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Domingo, 7 de agosto de 2016

CINE

Reflexiones de un iraquí laico

 Por Abbas Fahdel *

No me gusta que me definan como ateo (esa palabra expresa una agresividad antirreligiosa que no apruebo). Me defino más bien como laico y no creyente, comprendiendo y respetando perfectamente la necesidad de otros de creer. Nacido en una sociedad musulmana que jamás me impuso la creencia en la religión o practicar sus ritos, crecí con la idea de que el islam es una religión tolerante: ¿acaso hasta ahora cristianos y judíos no han podido vivir en tierra musulmana, cuando los musulmanes de Andalucía por ejemplo fueron exterminados o forzados a convertirse al catolicismo? Una religión fraternal y social, además: “los musulmanes son iguales, como los dientes de un peine”, decía Mahoma. Un verdadero musulmán, para mí, era por ejemplo la madre de mi sobrino Haimar. ¿Por qué? Porque cada año, en un país donde no se pagan impuestos, ella y su marido aportaban una parte de sus ingresos a obras de caridad, como lo recomienda el Islam (el azaque). Porque, además, cuando veía a alguien dormir en la calle, lo llevaba a su casa y le daba de comer, además de algo de dinero. Muchas veces, mientras filmaba la película en el jardín de su casa, con sus hijos, me pedía que les llevara comida y bebida a los trabajadores de la calle que veía trajinar afuera, bajo el sol. Ella actuaba de esa manera porque pensaba que era su deber de musulmana: ayudar al pobre, al huérfano, al débil, al forastero de paso. Y no crean que ella era una excepción.

¿Qué le ha pasado, entonces, a una sociedad tan tolerante y realmente buena para engendrar monstruos como los de Daesch? Lo que ocurrió fue el caos y la división sectaria establecidos por los estadounidenses en el país desde el año 2003. Mi padre era sunita y mi madre chiita. Eso no planteaba problema alguno, ni a ellos mismos ni a nosotros, sus hijos, ni a nadie. Pero los americanos, por ignorancia o cálculo maquiavélico, han logrado que esta situación cambie. Han empujado a los iraquíes a dejar de pensar en los iraquíes y a pensar, en cambio, en chiitas y sunitas, en musulmanes y cristianos, en árabes y kurdos.

Los iraquíes lograrán salir de este lodazal religioso, estoy seguro. Pero hasta que eso ocurra, ¿cuántas víctimas caerán en Irak y en otros lugares?

* Texto publicado en el muro de Facebook de Abbas Fahdel.

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