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Miércoles, 4 de julio de 2007

DISCOS › LO MEJOR DE LA PRODUCCION DE ASTOR PIAZZOLLA, A QUINCE AÑOS DE SU MUERTE

Tango para una ciudad que lo extraña

La relación del bandoneonista con la industria discográfica fue caótica en vida y no dejó de serlo después. Algunas reediciones notables, sin embargo, han puesto algo de orden y permiten recorrer casi todos los estilos y formaciones de su carrera.

 Por Diego Fischerman

A quince años de su muerte, la discografía de Astor Piazzolla es un poco menos caótica de lo que fue en vida del bandoneonista. Sigue habiendo hijos buenos y bastardos; continúa la confusión entre CD con el mismo título y contenidos diferentes, entre álbumes con nombre distinto y contenido exactamente igual y, por supuesto, algunos agujeros de importancia que, en algunos casos, son tapados por ediciones piratas y, en otros, por nada. Pero, en el otro extremo, algunas reediciones largamente postergadas, como la de su fundamental Concierto de tango en el Philharmonic Hall de Nueva New York y sus volúmenes de Historia del tango, publicados en su momento por Polydor y actualmente por Universal, o de su obra completa para CBS Columbia y para RCA Victor, editada por Sony BMG, han mejorado significativamente el panorama general.

En la actualidad, todos los períodos de la producción de Piazzolla y la mayoría de las formaciones con las que trabajó están presentes en la discografía aunque, en algunos casos, de las maneras más extrañas. Su Tango en Hi-Fi, por ejemplo, donde estaba el impactante “Tres minutos con la realidad”, es un disco que inaugura la actividad de Piazzolla como líder de grupo (un poco a la manera del jazz) en lugar de director de orquesta típica. Allí, como en las grabaciones realizadas en 1955 en París, el bandoneón está en papel concertante, frente a una orquesta de cuerdas y un piano. Ese disco incluía cuatro temas del propio Piazzolla – además de “Tres minutos...”, “Melancólico Buenos Aires”, “Tango del ángel” y “Prepárense”– junto a “Loca Bohemia”, “Siempre París”, “La Cumparsita”, “Fuimos” (cantado por Jorge Sobral), “Del bajo fondo” e “Inspiración”. Pero esa edición fundante hoy no existe. Es decir, no existe con ese título ni con ninguno que se le parezca –el original había sido publicado por Music Hall, un sello cuyo catálogo hoy está en litigio–-. En cambio, un sospechoso disco de un sello inexistente, bautizado Inspiración, contiene exactamente la misma lista de temas. La solución es fácil: se trata de un disco pirata. Pero no hay que dejarlo pasar. A falta de una edición mejor, allí está ese disco tal cual Piazzolla lo grabó en 1957 –salvo la tapa y el título, claro–, con Elvino Vardaro como primer violín, José Bragato en el cello solista y Jaime Gosis deslumbrante en el piano.

Tanto las grabaciones con la orquesta de 1946 a 1948 como su emblemático Tango moderno, del octeto que mantuvo entre 1955 y 1958, se consiguen en buenas ediciones realizadas por Página/12, igual que el posterior El tango, con textos de Jorge Luis Borges y la voz de Edmundo Rivero. Y el doble CD publicado por el sello Lantower, en la serie Maestros del tango, incluye además de grabaciones con la orquesta del ’46, temas por la orquesta de cuerdas de 1950 y las grabaciones parisinas de 1955 (donde aparece la primera versión de “Nonino”). Como complemento, para escuchar hasta dónde llegó la importancia de Pia-zzolla dentro del tango, se recomienda escuchar las versiones de Troilo de “Prepárense” y “Triunfal”, el extraordinario arreglo de Piazzolla de “Responso” (incluido dentro del Archivo TK, publicado por Eurorecords) y las grabaciones de la orquesta de Francini y Pontier en los ’50, con una versión fantástica de “Contratiempo”. Del segundo Pia-zzolla, el que a partir de su viaje a Francia en 1954, a los 33 años y siendo ya un compositor y orquestador consolidado dentro del tango, decidió comenzar de nuevo, tal vez el capítulo más importante haya sido el del quinteto que creó en 1960 y que, con alguna intermitencia y algunos cambios de integrantes, se mantuvo hasta 1970. Los primeros registros fueron realizados en enero de 1961 y formaron parte del disco Piazzolla interpreta a Piazzolla. Allí, con una formación que incluye a Szymsia Bajour en violín, Jaime Gosis en piano, Horacio Malvicino en guitarra eléctrica y Kicho Díaz en contrabajo, aparecen muchos de los rasgos que serían característicos de mucha de la producción de Piazzolla en el futuro. “Calambre”, por ejemplo, introduce por primera vez, como procedimiento, el fugato –que se haría célebre en “Fuga y misterio”–. Y junto al puglieseano “Nonino” aparece, por primera vez, “Adiós Nonino”. Lo interesante es que en esa versión primigenia es notable un cierto concepto narrativo. A ese tema “ayumbado”, el de Nonino, se le opone el otro, lírico, que representa a la muerte –literalmente, el “adiós”–. Pero el tema se estructura como una especie de duelo entre ambos temas, donde el de Nonino persiste como gesto en el acompañamiento del otro, en la primera vez, y se va debilitando en cada repetición hasta que, en la última recapitulación, ya muy ralentada, desaparece por completo.

