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Sábado, 28 de julio de 2007

CINECIEN ’07: 3º FESTIVAL DE CINE Y VIDEO CIENTIFICO DEL MERCOSUR

Para ganarle a Gran Hermano

 Por Diego Rojas

Los espectadores del Festival de Cine Científico del Mercosur –sección Argentina– no portaban gruesos anteojos de marcos de carey o esos raros peinados nuevos, como aquellos jóvenes hipermodernos que asisten en masa cada año al Bafici. Sin embargo, el mismo espíritu conmovió a centenares de personas de todo tipo y edad que acudieron prestos a la cita.

La tercera edición del festival, realizado en la Biblioteca Nacional, convocó a cineastas, técnicos y científicos que mostraron cortometrajes que dieron cuenta de los resultados de su trabajo conjunto. El cine como hecho estético y narrativo demostró su eficacia a la hora de la divulgación científica. Los documentales premiados señalan, además, que el gran momento que vive el documental también se reproduce a la hora de contar los vericuetos de la ciencia y de la técnica.

Imagen de “camelidos sudamericanos” (de mabel maio y franca gonzalez), ganador del primer premio.

“Nosotros originamos el proyecto desde un ámbito artístico”, cuenta José Luis Castiñeira de Dios, decano de Artes Visuales del Instituto Universitario Nacional del Arte. “Nos parece necesario que los alumnos vean que el fenómeno audiovisual no se agota en la ficción o la publicidad, sino que puede brindar una mirada que integre otras áreas de la vida social, en este caso, la producción científica”, señala. Para Castiñeira de Dios, cine y ciencia se retroalimentan. “Todos pertenecemos a una cultura audiovisual y nadie puede ignorar las reglas que estas relaciones van marcando. En el medio profesional el cine científico crece de modo sostenido y su público también se consolida. Hay un campo muy vasto y una enorme posibilidad de crear proyectos”, se entusiasma.

“Es fascinante el momento que está pasando el documental”, coincide Mabel Maio que, junto a Franca González, filmó Camélidos sudamericanos, film ganador del primer premio en el área científico-técnica. “Es el género que más innovaciones tuvo y esas novedades pueden ser trasladadas al documental científico, que puede comunicar su temática de manera interesante, con gancho para el espectador, para que pueda mirarlas de forma entretenida y con placer estético.” El cortometraje muestra de modo ágil la actualidad y perspectivas de la cría de las llamas en el norte argentino y el altiplano y permite al espectador conocer un panorama insospechado, digno de ser programado en el canal de la National Geographic. “Todavía se asocia este tipo de cine con el ciclo ‘Escuela científica’ que pasaban en la televisión y que, cuando lo veías, te comías un plomazo”, plantea González, “pero el lenguaje cinematográfico sirve para transmitir conocimientos, sobre todo si se usa el género documental de manera creativa”.

Así usó el género el realizador Hugo Lescano en su cortometraje La clínica de los santos, un policial científico que ganó dos menciones especiales. El film se detiene en la restauración de antiguos cuadros por un equipo de expertos que combinan sofisticados equipos técnicos con una minuciosa habilidad de cirujanos. “Fueron siete meses de registro de la restauración de Las Sibilas, unos cuadros que están en la iglesia de San Telmo. Una vez terminado ese proceso, tuve que elegir un estilo para narrar las imágenes y la información y yo, que soy un fanático del policial, armé una historia de misterio que se revela al final, montando los elementos que mayor intriga proveían.” Para Lescano, su incursión en el terreno produjo un juego de espejos: “La realización del hecho científico y la del hecho artístico se daba por partida doble. Porque si bien los restauradores son científicos, también son artistas. Mientras tanto, los filmábamos con mi equipo, un grupo de artistas usando tecnología cinematográfica. Todos unidos en un mismo proyecto”, concluye.

El español Bienvenido León, una eminencia en el campo del documental científico, participó del festival como jurado y no dejó de expresar su entusiasmo. “El nivel me pareció excelente. Hacer un buen documental no es fácil y, si le añaden las complejidades propias de los temas científicos, ya es otro hablar. Si además se deben filmar con una narrativa que llegue al público, bueno, te imaginás”, señala, “aun así, en este festival hubo películas extraordinarias”.

¿Es un buen momento para el cine científico?

–Hubo una gran evolución. El cine científico está sumergido en todo el proceso del cine actual y adopta sus estrategias narrativas y las nuevas tecnologías. Los adelantos técnicos permiten films impensables hace veinte años: por ejemplo, el uso de la animación conceptualiza temas y se convirtió en una herramienta magnífica.

¿Este tipo de cine puede ser masivo?

–En muchos países llega de forma masiva al público en horarios de máxima audiencia. Compite con reality shows. Pero eso lleva un tiempo. Si se apuesta por ello y se programan documentales científicos todas las semanas, se anuncian con tiempo, se producen con calidad y recursos, no tengo ninguna duda que se le puede ganar a Gran Hermano o, al menos, competir con él.

También Castiñeira de Dios se esperanza: “Yo recuerdo hitos televisivos como La aventura del hombre, que aún hoy se recuerdan. Con una producción de calidad se puede lograr una alternativa al embrutecimiento del entretenimiento masivo llevado hasta las últimas consecuencias”.

El documental más premiado fue Felices Fiestas, de Juan Barney, hecho que comprueba la apertura mental de los jurados del festival, ya que el film es una crítica contundente a algunos aspectos de la ciencia médica. Las cámaras se adentraron en el hospital psiquiátrico Melchor Romero de La Plata y lo mostraron al desnudo. “Es un ambiente muy podrido”, contó Barney a Futuro. “La película critica a cierta práctica psiquiátrica que, mediante la medicación compulsiva, no cura, sino que oculta el síntoma. Esto permanecerá así mientras el sistema de salud permanezca colapsado”, advirtió. Entre otras varias virtudes, el cine de divulgación científica también sirve para la toma de una posición política.

El festival permite afirmar que el cine científico argentino está en movimiento. Películas como El proceso de donación de órganos –dirigida por María Liendo y realizada por personal de Cucaiba, el organismo a cargo de las políticas de transplantes– sorprendieron por su dinamismo. Surnorte, de Marina Rubino y Susana Novick, basada en un estudio sobre los flujos migratorios a partir de la crisis del 2001, desplegaron un enorme esfuerzo de producción, con cámaras adentrándose en las vidas de muchos argentinos en Europa. La mayoría de los films confirmaron que es posible –y recomendable– conjugar el ímpetu estético con el rigor científico.

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