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Martes, 3 de febrero de 2015

PLASTICA › CAI GUO-QIANG EN LA FUNDACIóN PROA

Contemplativo y explosivo

Nacido en Quanzhou (China) y residente en Nueva York, Cai es un artista visual que trabaja con pólvora, fuego y pirotecnia. Fue el realizador de de la apertura y el cierre con fuegos artificiales de los Juegos Olímpicos de Beijing 2008.

 Por Fabián Lebenglik

Podría decirse que la marca de la obra de Cai Guo-Qiang es la fugacidad. No sólo por la evidencia de que parte de su trabajo está dedicado a la pirotecnia sino porque sus obras de pólvora sobre papel y tela toman como punto de partida rápidos dibujos gestuales que luego quedan marcados a fuego.

El papel y la pólvora son inventos chinos. De modo que el artista, desde el punto de vista de la materialidad, se remite a la tradición de su propio origen, que luego combina con la naturaleza y la cultura de, por ejemplo, la Argentina. Aunque podría pensarse también que la materialidad de la que hablamos, tanto por lo liviano del papel como por la volatilidad de la pólvora, está al borde de la inmaterialidad.

El artista nació en Quanzhou, China, en 1957, se traslada a Japón a los 19 años y una década después se muda a Nueva York, ciudad donde vive hace veinte años. En su trayectoria se destaca que estuvo a cargo de los fuegos de apertura y cierre de los Juegos Olímpicos de Beijing 2008.

La muestra que presenta en la Fundación Proa hasta mediados de marzo lleva por título Impromptu (en referencia a una pieza musical improvisada) y se trata de una exposición concebida luego de dos viajes informativos y exploratorios por la Argentina.

La exhibición se compone de tres grandes obras murales sobre papel, una serie de obras sobre tela, una “enredadera” de flores y hojas de cerámica (que cuelga del techo, atraviesa verticalmente el espacio del restaurant y la librería), una instalación (La vida es una milonga) de figuritas de cerámica (bailando el tango) y bancos colocados de manera invertida contra el cielorraso; una serie de bocetos preparatorios, videos de varios espectáculos pirotécnicos y un espectáculo de fuegos artificiales que tuvo lugar el 24 de enero a la noche, sobre el Riachuelo, y que atrajo a una multitud.

Proa convidó a un grupo de invitados (entre los que se incluye quien firma estas líneas) para ver desde el observatorio privilegiado de la terraza de la Fundación la deslumbrante sincronía de fuegos y tango (con música y bailarines en vivo, más algunas canciones grabadas) que Cai Guo-Qiang preparó con una programación pirotécnica high tech que se extendió a lo largo de una hora y media, hace dos sábados.

Las obras expuestas, creadas aquí especialmente para esta muestra, fueron realizadas con la asistencia de grupos de estudiantes de la Universidad Nacional de la Artes (UNA) y del Instituto Municipal de Cerámica de Avellaneda, durante una semana. El proceso, interesante y azaroso, está documentado en un video de 14 minutos que también está expuesto.

Los tres dibujos murales, enormes paisajes hechos con pólvora sobre papel, son el resultado de las visitas que el artista hizo a Salta y Misiones.

Para estas obras de mayor despliegue, el procedimiento fue el siguiente: el artista colocó grandes papeles extendidos en el piso, y sobre ellos apoyó cartulinas hasta cubrir por completo los papeles. Luego dibujó paisajes sintéticos sobre las cartulinas, siguiendo las fotos que tenía a la vista. Sus colaboradores cortaron, y recortaron las cartulinas con los dibujos (sin tocar los papeles que estaban debajo), de modo que lo que quedó fue una suerte de enorme esténcil que fue luego rociado con pólvora y encendido.

Algunas de las notas que Cai escribió para la exposición muestran la relación con el entorno y su modo de utilizar el fuego: “En mi primera visita al lugar pensé en colgar una enredadera de flores en el espacio que está encima de la librería. Imaginé las flores y las hojas de la enredadera esculpidas en arcilla, y ya que las flores crecen en el suelo, podían estar hechas de un material terroso como la arcilla, que luego sería quemada para convertirse en cerámica de terracota. Tras haber quemado la pólvora sobre las flores y las hojas, la totalidad de la enredadera parece uno de mis dibujos de pólvora, pero en tres dimensiones, y dialoga con las otras obras de pólvora”.

En el caso de las obras de pólvora sobre papel, anota: “El colosal tamaño de los dibujos los convierte en obras espaciales, lo que permite que los espectadores entren en la escena del dibujo. El contenido de cada dibujo y la relación entre ellos reflejan las experiencias que tuve al explorar los paisajes de la Argentina, al sentir con mi cuerpo la tierra de este país, y al dar un paseo por los paisajes geográficos y culturales de la Argentina. Cuando hice los dibujos, usé mi cuerpo para volver a experimentar de nuevo los paisajes: las sierras de Cachi, con su niebla que va y viene a perpetuidad, y sus cactus pinchudos que absorben la humedad de la niebla; las inacabables Cataratas del Iguazú, sin principio ni fin; y el cementerio donde los eternos ‘residentes’ dormitan en paz sobre la remota meseta de Cachi. Allí conocí a una familia y los ayudé a repintar la tumba de sus padres con unos brochazos de pintura fresca”.

Cai Guo-Qiang conforma una factoría artística que, a partir de sus ideas y gestos y de ponerles el cuerpo a las obras, activa a su alrededor un colectivo de colaboradores que, siguiendo sus instrucciones, recorren el itinerario que va de la idea a la realización.

La condición explosiva de la obra de CGQ genera a priori un interés que es anterior (desde el punto de vista de la percepción) a la mirada artística. Se trata de una obra que apela a la curiosidad natural por el fuego, las explosiones, el humo, el olfato, los colores, las texturas. Es una obra que tiene notorias cualidades artísticas, pero fundamentalmente cualidades pre-artísticas. Algo así como el grado cero del arte, que apunta a lo sensorial y a la fisiología de los sentidos.

(Cai Guo-Qiang, Impromptu. En la Fundación Proa, Pedro de Mendoza 1929, hasta mediados de marzo.)

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Dibujos de pólvora sobre papel en gran formato de Cai Guo-Qiang, en la Fundación Proa.
 
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