futuro

Sábado, 24 de diciembre de 2005

ARQUEOLOGIA: EL MITO DEL DILUVIO UNIVERSAL ANALIZADO POR LA CIENCIA

La tormenta perfecta

Entonces llovió y llovió, y las aguas cubrieron la tierra. Tan espantosa fue la tormenta, que los dioses se asustaron y huyeron a lo más alto del cielo. La inundación aniquiló a la humanidad, pero hubo un sobreviviente, porque uno de los dioses se presentó en sueños a un hombre llamado Utnapishtim y le anticipó lo que se venía. Utnapishtim construyó una gran nave y se embarcó junto con su mujer y un montón de animales. Cuando la tormenta terminó, la nave encalló en la ladera de una montaña. Entonces Utnapishtim soltó una paloma y una golondrina, que no encontraron donde posarse y regresaron a la nave. Más tarde soltó un cuervo que no regresó. Utnapishtim desembarcó y ofreció un gran sacrificio que atrajo a los dioses.

 Por Raúl A. Alzogaray

Aunque no son idénticos, el parecido entre el diluvio de Utnapishtim y el de Noé es impresionante. Algunas evidencias sugieren que la historia de Utnapishtim fue escrita cientos de años antes que el texto bíblico, y que se trata de una copia de escritos previos, probablemente inspirados en relatos orales aún más antiguos.

También fue impresionante la sorpresa que se llevó George Smith, el ayudante de museo que en 1872 tradujo del acadio al inglés la historia de Utnapishtim. ¿Qué hacía el relato del diluvio grabado en unas tablillas de barro encontradas en las ruinas de Nínive, la última capital del imperio asirio?

Meses más tarde, Smith viajó a Nínive en busca de más tablillas y comprobó que la historia de Utnapishtim formaba parte de un relato mayor: el Poema de Gilgamesh. Considerado la obra literaria más importante de la antigua Mesopotamia, el poema narra las aventuras y desventuras del rey Gilgamesh en busca de la inmortalidad.

La hipotesis del reverendo

Durante el siglo XIX, muchos arqueólogos y exploradores buscaban pruebas científicas para confirmar la veracidad de los relatos bíblicos. En 1820, el reverendo inglés William Buckland proclamó que había encontrado una prueba irrefutable de la existencia del diluvio.

En Escocia e Inglaterra existen depósitos de arena, arcilla y rocas acumuladas en completo desorden y mezcladas con fósiles marinos. Para Buckland, esta acumulación desprolija era el resultado del arrastre realizado por las poderosas corrientes que caracterizaron al diluvio.

Durante veinte años, la hipótesis de Buckland fue ampliamente aceptada en el ámbito académico, pero el geólogo inglés Charles Lyell demostró que los depósitos se habían formado como consecuencia del movimiento de los glaciares. Buckland fue el primero en darle la razón y volvió a predominar la explicación tradicional, que afirma que la historia del diluvio debió estar inspirada en alguna de las frecuentes crecidas de los ríos Tigris y Eufrates. Recién a fines del siglo pasado, los geólogos estadounidenses William Ryan y Walter Pitman propusieron una explicación alternativa.

Con la fuerza de doscientas cataratas

En su libro El diluvio universal (1998), estos científicos explican que al estudiar el fondo del Mar Negro hicieron un descubrimiento inesperado. El lecho contiene restos de animales marinos, pero a mayor profundidad hay solamente restos de animales de agua dulce.

Este y otros estudios geológicos hacen pensar a Ryan y Pitman que el actual Mar Negro fue en otra época un lago de agua dulce que no estaba comunicado con el Mar de Mármara. Hace poco más de 7000 años, estiman losautores, los hielos de la última glaciación se derritieron y el nivel de los océanos aumentó abruptamente. A causa de la crecida, el Mar de Mármara rebasó lo que hoy es el Estrecho del Bósforo y se derramó sobre el lago. Al principio debió ser apenas un riachuelo, pero pronto la fuerza del agua abrió un canal de decenas de metros de ancho y otro tanto de profundidad, permitiendo el paso de una columna equivalente a doscientas cataratas del Niágara.

En pocos meses, el nivel del lago subió más de cien metros. El agua salada mató a los animales de agua dulce y los animales marinos repoblaron el lago. Ryan y Pitman especulan que semejante manifestación de las fuerzas naturales se debe haber grabado a fuego en la mente de los habitantes del lugar. La experiencia debió ser contada de una generación a otra y en algún momento se mezcló con la historia de Gilgamesh.

El rey Gilgamesh era el “héroe nacional” mesopotámico, a tal punto que los gobernantes de la ciudad de Ur se consideraban emparentados con él a través de lazos familiares míticos. Los hebreos deben haber entrado en contacto con la historia del diluvio durante su cautiverio en Babilonia (586-538 a.C.); luego, con algunas modificaciones, la incluyeron en el Libro del Génesis.

En 1999, Robert Ballard, el explorador estadounidense que descubrió los restos del Titanic, aportó una evidencia adicional a la hipótesis de Ryan y Pitman. Ballard encontró en el lecho del Mar Negro, a unos 100 metros de profundidad, los restos de un asentamiento humano. Este hallazgo indica que ese lugar, hoy sumergido, en el pasado era tierra firme y estaba habitado.

Es probable que nunca se pueda establecer con absoluta certeza si existe una relación entre aquella inundación fenomenal, ocurrida hace 70 siglos, y el origen del mito del diluvio. Pero la hipótesis es atractiva y tiene una fuerte carga emocional. Todo lo que se puede decir, por ahora, es que los hallazgos realizados no la desmienten.

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