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Jueves, 11 de enero de 2007

TELEVISION › EN EL BACKSTAGE DE LOS ALMUERZOS

Un día derritiéndose al sol, esperando a Mirtha Legrand

Desde el hotel Costa Galana, la diva hace un uso intensivo de su status de institución marplatense. En las escalinatas, una pequeña multitud sufre lo necesario para participar del show.

 Por Karina Micheletto
Desde Mar del Plata

Ya es un clásico del verano: el programa de Mirtha, transmitido en vivo desde esta ciudad, con la gente en tribuna para ver un breve show del artista invitado de turno –pero sobre todo para vivir ese encanto de la tele– es otra postal marplatense. Los encargados de turismo saben que el programa es una fuente de promoción gigantesca y por eso bendicen que la señora siga viniendo. Y aquí está Mirtha hablando todos los días de Mar del Plata a todo el país, contando cómo está el clima, cómo está la playa que se ve desde el ventanal del estudio, cómo están los espectáculos, repitiendo que esta es una ciudad que ama. Afuera del hotel, la gente espera desde temprano en las escalinatas de Playa Grande, donde al final la Chiqui arma el cierre con el público. Es un día de playa de esos que quizá no se repiten, pero los que ocupan estoicos las primeras filas llegaron a las 10 y desplegaron banderas y carteles para los paneos de las 13. Tendrán que esperar hasta cerca de las 15 para los minutos de cámara. El esfuerzo valdrá la pena para casi todos: hoy los invitados son Los Nocheros, y el segmento en exteriores se estira.

Unas treinta personas, entre productores, técnicos y demás personal, hacen el programa desde el Costa Galana. Eso sí: aquí sólo se aloja la señora, el resto está repartido en otros hoteles. No se quejan, los tratan muy bien. En el primer piso del hotel –que mimó a la anfitriona con un cartel gigantesco con su cara en la puerta– hay un gran salón que hace de estudio, con dos escenografías, y otro más pequeño para producción. El punto neurálgico es la computadora clavada en ratingminutoaminuto.com, de la que todos están pendientes: arranca con 4,6, sube a 5 cuando pasa el primer bloque de los chivos y el último bloque, con shows en vivo, siempre levanta 1 o 2 puntos.

El programa avanza y el clima es relajado. Nada de productores con cara de estar al borde del suicidio si algo falla: el nervio del back de la tele en vivo parece estar dominado por años de cancha en la misma fórmula. En la mesa, la charla sigue en el mismo tono en vivo y en los cortes, sólo que en cada corte aparece un círculo de gente alrededor del almuerzo ficticio: maquilladora, peluquero y productores. En el corte, Mirtha sigue preguntando e interrumpiendo, igualito que en el vivo: “¿Vos qué tocás, Alvarito, aparte de tu novia?, ¿Están desmontando mucho en Salta? ¿Vieron el partido?”. A Sergio Company, que tiene a su cargo la decoración del programa y la del hotel, le preocupa averiguar dónde compró esa camisa hermosa Kike Teruel. A la producción le preocupa cómo hacer que Kike, que tiene un pie quemado y vendado, recorra los metros que separan este primer piso de los exteriores cumpliendo con los tiempos televisivos. A los de la discográfica les preocupa cuántos temas van a cantar Los Nocheros, y sacan cuentas de los minutos que dura cada canción. Una productora para el carro con poca diplomacia: “Los tiempos en el CD los manejan ustedes. En este programa, los temas duran lo que diga yo”. A otro tema.

“Tener a Mirtha transmitiendo en vivo es un lujo”, halaga Gabriel Roussel, gerente del hotel. “Somos dos productos de altísima calidad que se potencian mutuamente. A nuestros huéspedes no les molesta, al contrario. La gente que viene a ver a Mirtha está separada de la entrada, en las escalinatas, así que no causa problema.” El hotel ya sumó la atracción de llevar a huéspedes VIP (sobre todo extranjeros) a ver cómo se transmite el programa. Nadie quiere decir quién paga a quién, pero todo parece indicar que lo que domina es el canje publicitario entre empresas.

Se acercan las 15 y la mesa todavía está servida, falta el bloque de exteriores. “Ayer también entregamos tarde. ¿No se quejaron los Intrusos, no? Quiere decir que el piso que dejamos fue bueno”, chicanea Mirtha. Al fin la comitiva sale y los que están amontonados al rayo del sol se preparan para su momentum. Antes de salir, en la alfombra roja, la señora se saca los anillos y se calza los lentes de sol. La sigue de cerca el peluquero, que tiene todo bajo control: “A ella el pelo tiende a achatársele, así que con el viento no tengo problemas”, marca. Al fin emerge la señora y comienza el griterío, se levantan los carteles. Aparecen Los Nocheros, y por unos minutos la escena escapa al control televisivo: se confunden los pedidos de autógrafos, se cruzan los gritos, no hay un único centro de atención. El momento de zozobra será breve: en cuanto Los Nocheros arrancan con su voy a comerte el corazón a besos, el público, autoconvocado pero adiestrado al fin, levanta manos y carteles y canta cuando le dicen. “Hay más de tres mil personas”, exagera la señora, pero es cierto que son muchos los que invirtieron su tarde aquí, más de mil personas que llenan los espacios previstos y los de alrededor de la costa, desde donde se alcanzan a ver las nucas de los famosos.

Cuando el programa termina, la desconcentración es rápida: algunos corren a esperar en la puerta del hotel para saludar a Mirtha cuando salga. Estefanía, de Mar del Plata, llegó a las 10 y se va contenta: estaba en primera fila y se llevó un beso de Alvarito. La catamarqueña Wanda se va satisfecha a medias: en vivo Los Nocheros le prometieron dos entradas, pero se fueron con toda la comitiva y nadie le dejó nada. En la otra punta Esther, que hizo guardia desde las 10 con su sobrinita Antonella, de cinco años, en el lugar equivocado, parece a punto de llorar: traía un cartón donde había escrito con esmero “Soy Antonella de Lomas de Zamora”, para que la mamá de la nena, que está internada en Buenos Aires, la viera y tuviera una alegría. “La cámara no pasó nunca por este lado”, se lamenta. La TV, se sabe, nunca es justa para todos.

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Mirtha y un equipo de 30 personas coparon dos salones del hotel, que saca partido de la celebridad.
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