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Sábado, 14 de junio de 2008

TELEVISION › VUELVEN LOS EPISODIOS DE ALFRED HITCHCOCK PRESENTA

De lo extraño a lo macabro

El cineasta sembró los livings del mundo entero de crímenes, cadáveres y otras irresistibles atrocidades, entregadas en blanco y negro, en historias de media hora que se reponen los fines de semana en dosis concentradas por TCM.

 Por Horacio Bernades

“La televisión devolvió el asesinato a los hogares, que es donde pertenece.” Fiel a esa divisa que, por el modo en que asocia lo siniestro a lo familiar, se diría casi freudiana, durante siete años Alfred Hitchcock sembró los livings del mundo entero de crímenes, cadáveres y otras irresistibles atrocidades, entregadas en blanco y negro y rigurosas dosis semanales desde la pantallita del Zenith, el Admiral o el Dumont. Ahora, medio siglo más tarde y habituados a toda clase de asesinatos perpetrados en (más frecuentemente por) la tele, es tiempo de volver a disfrutar de aquellas herejías, que comparadas con las de hoy suenan todavía más audaces, inteligentes y sofisticadas de lo que alguna vez fueron. Desde comienzos de junio y hasta fines de octubre, el canal TCM (37 en la sintonía de Cablevisión y Multicanal, 505 en la de DirecTV) viene emitiendo, todos los fines de semana, los 78 episodios de media hora que componen las dos primeras temporadas de Alfred Hitchcock presenta.

Producidos, presentados y en ocasiones dirigidos por el propio Hitchcock, los 350 episodios de Alfred Hitchcock presenta forman parte, junto con Dimensión desconocida, Rumbo a lo desconocido, Los intocables y la única temporada de Johnny Staccato, del cuadro de honor de la TV en blanco y negro. Lo macabro, lo extraño, la fábula moral, el humor negro y lo perverso fueron la materia que Sir Alfred solicitó de sus guionistas, entre ellos gente como Ray Bradbury, Roald Dahl y Cornell Woolrich. De esa masilla están hechos no sólo los episodios de alrededor de 20 minutos de duración (recién en la última temporada se extendieron a una hora de televisión), sino para sus célebres presentaciones de apertura y cierre, en la que El Hombre Que Sabía Demasiado daba una verdadera lección, tamaño cápsula, del arte sajón que se conoce como stand up comedy. En apenas un par de minutos, un Hitchcock que aparecía primero asiluetado y luego tomaba cuerpo, entregaba un concentrado de genio cómico-cáustico, negro y a la inglesa, siempre en relación con el asunto desarrollado en el episodio del día, para rematarlo con un último punchline, antes de la despedida.

“Yo seré el presentador de esta serie, que se llama, por extraño que parezca, Alfred Hitchcock presenta”, chanceó Mr. H. de entrada el 2 de octubre de 1955, noche del estreno. “Les diré el nombre del episodio a aquellos que no sepan leer, y les explicaré el final a quienes no lo hayan entendido”, agregó enseguida, dando a pensar que tal vez para él el espectador televisivo medio no llegara a la altura del ganado con el que alguna vez comparó a los actores. Las bromas pesadas no estaban destinadas sólo al querido televidente o los anunciantes (a los que, en lugar de sobar y adular, el atrevido Hitchcock convertía en el malo de la emisión) sino que ni siquiera el propio H se salvaba de su propio veneno. En una de las presentaciones se le cae encima un enorme tacho de luz, Hitch observa los rostros torvos de cameramen, eléctricos y otros técnicos y colige que no se trató de un accidente. En otras de sus introducciones, el hombre da clases de envenenamiento, cuenta alguna anécdota macabra, hace chistes subidos de tono (oscuro) o prepara una próxima estrangulación.

Siguiendo la lógica de los cuentos, los episodios solían presentar hacia las dos terceras partes de su recorrido una vuelta de tuerca, encaminándose a un final-sorpresa, un remate inesperado o una derivación paradójica. Es lo que sucede en Salvage, que TCM emitirá mañana a las 4.30 de la mañana (preparen las grabadoras). Allí, un ex presidiario, resuelto a ejecutar a la mujer que vendió a su hermano, se encuentra con que un boleto al otro mundo es justamente lo que aquélla parecería estar deseando. Y duda. En Our Cook’s a Treasure (mañana a las 15.30), un hombre sufre una severa indigestión, decide investigar a su nueva cocinera y encuentra, en el diario, una noticia que informa sobre cierta ama de casa que envenenó a todos sus contratantes. En ocasiones, lo inexplicable se instala mucho más tempranamente, como en Into Thin Air (hoy a las 15.30), donde una chica de vacaciones (Patricia Hitchcock, hija de Sir Alfred) vuelve un día al hotel y encuentra que nadie la conoce, su firma desapareció del libro de registro, otro pasajero ocupa su habitación, y, lo que es peor, su madre desapareció. Parecida crisis de identidad vive el protagonista de The Case of Mr. Pelham (sábado 21 a las 15.30), que un día llega a su casa y se encuentra consigo mismo. Aunque no era lo más habitual, ciertos realizadores como Ida Lupino o Robert Altman dirigieron algunos episodios. La mala noticia es que la serie no se emite subtitulada, sino doblada. Lo cual es un crimen, sin duda.

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