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Martes, 3 de octubre de 2006

PLASTICA › LA PUBLICACION DEL LIBRO SOBRE EL “PROYECTO ANTARTIDA” DE ANDREA JUAN

Colores y sonido sobre la Antártida

Gracias a la obtención de la Beca Guggenheim, la artista acaba de editar un bello libro donde registra su Proyecto Antártida, una experiencia visual y sonora en condiciones extremas, que al mismo tiempo funciona como llamado de atención sobre el cambio climático y el calentamiento global.

 Por Andrea Juan *

Partimos desde la I Brigada Aérea de El Palomar con destino a Antártida. El Hércules mantiene todo su aspecto de avión militar de transporte de carga y pasajeros, con algunos ojos de buey como ventanas y asientos plegables de campaña. Se encendieron los ensordecedores motores y así continuaron las cinco horas de vuelo hasta Río Gallegos, provincia de Santa Cruz. Allí transbordamos a otro Hércules para arribar a Marambio, Antártida. Estaba muy entusiasmada y ansiosa.

Marambio es una base de la Fuerza Aérea argentina con capacidad logística para el apoyo de actividades de investigación, donde, además de la dotación, se alojan provisoriamente los científicos que poblarán y armarán los distintos campamentos.

En Marambio hay mucho movimiento. Los helicópteros preparan los viajes que realizarán para abastecer de víveres y carga para la conformación de los campamentos que se disponen en diferentes latitudes de acuerdo a los proyectos presentados por los científicos.

La luz es muy fuerte, el sol es intenso y el aire se siente límpido y fresco. La temperatura en el interior de la base es de 20 grados y en el exterior de -6. Los vientos, promedio, soplan a 130 km por hora, el clima es muy cambiante, por lo que hay que realizar los vuelos cuando las condiciones son propicias. No hay reloj, la meteorología determina los tiempos. Tampoco hay dinero, ni moneda, ni negocios, ni despensas.

El agua potable se obtiene por deshielo, con ayuda de una laguna artificial, no hay agua corriente. Hay mar...

El suelo está formado por roca sedimentaria, poblado de fósiles marinos, con chillas y troncos de árboles fosilizados, que recuerdan lo tropical que fue en la época que corresponde a Gondwana, cuando el continente africano se unía al americano en el Mesozoico.

... Estoy ahora esperando una nevada para poder llevar a cabo la primera proyección de video sobre el blanco de la nieve. A causa de los cambios climáticos, la temperatura de la península se está elevando lentamente. Los glaciares se resquebrajan y se precipitan al mar, derritiéndose e incrementando el nivel del agua. Hoy hizo 17 grados y parece que no va a nevar.

El tiempo está cambiando, el cielo se agrisó. Hay teléfono y conexión a Internet, la comunicación con el resto del mundo es fluida y actualizada, salvo cuando se avecina una tormenta, por lo que hay que desactivar la antena como precaución para evitar quedar indefinidamente incomunicados. Tuvimos varias tormentas, los vientos ascienden a 180 km por hora y el cielo se pone gris brillante. Las luces son extrañas. Después de los remolinos, ¡finalmente nevó! Al cabo de dos días sin poder salir al exterior, el clima cambió. Se despejó el cielo y una vastedad blanca cubrió todo el entorno de la base.

