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Miércoles, 16 de enero de 2008

TELEVISION › “BELLA Y BESTIA”, LA TIRA DIARIA DE TELEFE

A contramano de las sitcom

Pensado no sólo como programa sino como producto a explotar, el ciclo hace uso y abuso de las fórmulas infanto-juveniles.

 Por Emanuel Respighi

En el caótico mundo de Bella y Bestia, la nueva creación de Cris Morena para Telefé (lunes a viernes a las 21), no existe lugar para la novedad ni mucho menos para el riesgo. Reconocible criatura de la factoría Cris, en coproducción con RGB Entertainment, el flamante programa que oscila entre la sitcom y la comedia romántica para toda la familia repite algo más que la fórmula de opuestos que se atraen de su antecesora Amor mío (2005). En realidad, las reincidencias son muchas más: la pareja protagónica (Romina Yan y Damián de Santo), los perfiles de personalidad (sólo que aquí invertidos: ella es la prolija y ordenada, y él el despreocupado y desestructurado), la convivencia (en el primer capítulo ya se derribó la medianera) y el griterío como la única receta para remarcar que ellos se llevan mal, muy mal. Un programa que tranquilamente podría tratarse de la segunda parte de Amor mío, sólo que años después, ya viudos y con hijos. Cambiar algo para que nada cambie.

Atada al éxito de Amor mío, que no sólo tuvo buena audiencia en Argentina sino que además fue vendida a varios países del exterior para su emisión original o versiones locales, B&B parece tratarse más de un producto que de un programa de TV. La grabación del disco antes de haberse estrenado el ciclo es el más claro ejemplo de que la explotación de los negocios colaterales (teatro, merchandising, CD) pasó a ocupar en este tipo de programas un lugar tanto o más importante que la conformación de un guión consistente y la construcción de personajes con cierta profundidad. Es que tanto las situaciones como los personajes de B&B no dejan espacio para las sutilezas ni los matices, en su objetivo de atraer a un público universal. En tal sentido, no deja de sorprender que los pasos de comedia parecen descansar más en el histrionismo de los actores que en la gracia de las situaciones, casi a contramano del funcionamiento del humor en la sitcom estadounidense, de las que hereda el ritmo y la prolija producción. Otorgándole al azar el absoluto poder de digitar los destinos de la vida, B&B cuenta la historia de dos opuestos parecidos: Bella (Yan) es una viuda que carga con tres hijos varones a cuestas; Benny (De Santo) también es viudo, pero en su caso son sus tres hijas las que cargan con él. Bella es bailarina clásica y desea que sus hijos formen parte de una orquesta de música del género; Benny siente el rock en las venas y sus tres hijas tratan de domarlo. De vidas a priori incompatibles, el destino –siempre el destino– los cruzó en un accidente y la casualidad hizo que ambos vivieran medianera (agujereada) de por medio. La historia de B&B avanzará entre los encuentros y desencuentros que invariablemente acercarán y distanciarán a los personajes de Bella y Benny hasta el momento en que el amor se imponga. Al fin de cuentas, en el mundo de Cris el amor siempre es más fuerte.

Suerte de condensación de la comedia exagerada, todo en el programa se sitúa por sobre lo aconsejable para el disfrute del televidente: los gritos, los accidentes, los efectos especiales, los opuestos... Como si en B&B la necesidad de agregarle novedades a la reconocida fórmula que erigió a Cris Morena en la productora más destacada en televisión infanto-juvenil del país fuera confundida por los autores (Solange Keoleyan y Lily Ann Martin) por un aumento en las dosis de viejos vicios. Una exageración que, sin embargo, no deja de ser empalagosa a los ojos y oídos de los televidentes.

Aun contando con una estética moderna y una producción que no escatima en efectos especiales (desde choques de autos hasta explosiones bien logradas), B&B cuenta, además, con una extraña grieta en el lenguaje utilizado que, por momentos, entra en contradicción con el público infanto-juvenil o familiar al que apunta. No deja de sorprender que en esa exageración de situaciones y gritos, el programa se valga del (ab)uso de malas palabras de parte de los protagonistas, a la vez que se intercalan con situaciones con algún grado de violencia y escenas subidas de tono para el horario en que se emite un programa al que se le ven demasiado los hilos del negocio.

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B&B se apoya más en el histrionismo de Romina Yan y Damián de Santo que en la efectividad del guión.
 
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