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Jueves, 24 de enero de 2013

TEATRO › LA HORA DE ESCRIBIR

Lo que vendrá

Entre las próximas actividades de Oscar Barney Finn está la de darse tiempo para escribir. Lo hizo ya contando parte de la historia de sus ascendientes irlandeses en un número de la revista Todo es Historia, creada y dirigida inicialmente por el historiador Félix Luna. Lo más cercano es el viaje a Chile para el ensayo de Matar cansa, de Santiago Loza, y el de La mujer justa, del novelista y periodista húngaro Sándor Márai, obra para la que fue contratado por la actriz, directora, dramaturga y productora chilena Liliana Ross. A esto sumará un curso sobre el escritor ruso Anton Chéjov, en la Universidad de Santiago de Chile, y acaso estrenar en Buenos Aires las obras de Ronald Heim y redondear una versión de Vestir al desnudo, obra de Luigi Pirandello que presentó, en semimontado, en un ciclo de teatro leído, protagonizada por Elena Roger. En cuanto a los teatros oficiales dice sentirse perdido. Ha presentado varios proyectos, incluso con bocetos escenográficos. Propuso El águila de blasón, de Ramón del Valle Inclán; La Biunda, de Carlos Carlino; Turbión, de Defilippis Novoa; y El dandy del Hotel Savoy, del mexicano Carlos Olmos, sobre el juicio al escritor, poeta y dramaturgo irlandés Oscar Wilde. No se desanima ante la falta de respuesta. Su trayectoria es vasta y rica. Se inició en el teatro en 1965 con El triángulo. Estudió cine en París, becado por el gobierno francés, pero siempre estuvo cerca de la escena. Vivió la experiencia de ser meritorio en el Teatro de las Naciones, en los lejanos 1963 y 1964. Colaboró con los artistas que llevaban sus trabajos a Francia, como Jorge Petraglia y Luisa Vehil, cuando estrenaron Ollantay. El director italiano Franco Zefirelli lo contrató como meritorio para la puesta de Quién teme a Virginia Woolf, de Edward Albee; conoció a Samuel Beckett y Jean-Marie Serreau, cuando este director puso Play, obra que a su regreso fue el primer espectáculo que Barney Finn realizó con Yenesí, grupo al que lo acercó el crítico Emilio Stevanovich, a quien había tratado en París. Otros espectáculos de entonces fueron Un acto rápido, de Eduardo “Tato” Pavlovsky; y Viejo matrimonio, de Griselda Gambaro, donde trabajó Martha Quinteros, una de las actrices preferidas del director, régisseur y productor Cecilio Madanes. Su debut en el cine llegó poco después, y años más tarde la ópera. En cine, realizó cortos, documentales y un primer largometraje: La balada del regreso (1974), con María Vaner, Ernesto Bianco y Adrián Ghio. La oportunidad de mostrar sus trabajos en la TV fue temprana, entre 1969 y 1970, en programas emitidos en un principio en el viejo Canal 7.

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