Del fecundo período siguiente resultan imprescindibles Nuestro Tiempo y Tango para una ciudad, ambos de 1962 y ya con Antonio Agri en el violín (los otros cambios son Osvaldo Manzi en el piano y Oscar López Ruiz en la guitarra eléctrica). Ambos discos muestran la cara más modernista de Piazzolla y, tal vez, la más cercana al gesto del jazz, con sus acentuaciones permanentemente en el aire y ese sonido del violín tan cercano, por momentos, al de Stéphane Grappeli. El Concierto de tango en el Philharmonic Hall de New York, que ni fue un concierto ni se grabó en Nueva York –el estudio se montó en el Auditorio del Colegio Pestalozzi, en Belgrano R–, es una verdadera culminación. Nuevamente con Gosis en el piano, allí está la fantástica serie del diablo y, por primera vez, uno de los temas más geniales del bandoneonista, “Milonga del ángel”.

Los años siguientes fueron, para Piazzolla, de dudas e indefiniciones marcadas, también, por la separación de quien había sido su esposa, Dedé Wolff. Después de grabar sus relecturas de tangos clásicos, del proyecto junto a Borges y de algunos pocos temas nuevos –“Retrato de Alfredo Gobbi” y “Verano porteño” entre ellos– llegó la aventura de María de Buenos Aires y de las canciones junto a Horacio Ferrer. Pero, entretanto, hubo un fenomenal canto del cisne. Su disco Adiós Nonino, editado por Trova en 1969, y los dos álbumes del año siguiente: En vivo en el Teatro Regina y Concierto para quinteto. En 1972 y 1973 llegarían los dos volúmenes de Música popular Contemporánea de la Ciudad de Buenos Aires, con el excelente Conjunto 9. A partir de 1974 Piazzolla comenzó a grabar en Italia y con sesionistas, formando fugazmente un octeto con músicos argentinos –que tuvo, en realidad, dos formaciones– que le permitiera realizar esos arreglos en vivo. De ese período, que paradójicamente fue el primero que lo convirtió en verdaderamente exitoso –por lo menos en Europa– no queda demasiado por rescatarse, salvo, desde ya, la maravillosa Suite troileana que grabó en 1975.

Cuatro años después, Piazzolla retomó la formación del quinteto, esta vez con Fernando Suárez Paz en violín, Pablo Ziegler en piano, Héctor Console en contrabajo y Oscar López Ruiz –luego reemplazado por Malvicino– en la guitarra eléctrica. Entre los discos de estudio, Tango: Zero Hour, grabado en Estados Unidos en 1986, es uno de los más contundentes, con una magnífica versión de la “Milonga del ángel” y una arrolladora interpretación de “Tanguedia”, el mismo tema que, con el nombre de “Los lagartos”, había dedicado a Alfredo Astiz en sus conciertos en el Regina de mayo de 1982, en plena guerra de las Malvinas, y que luego se convirtió en banda de sonido del film El exilio de Gardel, de Pino Solanas. La grabación del concierto de febrero de 1984, en el Teatro Roxy de Mar del Plata es, por otra parte, una de las mejores muestras posibles de cómo ese quinteto sonaba en vivo. El disco, un álbum doble editado por Milán Sur y distribuido por Warner, tiene un sonido de gran fidelidad y un sólo problema: se llama Libertango, igual que el disco italiano de 1974. Por lo tanto, se recomienda leer la lista de temas; en éste, el primer tema del CD 1 es “Verano porteño” y el último del CD 2 es una inolvidable versión de “Chin Chin”, con un gran solo de Ziegler. Del sexteto que Piazzolla formó en 1989 –con Gerardo Gandini como pianista, Daniel Binelli como segundo bandoneonista y José Bragato en el cello–, el registro en vivo en la BBC, incluido en Luna (EMI), es superlativo.

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Astor Piazzolla fue uno de los principales músicos de tradición popular del siglo XX.
 
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