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Sábado, 20 de junio de 2009

VIDEO › UN PAPá MUY PODEROSO, CON KEVIN COSTNER

Los votos se cuentan de a uno

Considerada por The New York Times como “una de las comedias más sorprendentes y políticamente sugestivas del año”, Swing Vote satiriza una situación muy similar a la del polémico escrutinio que en el 2000 permitió el ascenso de George W. Bush.

 Por Horacio Bernades

Swing vote es el término con que en inglés se designa el voto indeciso, y ése es también el título original de una película en la que “un solo ciudadano va a decidir el destino del mundo libre”, como proclama un hiperbólico anchorman, con esa capacidad de identificación entre su país y el mundo, tan propia de la cultura estadounidense. Por un artilugio de la trama, la premisa de Swing Vote es que un tipo cualquiera de un pueblito cualquiera será quien defina si el próximo presidente de los Estados Unidos es un republicano o un demócrata. El tipo es Kevin Costner, y en su país Swing Vote se estrenó, como es lógico, en plena campaña presidencial 2008. Aquí también sale en plena campaña, aunque el título de lanzamiento revela que se la quiso dirigir más a la familia que al ámbito de la política. Un papá muy poderoso es el título con que Gativideo acaba de editar en DVD la película a la que The New York Times definió, en agosto pasado, como “una de las más sorprendentes y políticamente sugestivas del año”.

A Un papá muy poderoso podría calificársela de “comedia política”, como las que Frank Capra y su guionista, Robert Riskin, patentaron en los años ’30 y ’40. O, también como aquéllas, de “fábula realista”. Fábula, porque se basa en una arbitrariedad ostensible, de intención ejemplarizadora. Realista, porque el mundo que pinta se parece tanto al de la realidad, que la situación narrada exagera apenas lo que en verdad ocurrió en las elecciones que consagraron a George W. Bush. Recuérdese: en el 2000, el escrutinio del estado de Florida definió la elección nacional, en un recuento voto a voto. Vecino del zaparrastroso pueblito ficcional de Texico, en Nuevo México, el personaje de Kevin Costner, Bud Johnson, es un tipo separado, a cargo de una nena de 12. Bah, es la nena la que está a cargo de él. Bud, que parece deberle su seudónimo a la Budweiser, es lo que en Estados Unidos llaman redneck: un blanco pobre y bruto del interior. Vive durmiendo, pescando y jugando al metegol en el bar (sí, metegol, seguramente por la proximidad con México). Tiene uno de esos trabajos que, se supone, son los que hacen los chicanos: empaca huevos en una fábrica. Empacaba, porque acaban de echarlo, después de que, seguramente por efecto Budweiser, hiciera un enchastre descomunal con una pila de cajas. Cajas con huevos adentro, claro.

La Lisa de este Homero Simpson se llama Molly, y la encarna la debutante Madeline Carroll, toda una promesa. El día de las elecciones, Molly le pregunta a Bud (a quien llama así, por el nombre, como si fuera el hijo) por quién va a votar. En ese preciso instante Bud se entera de que ese día se vota. “Yo no voto, soy objetor de conciencia.” “Bud, eso es para no ir a la guerra, no para las elecciones”, le enseña Molly, alumna brillante, por supuesto. Conociéndolo, Molly va a votar por él al bingo (acorde con su comunidad, el centro electoral de Texico no está ubicado precisamente en una escuela). En el momento de colocar la boleta en la máquina, se produce un corte de luz. Cuando se enciende, la máquina se reseteó y el voto (que nunca sabremos por quién era) se perdió. Conclusión: Bud tiene que volver a votar. Claro que esta vez debe hacerlo él y no su hija: una periodista ya hizo pública la noticia. ¿Por quién votará Bud? Ninguno de los candidatos está dispuesto a dejar la respuesta librada al azar, por lo cual organizan de inmediato su equipo para reiniciar la campaña. Campaña tan personalizada que llegan a grabar comerciales dirigidos directamente a él, con nombre y apellido.

Como las películas de Capra, Un papá muy poderoso empieza como sátira, pero apunta a un remate de lo más serio, con protagonista concientizado, bañadito, trajeado y leyendo un discurso en el que invoca, frente a ambos candidatos, los valores más altos de la nación. Una lástima: allí, toda la pimienta del comienzo termina enjugada en sacarina. Eso sí: después de tantos papeles deportivos y ejemplares, es un alivio verlo a Kevin Costner más reventado que Steve Tyler. Sigue así, Kevin.

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Costner es Bud, un nombre que alude a su debilidad por la cerveza.
 
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