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Viernes, 10 de octubre de 2008

ENTREVISTA A LAUTARO ORTIZ, EL JEFE DE REDACCION

Memoria y balance

“Fierro ayudó a mover el avispero y generar algo en la publicación de historietas”, señala el periodista, orgulloso de la revista que dirige Juan Sasturain.

 Por Andrés Valenzuela

“Que hable él, que es el que más la rema”, dispara Juan Sasturain y deja a Lautaro Ortiz, jefe de redacción de la revista Fierro ante el grabador. Y aunque éste señale que las decisiones finales siempre quedan “en manos de Juan” y no se sienta “jefe de nada” porque es el trabajo “más placentero” que tuvo en su vida, Sasturain insiste en destacar su valor para la publicación. “Cuando me habló de reeditar Fierro y me propuso el puesto, imaginé que iba a estar con los dibujantes a mi lado, espiando sobre sus hombros mientras laburaban en el tablero de dibujo, pero no”, cuenta. Es que la llegada de la computadora al medio cambió los modos de trabajo. “Es raro eso de no andar con originales en la mano, son pocos los casos en que uno comparte con el dibujante ese placer de ver el dibujo sobre el papel. Por eso cuando sale la revista es un placer, es como ver que las cosas volvieron a su lugar.”

El recorrido de Ortiz arranca en las letras. Llegó a la historieta “por curiosidad”, leyendo los caligramas de Apollinaire y por unas historietas viejas que le había pasado su padre. “Leyendo ambas cosas entendí la relación entre ambos. ¿Cuántos poemas son, si se quiere, historietas?” Además de las letras, ejerció el periodismo: hizo crónicas deportivas y policiales, dirigió un suplemento literario, formó parte de revistas como Lezama y escribió para Brecha, de Montevideo.

¿Y cuál es su función concreta? “Yo no soy jefe de nada. Me dedico a la conversación con los dibujantes, a establecer un vínculo de trabajo ameno, un diálogo del que surgen ideas, preguntas, críticas. Creo que la tarea de fondo pasa por tratar de que los dibujantes sientan que el editor los llama, los respeta y disfruta sus trabajos”, explica. Claro que, como cualquier editor, también es el que los llama para urgirlos por las fechas de entrega, señalar errores y hacer pedidos.

Para Ortiz el balance de este segundo aniversario de la revista tiene dos líneas de análisis. “Una tiene que ver con el mercado. Fierro ayudó a mover el avispero y generar algo en la publicación de historietas”, analiza. La otra línea pasa por lo estético, y allí se enorgullece de lo publicado: “Apariciones maravillosas como Minaverry, Soto, Calvi, Varela, Salvador Sanz” y un sinfín más que no para de nombrar. “Es una larga lista y lo que pueda decir entra en gustos personales, hay que admirarlos y leerlos” y propone concentrar las miradas en los nuevos nombres. “Sáenz Valiente es un hallazgo que nadie puede discutir, lo mismo que Lucas Nine y Varela. Parés me encanta por la versatilidad y el riesgo que asume, sus trabajos son un salto al vacío constante, tenerlo es un lujo. Scuzzo es un gran tapista, Calvi y María Alcobre tienen una maravillosa poesía, Túnica destreza emocional, el humor ácido e inolvidable de Sala, en fin, no quiero olvidarme de nadie y por eso paro acá.”

¿Le falta algo? “Somos los primeros en sentir que le faltan 16 páginas más para terminar con la panza llena de Fierro –confiesa haciéndose eco del reclamo de los lectores–, pero aprendimos a encontrarle el sabor a lo justo y necesario.” ¿Y las comparaciones con la vieja etapa de la revista? “Era lógico que sucediera –concede–, ¿qué lector de historieta no fue marcado por Fierro? Creo que la expectativa dejó tuertos a muchos y miraron la cosa con el ojo de vidrio en vez de analizar la revista desde el presente. Recuerdo haber leído tantas boludeces que finalmente adopté la sana enseñanza de Juan: ‘dejalos, siempre se van a quejar’.”

Ortiz acepta que esta nueva etapa tardó “en encontrar un punto de afinación justo”, pero señala causas para ello: “No olvidemos que hubo un gran vacío, la rueda del trabajo periódico estaba parada en Argentina, tener una revista que no era cualquier revista, para los dibujantes fue un desafío”. “Un dato muy lindo –señala– es que todos los dibujantes se hacen un hueco para dedicar lo mejor a Fierro, se nota. Pasados dos años puedo decir que nos acomodamos y la revista está cada vez mejor.”

“Como dije antes, yo no soy jefe de nada. La revista la hacen los dibujantes y guionistas, los dos años de Fierro son producto de su laburo y que nadie se olvide de eso a la hora de criticar la revista. Claro que de los errores nos hacemos cargo nosotros, los aciertos son exclusividad de ellos.”

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Ortiz propone concentrar la mirada en los nuevos nombres.
Imagen: Pablo Piovano
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