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Sábado, 11 de abril de 2015

VIDEO › ACABARON JUNTOS, ESCRITA Y DIRIGIDA POR DAVID WAIN

Una comedia metalingüística

La nueva película del director de Role Models y Wanderlust se entrega al goce de la discontinuidad, la digresión y lo episódico. Una suerte de súbita eyaculación narrativa, que reemplaza a la paciente construcción del orgasmo del relato.

 Por Horacio Bernades

Amy Poehler y Paul Rudd: ella es torpe pero encantadora y él es un buen chico, algo judío pero no tanto.

Si ya no hay quien pueda estructurar relatos clásicos, si cuando esto sucede los relatos resultan no ser clásicos sino académicos, por qué no entregarse entonces al goce de la discontinuidad, la digresión, lo eventual y episódico. Una suerte de súbita eyaculación narrativa, que vendría a reemplazar la paciente construcción del orgasmo del relato. Acabaron juntos se llama, de hecho, la comedia metalingüística dirigida por David Wain y protagonizada por Paul Rudd y Amy Poehler, que el sello SBP lanzará la semana próxima en formato DVD. El título original de este film estrenado meses atrás en Estados Unidos es menos fisiológico. They Came Together puede representar lo que la traducción local le hace decir, pero también algo más neutro: llegaron juntos o vinieron juntos. Que es en verdad a lo que se refiere el narrador en off en un momento en que los protagonistas llegan juntos a una fiesta, momento inicial de su relación.

Lo que importa aquí no es de todos modos el carácter literal o alusivo del título, sino la organización de They Came Together en forma de sketches o de gags, por más que haya una historia que funciona como continuum. Pero lo que funciona en el film de Wain no es ese continuum, que evoca deliberadamente lo mil veces visto, sino el gag que lo arranca de él.

Lo de Wain parece producto de un autoanálisis bien encaminado: el hombre comenzó en televisión, como creador y director de The State y escritor de MADtv, zarpadas series en forma de sketches, que la televisión estadounidense emitió (y la argentina nunca) a mediados de los ’90 y comienzos de la década siguiente. Sus dos primeros largos (Wet Hot American Summer, 2001 y The Ten, 2007) mantenían ese esquema, en el primer caso con un soporte narrativo más o menos clásico y hasta de época (un campamento de fin de curso, a comienzos de los ’80) y en el segundo utilizando los Diez Mandamientos como motivo o excusa para un film en episodios.

En sus dos siguientes incursiones cinematográficas –Role Models, 2008 y Wanderlust, 2012, lanzadas aquí en DVD–, Wain & sus amigos (como otros cómicos y comediantes, el hombre suele andar en patota) intentaron comedias de formato más tradicional, evidenciando que lo suyo no era eso sino lo otro. O sea, esto: Acabaron juntos. En lugar de la vana aspiración de adaptarse a la normalidad comédica, Wain (acompañado en el guión por Michael Showalter y en el elenco por Ken Marino, dos cumpas de toda la vida) da vuelta el tablero y se lanza a hacer eclosionar la comedia “normal” por varias vías. Tres vías, para ser más precisos. La primera es usar la metalingüística como parodia. Esto es: filmar una comedia a la que le importa poco el romance, pero en la que todo remite a las comedias románticas clásicas del último cuarto de siglo. Desde Cuando Harry conoció a Sally hasta Amigos con derechos, pongámosle.

They Came Together empieza con la típica salida a cenar de a cuatro, en un restaurante de Manhattan. Los amigos de la pareja protagónica (él es Bill Hader; a ella no la conocemos) les preguntan cómo se conocieron y los protagonistas contestan que como en una comedia romántica. Ellos responden, además, al estilo clásico: “El es un buen chico, algo judío aunque no tanto”, dice Molly (Amy Poehler, la rubia que en las últimas entregas de los Globo de Oro hizo dúo con Tina Fey) y uno piensa en Billy Crystal. “Ella es torpe, pero encantadora”, apunta a su turno Joel (Paul Rudd, actor fetiche absoluto de Wain) y uno ve rodar a Molly por la escalera de casa. “Entonces, la película de ustedes debería empezar con planos aéreos de Manhattan, de noche”, dice Bill Hader y ahí viene la escena de títulos, rematada con música swinguera. La segunda arma de ataque es el gag, que en lugar de servir a la estructura narrativa en tres actos se soberaniza hasta invertir el esquema: ahora es la estructura narrativa al servicio del gag. La tercera arma es la disrupción narrativa y moral, que genera un estado de shock permanente.

Para poner un ejemplo extremo, hay una escena en la que Paul Rudd está a punto de voltearse a su abuela. Si finalmente no lo hace es por puro azar, y ese azar narrativo (propio del gag, que es siempre una irrupción) subvierte el férreo plan al que las comedias clásicas obedecen. Ganada la independencia del gag, ya todo es posible y nada tiene por qué ajustarse a una lógica que no sea la propia. Joel acota que su primer nombre es Billy y en ese momento descubre que se llama Billy Joel. Durante un juego tonto en la oficina, un compañero de trabajo cae por la ventana del rascacielos. El grupo de amigos se asume como grupo de amigos “oficial” de comedia. Para cambiar de imagen, Molly sale con anteojos y bigote Groucho. Joel comparte sus penas de amor con un barman, éste le hace un comentario, Joel le dice “Me vas a decir a mí...”, el barman se lo repite y la escena se reitera, calcada, una docena de veces. Ni Godard se atrevió jamás a algo así.

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