inmenso e intenso taller de Manhattan dedicado al grabado en esos años. Entre ellas, muchos artistas consideraron que la libertad técnica que circulaba por sus aulas favoreció en esa época el boom del grabado, que se extendió a Latinoamérica, y permitió asociaciones entre editores y artistas. De esta manera se fomentó un enfoque experimental que nunca se había vivido en el grabado, los artistas lo consideraban “La isla del Tercer Mundo en Manhattan”.

En 1965 Luis Camnitzer, Liliana Porter y José Guillermo Castillo fundan el New York Graphic Workshop, un taller destinado a la edición de obra gráfica, y alientan en sus inicios la invención de técnicas experimentales. Este taller contaba con excelente equipamiento y se constituyó en otro lugar donde la producción gráfica logró impulso y muchos artistas como José Luis Cuevas, Marta Minujin, De la Vega y Noé, entre otros, comenzaron a editar sus obras. También la Galería Bonino encargaba ediciones de grabados que regalaba a sus clientes. Posteriormente el New York Graphic Workshop establece una diferencia con el Pratt Center, al cuestionarse el alarde técnico de la época y trabajar a partir de la idea como elemento principal de la obra, sometiendo a ella la técnica.

Otro lugar de itinerancia para los grabadores de los ’60 fue el Atelier 17 de Willian Hayter, en París, considerado uno de los talleres más importantes de la primera década del siglo XX, al imponer un estilo y una técnica que influyeron a muchos artistas en el mundo. El taller original fue creado por Hayter en 1927 y se convirtió, en pocos años, en un punto de gran energía creadora para los artistas europeos. Entre los años ’40 y ’50, el Atelier 17 cierra sus puertas y Hayter se traslada a Nueva York, regresa posteriormente a Francia e inicia en la década del ’50 una segunda etapa con una nueva orientación; en este segundo período recibe un gran número de estudiantes provenientes de Latinoamérica y Asia. Su libro About Print ha servido como difusor de sus ideas, basadas en alentar las experiencias en el grabado. Como expresó Graham Reynolds, para Hayter “el grabado fue un instrumento esencial de búsqueda, así como para los artistas que frecuentaron su taller”.

Los artistas argentinos que trabajaron y experimentaron en esos años en el Atelier 17 fueron Fernando López Anaya, Alfredo De Vincenzo, Alda Armagni y Ana María Moncalvo, entre otros.

El último taller formador que en los años ’60 recibió artistas de Europa y Latinoamérica fue el del artista de origen alemán Johnny Friedlander, que se había trasladado a París por motivos políticos. Luego de trabajar con la pintura y ensayar con otras disciplinas, montó su taller de grabado y se convirtió en uno de los maestros europeos más prestigiosos en esta área. Alfredo De Vincenzo concurrió una temporada a este estudio y la grabadora argentina de origen armenio Reina Koschasian cumplió una larga estadía en este taller.

Como vemos, en estos años y en estos espacios de producción gráfica algunos artistas argentinos conocieron y encontraron contextos significativos para luego regresar a su país y redefinir sus parámetros. Otros artistas eligieron el camino individual y utilizaron el grabado como medio para expresar ideas que a veces fueron compartidas con otras prácticas. Tal es el caso de Antonio Berni, Luis Seoane, Antonio Seguí y Edgardo Vigo. (Discursos gráficos, en el Espacio de Arte de la Fundación Osde, Suipacha 658, hasta el 19 de enero. Entrada gratuita.)

* Artista visual. Curadora de la exposición.Fragmento del texto del catálogo.

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Lo absoluto y el concepto, 1988-2012, instalación gráfica de Rodolfo Agüero.
 
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