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Sábado, 29 de septiembre de 2007

EVOLUCION: LOS ORIGENES DEL GATO DOMESTICO

Miau

 Por Esteban y Luis Magnani

En el selecto panteón de los animales mejores amigos del hombre el perro se ha ganado trabajosamente su lugar. La amistad ya lleva unos 400 mil años según parecen demostrar algunos fósiles en los que se mezclan los huesos de ambas especies. La amistad, hay que decirlo, ha sido de conveniencia para ambas partes ya que el perro ha ayudado a llevar rebaños, cazar, proteger y otras funciones, incluidas las de dar afecto, por ejemplo, y ha recibido protección, calor y alimentos a cambio. Esta estrecha relación ha influido sobre la evolución de los perros, desde su origen de lobo (con el cual puede reproducirse aún), favoreciendo la aparición de nuevas especies caninas que tienen capacidades útiles para los humanos.

En comparación con este noble animal, el gato parece un advenedizo, un amigo recién llegado hace un puñado de miles de años. A diferencia del perro que tiene que ser guardián y buen cazador, el gato se destaca actualmente por su apariencia, que lo transforma casi en un objeto decorativo: compacto como el persa, esbelto y elegante como el siamés, musculoso y sólido como el birmano... Sin embargo, la historia de los gatos escrita en sus genes parece dar algunos indicios de cuándo comenzó esa amistad y que también tuvo su parte de conveniencia.

El gato viajero

El camino recorrido por la especie hasta llegar a habitar lánguidamente los almohadones de las casas humanas ha sido largo y complicado. Por cierto que es una de las familias carnívoras más exitosas del mundo, puesto que dejó rastros de su paso en todos los continentes, menos la Antártida.

Stephen O’Brien y Warren Johnson, del National Cancer Institute, en Frederick, Maryland, Estados Unidos, afirman que hace unos 130 mil años una de las cinco ramas evolutivas del gato salvaje (Felis silvestris) se abrió para dar origen a lo que se llama el “gato del Cercano Oriente”. De esa rama evolucionó más recientemente el gato doméstico según pudo demostrar un estudio del ADN de casi mil ejemplares actuales. El estudio concuerda con la idea bastante reciente y generalmente aceptada de que los pequeños felinos fueron domesticados justamente en esa región. Es que en la zona se han desenterrado estatuillas de unos 10 mil años de antigüedad que parecen demostrarlo. Incluso en la isla de Chipre se han encontrado fósiles de humanos y gatos que datan de hace cerca de 9500 años. Como en la isla no existen rastros de antecesores salvajes, es de suponer que los mininos llegaron flotando junto con los humanos.

Otro dato que hace pensar que ésa era una buena época para iniciar la amistad es que por entonces comenzaban a desarrollarse las primeras civilizaciones agrícolas de la Mesopotamia: los gatos protegían de roedores a los depósitos y a diferencia de los perros, omnívoros, no se interesaban por los granos almacenados. Poco a poco deben haberse acostumbrado a convivir con los humanos y a hacerse domésticos.

El gato egipcio

Hace una década aproximadamente, se solía considerar que los primeros gatos domésticos aparecieron en el Antiguo Egipto hacia el 2500 a.C., en donde también tenían un importante rol religioso. Se cree que la amistad y posterior deificación del pequeño felino surgió de su habilidad no sólo para cazar ratas (que se juntaban en graneros y agujeros en las casas de adobe), sino también serpientes, por lo que los egipcios comenzaron a dejar alimentos para asegurarse la cercanía de los gatos protectores. Poco a poco se integraron a la vida de la sociedad y llegaron a aparecer en imágenes cotidianas y rituales.

Millones de gatos momificados fueron encontrados por los arqueólogos británicos en el siglo XIX; tanto es así que se llegó al punto de que muchos de ellos se tiraban sin más. La cantidad de ejemplos da fuerza a la idea de que el gato fue el primer animal domesticado para ser usado como oferta ritual a los dioses, sobre todo a Bastet, la diosa con cabeza de felino, protectora de los hogares. Los científicos del Museo Natural de Historia de Londres usaron rayos X para atisbar bajo los vendajes de los animales y confirmaron que los animalitos fueron sacrificados y momificados como ofrendas religiosas: los daños en los esqueletos indican que los cuellos fueron rotos ex profeso, lo que sugiere que los animales eran alimentados y sacrificados selectivamente.

Por otro lado, el historiador griego Herodoto señala que la muerte intencional de un gato que no tuviera fines religiosos, en Egipto, era castigada con la muerte. Otro claro ejemplo de la importancia del felino en la vida religiosa egipcia lo da la Esfinge, el famoso monumento con cara de humano y cuerpo de gato.

La máquina evolutiva

Hoy en día hay varios países en los que el gato ha desplazado al perro como mascota preferida. En Estados Unidos, Suiza o Inglaterra superan en número a sus pares caninos, probablemente por ser tan afectos a la limpieza. Otro factor puede ser la elegancia del gato, que lo transforma, prácticamente, en un objeto decorativo viviente; no son pocos los que consideran que los felinos, del león al minino, son la máquina más perfecta que ha dado la naturaleza en cuanto a destreza, precisión y capacidad de matar. Así es como la llegada de los gatos a varios ecosistemas hasta entonces aislados terminaron con especies autóctonas, como ocurrió en las Islas Fiji con las desaparecidas lagartijas Emoia.

En la actualidad, los animales domésticos deben tener pocos motivos de queja: han acompañado a la humanidad a pesar de que ya no resultan tan imprescindibles como antes gracias a la aparición de alarmas contra robos, humeé para las ratas, cada vez menos rebaños y graneros. De hecho, la vida de los animales domésticos ha pasado a ser, en muchos casos, casi tan burguesa como la de sus dueños, con alimentos balanceados, paseadores, peluquerías e incluso ropa. Y aún más, si las comodidades de la nueva vida les generan mucho estrés, ahí están los psicólogos para perros que, para tratarlos, llegan a cobrar varios cientos de dólares la sesión.

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