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Lunes, 4 de abril de 2011

LITERATURA

La ficha

“Lo peor fue cumplir 20 años. Ni los 30 ni los 40 me pegaron mal”, confiesa José María Brindisi (Buenos Aires, 1969), autor de los cuentos Permanece oro (1996), las novelas Berlín (2001) y Frenesí (2006). “A mis amigos escritores les digo: hagan ejercicios, piensen cuando lleguen a los 70.” La advertencia sale de la boca de un hombre que juega al tenis, corre y entrena en el gimnasio, además de escribir novelas, cuentos, dar talleres y colaborar en medios como Rolling Stone y Haciendo Cine, entre otros. Su primera frustración, a los 14 años, fue no haber sido atleta. Dice que corría bien, que era rápido. Su padre fue actor, amigo de Ulises Dumont, pero se ganó la vida escribiendo para publicidad. Su madre, una lectora de fuste que le contagió su gusto por los libros. A los 12 años, Brindisi ya había leído El jugador, de Dostoievski. “No entendí nada, como corresponde”, recuerda con una sonrisa. A los 13, conoció al escritor Miguel Vitagliano, que entonces trabajaba como bibliotecario y empezaba a dar un taller de escritura. “Un día fui a buscar un libro de historia a la biblioteca, Miguel se dio cuenta de que no lo iba a devolver y me dijo: ‘Llevatelo, no te lo voy a pedir. La única condición es que vengas al taller’”. Trato cumplido: Brindisi fue. A los 15 años –antes de que la muerte se ensañara con su familia y en un año se llevara primero a su padre y después a su madre, para quedarse huérfano a los 17–, decía que sería abogado. Pero Vitagliano, joven viejo zorro con olfato, ya había sellado el destino de Brindisi. “Vos no vas a ser abogado –le dijo en un viaje en colectivo que nunca olvidaría–. Vos sos escritor.”

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