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Miércoles, 15 de abril de 2009

DISCOS › DE OTRA MANERA, DE NORBERTO MINICHILO

Un acto de justicia artística

El músico grabó este CD en marzo de 2006, pero murió antes de verlo publicado. La flamante edición póstuma permite disfrutar de un artista en proceso de búsqueda permanente, con una mirada siempre imprevisible sobre el folklore, el tango y el jazz.

 Por Cristian Vitale

Le decían Momo, pero Esponja no le hubiese quedado tan mal. Norberto Minichilo (1940-2006) era un músico radical cuya capacidad de absorción no reconocía límites: oía, absorbía y, cuando retorcía, fluía –sucia o limpia– una música casi única. Suya. Tómese, por muestra, Tierra Improvisada (1997), disco debut de El Terceto, donde “Malena” y “Garúa” comparten un mismo cosmos con “Well you needn’t”, de Monk, y “La pomeña”. O Menos es Más (1999), un compendio arriesgado y libertario de tango, folklore y jazz que, pasado por su matriz, funciona como un solo género. Minichilo se murió buscando, tozudo, con sus propias herramientas: una batería, a veces el piano –su instrumento primigenio–, la marimba y una voz áspera, arenosa, inimitable; ensamblados entre sí, daban su sino estético. Pueden verse aquellos dos discos del trío como el cenit (flor de compañeros había tenido en Hernán Ríos y Pablo Tozzi) o esas experimentaciones en solitario que podía entregar en bandeja a otros (Desarticulaciones, 2006), meterse en el cubo mágico de la improvisación (Baires Blue, 1999) o encarar, con maestría y riesgo, su propia visión de las cosas musicales. De otra manera.

Así le puso al disco que, finalmente, terminó siendo póstumo. Lo había grabado en marzo de 2006 en toma directa y sin sobregrabaciones. La idea era editarlo en 2007, pero ocurrió el infarto. El atraso fue breve. Alicia, hermana y admiradora número uno, puso las cosas en su lugar y el disco salió finalmente por Acqua Récords. Justicia. De otra manera muestra a un Minichilo maduro pero audaz. Siempre en búsqueda. Capaz de estremecer al hombre de hielo con el fraseo pasional de su voz y el sonar elemental de una marimba a través de una pieza propia –“La fallada”–, o dejar volar al piano a través de una balada también de pluma personal: “A veces”. Abierto como para permitirse incorporar al aguardentoso aire de baguala “Agua y arena”, un fragmento de “Canción para mi América” (Viglietti); o evocar la esencia jazzera de su formación primera –y cristalina– mediante un homenaje personal: “Una para Luis”.

De otra manera implica y muestra, además, un esquema de experiencias con destino inconfundible de identidad: Minichilo y el mundo de otros visto por él. Suma y síntesis. Free folklore –que para nada significa neofolklore o folklore de avanzada– que se cuela por una despojada visita a “Grito santiagueño” de Raúl Carnota, u otra –swing percusivo– de la tristísima “Cuando muere el angelito”, de Inchausti y Ferreira. También tango: “Tinta roja”, de Piana y Castillo, que navega por aguas turbulentas transformado en una improvisación con tambores antiortodoxia, y “Fangal”, del gran Discépolo, dividida en dos: una instrumental y otra con piano y voz. Imprevisible, Minichilo murió yendo a más. Proyectando, como escribe de puño y letra en la lámina interna del compacto, llegar a los sellos más importantes de Estados Unidos y Europa. ¿Por qué no?

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El álbum lo muestra a Minichilo maduro pero audaz.
 
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