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Sábado, 11 de diciembre de 2004

PALEOANTROPOLOGIA: EVIDENCIAS DE FOGATAS DE HACE 790 MIL AÑOS

Gracias por el fuego

 Por Mariano Ribas

El uso controlado del fuego fue, sin dudas, uno de los hitos más extraordinarios de la gran historia humana. Un cambio tan profundo que, desde nuestra cómoda perspectiva actual, cuesta imaginarlo. Los fogones trajeron la luz a las otrora amenazantes noches, repletas de misterios y peligrosas bestias. Trajeron calor, y salvaron a nuestros ancestros de morir congelados en incontables y crudos inviernos.
El fuego también los ayudó a refinar sus herramientas de piedra, de madera y de hueso. Y, por si fuera poco, fortaleció los primeros hábitos de relación y organización, porque las llamas reunían a las gentes primitivas y les permitían interactuar por más tiempo. Era un fuego social. Y, de algún modo, eso no ha cambiado: a fin de cuentas, y con toda nuestra modernidad a cuestas, los fogones nos siguen hipnotizando cada vez que nos reunimos en una playa, en un bosque o en la montaña. Es un legado evolutivo que nos llega de muy lejos. Pero, ¿cuán lejos? Al parecer, la amistad entre el hombre y el fuego es mucho más antigua de lo que parecía.

Fuegos primitivos
Hay muy buenas razones para pensar que el hombre de Neanderthal ya manejaba el fuego a voluntad hace unos 200 mil años. De hecho, parece que estos robustos homínidos (que vivieron en Europa, hasta desaparecer hace 26 mil años) lo utilizaron para cocinar y asar distintas carnes. Sí, nuestros primos perdidos de la evolución habrían sido los inventores del “asado”, nada raro en una especie tan sofisticada e inteligente. Pero los Neanderthal no fueron los pioneros absolutos en la materia. Hasta ahora, las evidencias más antiguas de la domesticación del fuego procedían de la famosa cueva de Zhoukoudian, en China, en cuyos sedimentos, de entre hace 300 y 500 mil años se encontraron restos de materia orgánica, huesos y herramientas de piedra que muestran claros signos de haber sido quemados intencionalmente (especialmente, por hallarse agrupados en sectores muy definidos). Pistas similares, aunque un poco más modernas, se han encontrado en varios sitios africanos.En todos los casos, los responsables de esos fogones habrían sido los Homo erectus (aquella especie más antigua de homínidos que, más de un millón de años antes, ya había salido del continente madre, desparramándose por Medio Oriente y Asia). Medio millón de años no es poca cosa y, sin embargo, recientes hallazgos en Israel parecen empujar la ígnea fecha bastante más atrás.

Durante los últimos quince años, un grupo de arqueólogos de la Universidad Hebrea de Jerusalén viene trabajando en la zona de Gesher Benot Ya’aqov, al Norte de Israel. La región tiene una especial significancia paleoantropológica, porque está ubicada en la ruta principal que los homínidos primitivos (Homo erectus) habrían tomado al salir de Africa, hace casi 2 millones de años.
Y bien, a lo largo de sus prolongadas excavaciones, el equipo científico, liderado por Naama Goren-Inbar, descubrió algo sumamente llamativo: en uno de los estratos dieron con algunas herramientas, restos de plantas y animales, y un enorme desparramo de maderas y piedras. Casi todas las piezas estaban en buenas condiciones (más allá, por supuesto, del deterioro producido por el tiempo). Pero algunas de las maderas y piedras (el 2 por ciento del total) estaban completamente carbonizadas. Y, además, concentradas en puntos muy localizados, y bien separadas del resto de las piedras y maderas. Según Goren-Inbar y sus colegas, la mejor explicación para este extraño escenario sería la siguiente: allí, un grupo organizado de homínidosrecolectó piedras y maderas, además de plantas y animales (probablemente para comer), y encendió fogones, intencionada y controladamente, en ciertos lugares. El hallazgo no hubiese sido tan interesante si no fuera por los resultados de la cuidadosa datación del lugar y de los objetos: todo habría ocurrido hace 790 mil años.

Llamas e implicancias
Al parecer, entonces, el hombre manejaba el fuego 300 mil años antes de lo que se creía. No está del todo claro qué clase de homínidos fueron los que encendieron fogones en aquel lugar del Israel primitivo, pero se sospecha de los Homo erectus y del Homo ergaster, una variante de aquéllos (por entonces, todavía faltaban cientos de miles de años para la aparición de los Neanderthal, y de nuestra especie, el Homo sapiens sapiens). De todos modos, Goren-Inbar y los suyos siguen trabajando en la zona para aclarar este y algunos otros puntos.
Más allá del nuevo record arqueológico, las implicancias de este descubrimiento son claras: el precoz manejo del fuego en épocas tan pretéritas habla muy bien de las habilidades, del ingenio y del comportamiento de aquellas criaturas que nos precedieron en la evolución, esa fabulosa e intrincada epopeya de escala planetaria.

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