Hicimos la primera proyección de video sobre la superficie nevada. Coloqué los equipos de sonido y el cañón en la plataforma del helipuerto que, a manera de escenario suspendido sobre pilotes, se encuentra a varios metros del suelo. Esperamos hasta la medianoche para que la oscuridad fuese profunda (mediados de febrero) y comenzamos la proyección con la participación y asistencia de científicos, periodistas y militares de la dotación de Marambio. La música vibraba en nuestros cuerpos cubiertos de ropas de abrigo, solamente se veían los ojos conmovidos por las imágenes que se movían entre los hielos y la nieve. Proyecté los dos videos. Realizada la primera proyección que había editado y producido en Buenos Aires, estaba lista para partir junto con mi asistente y performer Silvana Fontana hacia la base Esperanza, al norte de la Península Antártica. El traslado tardó unos días en llevarse a cabo. El Twin Otter, avión de la Fuerza Aérea en el que haríamos el corto viaje, estaba imposibilitado de anevizar sobre el glaciar de la base Esperanza debido a las altas temperaturas que producen el derretimiento de su superficie, generando grietas y chorrillos. El sol sigue fuerte y la temperatura alta. Conseguimos salir de Marambio con la ayuda del grupo de helicópteros. Sobrevolamos 20 minutos sobre la península y los restos de hielo que quedan de la Barrera de Larsen. Finalmente llegamos a Esperanza. En esta base vive durante un año la dotación conformada no sólo por militares, sino también por sus familias, que habitan en diferentes casas, formando una pequeña e idílica comunidad. También hay casas para los científicos y maestros.

La base esta asentada en una bahía, rodeada por dos glaciares. Un entorno perfecto. Hay escuela y museo. Los chicos juegan con muñecos de nieve y trineos. Todos trabajan y los chicos estudian.

Nuevamente estamos esperando una nevada...

Pleno sol, los pingüinos emigran al Norte, como todos los años, pero últimamente se quedan sin alimento antes de tiempo debido a los cambios de temperatura en el medio.

Otra nueva nevada ayudó al trabajo. Con la asistencia de la dotación y un transporte oruga, subimos al glaciar, donde realizamos la performance Red, que fue capturada en video y fotografía. La idea de la acción era desplegar 50 metros de tul rojo sobre la superficie del glaciar. Esta acción fue realizada con Silvana vestida de rojo, desplegando el material sobre la nieve: herida, sangre, calor, dolor, la esencia de lo humano en contraste con el helado escenario.

La ladera del glaciar, de 120 metros de altura, contaba con un blanco perfecto para la segunda proyección de video. La noche se va cerrando más temprano hacia fines de febrero y esta videoinstalación se programó para las diez de la noche. La comunidad se desplazó en la oscuridad con linternas hacia la base del glaciar (a 2000 metros aproximadamente), grabando con sus pisadas una especie de camino en la nieve, revelado a la luz de la mañana siguiente. La imagen proyectada midió 100 metros de lado por 60 metros aproximadamente de ancho. Todos comenzaron a subir el glaciar en medio de los haces de luz y del sonido, se veían muy pequeños en la cima, después de zigzaguear entre la nieve, sacarse fotos, jugar y correr esquivando colores, comenzaron a descender. Todos formaron parte de la videoinstalación proyectándose en sus ropas naranjas los mismos girasoles y fuego que en el blanco del hielo. La música se sentía fuerte como también los colores saturados de las imágenes. Estaba nevando y no había viento, era una noche fantástica.

En los días siguientes nos quedaba tomar imágenes de los glaciares en su proceso de derretimiento y nos internamos entre la costa y el glaciar, encontrándonos con las sorprendentes estalactitas.

Al finalizar, zarpamos en el imponente rompehielos Almirante Irízar de regreso a Base Marambio, previa estadía en Base Júbany. La travesía de cuatro días en el buque fue impresionante. Témpanos en todos sus tamaños y formas se cruzaban, algunos con habitantes en su superficie, como islotes veraniegos. Atardeceres plomizos y noches luminosas con el mar de Weddell habitado todo por esculturas de hielo...

En enero del 2006 regresé a la Península Antártica para realizar la performance Metano, que se desarrolló entre días de sol intenso y otros de niebla y ventisca.

* Artista plástica. Texto que integra el libro recientemente publicado. El Proyecto Antártida contó con el apoyo de la Dirección Nacional del Antártico, el Fondo Nacional de las Artes, el Programa Antártico Argentino y la John Simon Guggenheim Memorial Foundation.

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Carpa iglú, 2005, fotografía de Andrea Juan; 100 x 133 cm.
 
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