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Jueves, 29 de agosto de 2013

CINE › EL ITALIANO MATTEO GARRONE HABLA DE SU PELíCULA REALITY, PREMIADA EN EL FESTIVAL DE CANNES

“Filmé entre el realismo y el cuento de hadas”

El director de Gomorra detalla influencias estéticas, explica la teoría del deseo mimético y cuenta por qué eligió como protagonista a un señor llamado Aniello Arena que, además de ser miembro de la Camorra, cumple condena a prisión perpetua.

 Por Paola Ippolito

No era esperable que después de Gomorra, la película que le dio un nombre en el mundo entero, Matteo Garrone (Roma, 1968) produjera un film como Reality. Basada en el libro homónimo de Roberto Saviano y ganadora del Gran Premio del Jurado en Cannes 2008, Gomorra desplegaba una suerte de anatomía de la Camorra napolitana mediante un ramillete de relatos superpuestos y manteniéndose siempre dentro del marco de un realismo a ultranza. Tal como el propio Garrone la define en la entrevista que sigue, Reality es, en cambio, una suerte de farsa negra, que no apunta al fresco sino a la odisea de un antihéroe, un hombre humilde que, otra vez en Nápoles, intenta dar el salto a la fama presentándose como candidato para la versión italiana de Gran Hermano. El registro al que el realizador echa mano no es ya el realismo casi espartano del film anterior, sino un cruce entre neorrealismo, sátira social y cuento de hadas. Lo que se mantiene invariable, de un film a otro, es que con su nueva película, cuyo estreno porteño se concreta hoy, Garrone volvió a obtener en Cannes, el año pasado, el Gran Premio del Jurado.

La sorpresa sería menor si se tuviera en cuenta que antes de llegar a Gomorra, Garrone tenía ya toda una carrera, en la que dejaba ver un eclecticismo que lo llevó del documental a la comedia, de la comedia al drama y del drama a la morbidez. Una de esas películas previas, L’imbalsamatore (2002), pudo verse en una edición del Bafici y presentaba un triángulo amoroso bastante poco usual, uno de cuyos vértices era el protagonista del título, un taxidermista enano. En la entrevista que sigue, Garrone analiza lo que va de Gomorra a Reality, encontrando algunos puntos en común que no están tan a la vista. Además detalla influencias estéticas, explica la teoría del deseo mimético y cuenta por qué eligió como protagonista a un señor llamado Aniello Arena que, además de ser miembro de la Camorra, cumple condena a prisión perpetua.

–Reality se parece muy poco a su película anterior, Gomorra.

–El tono es muy distinto: Gomorra era un film que trabajaba sobre un estilo semidocumental, Reality es una farsa negra. Sin embargo, si se fija bien va a encontrar puntos en común. Ambas películas tratan sobre el modo en que funcionan ciertos sistemas. El sistema del crimen, en el caso de Gomorra, y el de la industria del entretenimiento, en el de Reality. En ambas, además, el protagonista no es uno de los máximos representantes de ese sistema sino, por el contrario, una de sus figuras de menor relevancia. Ambos son víctimas de la estructura a la que ambicionan incorporarse.

–Si bien estaba basada en el libro homónimo de Roberto Saviano, Gomorra tenía una fuerte ligazón con hechos reales. La de Reality es, por el contrario, una historia enteramente ficcional.

–No tanto, debo aclararle. Reality surge de una historia real. La historia de mi cuñado, más precisamente, que años atrás vivió una situación muy semejante a la de Luciano, el protagonista de Reality.

–¿Logró entrar su cuñado a Gran Hermano?

–No.

–A pesar de estar basada en ese hecho de la realidad, Reality no tiene un aire realista, si me permite el juego de palabras.

–Traté de que estuviera a medio camino entre el realismo y el cuento de hadas. De hecho, mi referencia estética fue, en el caso de Gomorra, Roberto Rossellini, mientras que para Reality tuve más en cuenta las primeras películas de Fellini. El sheik, sobre todo, con la que Reality tiene fuertes puntos de contacto. También tuve en mente algunas de las películas de Vittorio de Sica que tuvieron a Eduardo de Filippo por guionista y que transcurren en Nápoles, como Matrimonio a la italiana o El oro de Nápoles. Y las comedias de Pietro Fermi, un director menos reconocido de lo que merecería. Divorcio a la italiana y Seducida y abandonada, por ejemplo.

–Otra vinculación con Gomorra, aunque en este caso de carácter extracinematográfica, es que aquélla era una película sobre la Camorra, y en esta usted usó como protagonista a un ex miembro de esa organización criminal.

–Sí, pero igual debo aclarar que no es que Aniello Arena, que de él se trata, no haya actuado nunca antes. Empezó a hacerlo estando en prisión, en la cárcel de Volterra, en Toscana.

–Algo semejante a lo que muestran los hermanos Taviani en César debe morir.

–Exacto. En Italia hay varias cárceles donde funcionan talleres de teatro, y Volterra es una de ellas. Yo había visto actuar a Arena allí y me pareció que le calzaba perfecto el papel de Luciano, que es un tipo vivo y egoísta, pero también muy ingenuo.

–¿Fue a verlo porque alguien se lo recomendó?

–No, lo que pasa es que mi padre es crítico de teatro, y el grupo de teatro de esa cárcel, que se llama La Forteza, es muy bueno. Son muy conocidos en toda Italia, ganaron premios. Lo mismo que el grupo de la prisión de Rebibbia, que es con quienes filmaron los Taviani. Así que más de una vez acompañé a mi padre a ver obras que ellos presentaban, y así fue como pude reparar en él. De hecho, ya había pensado en él para el elenco de Gomorra, pero en esa ocasión no logramos el permiso judicial para sacarlo de prisión.

–¿Y ahora?

–Ahora sí, el juez nos lo concedió.

–¿Por qué está en prisión?

–Porque a los veintipico de años, en medio de una guerra de clanes, contrató a un sicario para que cometiera un crimen.

–¿Qué pena tiene?

–Prisión perpetua.

–¿Pudo asistir a la presentación de la película, en Cannes?

–No, porque no tiene permiso para salir del país.

–Hay otro punto en común entre Gomorra y Reality, que son los dos chicos jóvenes que allí soñaban con ser Tony Montana, protagonista de Scarface. Aquí, participar de Gran Hermano parecería representar algo semejante para Luciano.

–Sí, claro, la ilusión de dejar atrás una realidad pobre dando un gran salto hacia la fama, el dinero, la consagración. Pero hay otra conexión, más curiosa aún: uno de aquellos chicos de Gomorra se presentó para ser parte de un reality show, después del estreno de la película, y lo tomaron.

–Es interesante que la ilusión de ingresar al mundo de Gran Hermano es tanto de Luciano como de su familia.

–Hay un ensayista francés llamado René Girard que desarrolló toda una teoría alrededor de la cuestión de la mímesis, el deseo mimético: se desea lo que otros desean. Eso es lo que le sucede a Luciano, que se siente presionado a ingresar en ese mundo, que obviamente representa la ilusión de un escape de la pobreza.

–Usted mencionó antes la intención de darle a Reality una estética que estuviera a medio camino entre el realismo y el cuento de hadas. ¿De qué modo trabajó esto?

–Me la planteé como un dibujo animado. Una de Pixar, casi. Colores fuertes, actores con rostros muy marcados y expresivos, decorados que parecen casi irreales o surreales, como el palacio de la escena de apertura o la secuencia en Cinecittá, que es por definición un mundo de sueños. Y a su vez es el decorado más realista posible, porque es en Cinecittá donde se graba en realidad la versión italiana de Gran Hermano.

Traducción, edición e introducción: Horacio Bernades.

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“Mi protagonista se siente presionado a ingresar a un mundo que le da la ilusión de escapar de la pobreza.”
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