futuro

Sábado, 10 de enero de 2009

HOMENAJE A THOMAS HARRIOT Y SU TELESCOPIO

El otro

 Por Esteban Magnani

En casi toda la historia de la ciencia hay un otro. Charles Darwin tuvo su otro, el que casi llegó al mismo punto pero le faltó una pieza del engranaje de la evolución, Alfred Wallace. El indiscutible Isaac Newton tuvo su fuerte disputa con Gottfried Leibniz por el cálculo infinitesimal, a quien, aseguró, no le había pedido los hombros para ver más lejos. Hasta el genial Nicolás Copérnico tuvo su antecesor, el griego Aristarco de Samos, que 18 siglos antes y sin tantos fundamentos atisbó el camino de la teoría heliocéntrica. El gran Galileo Galilei no es la excepción.

EL HOMBRE SIN SOMBRA

El británico Thomas Harriot (1560-1621) era uno de esos científicos de otra época que casi ya no se consiguen: sabía sobre astronomía, matemáticas, etnografía, además de hacer traducciones. Incluso, luego de recibirse en Oxford y con sólo 25 años, a la manera de Darwin, fue el encargado del aspecto científico –sobre todo cartográfico– de una expedición a Virginia, actual EE.UU. El viaje también lo llevó a publicar por única vez en su vida sus investigaciones, en este caso antropológicas y etnográficas antes de que tales disciplinas existieran. Pero fue probablemente en matemáticas en lo que más descolló en su época.

UN CIENTIFICO CURIOSO

Como buen científico interesado por la tecnología aplicable a las ciencias, parece haberse enterado de la invención del telescopio apenas éste vio la luz, según se cree, en 1608, ya que en 1609 dirigió su telescopio (de seis aumentos) hacia la Luna y detectó y dibujó por primera vez su irregular superficie. Esta imagen del científico es la que más perdura en nuestros días. En 1610 también descubrió algunas manchas solares, también imposibles según la cosmología aristotélica, que imaginaba perfectos a los cuerpos celestes.

Harriot era desde hacía tiempo un copernicano confeso, lo que seguramente no generaba mucho problema en una Inglaterra mucho más liberal que la península itálica de Galileo. Este último daría a conocer sus observaciones, similares a las de Harriot, en 1610 y continuaría mejorando el telescopio para ampliar su calidad y potencia, algo bastante difícil con los medios técnicos de su época.

LLEVARSE EL REDITO

Son muchas las razones por las que uno solo de ellos pudo llevarse el rédito por estos descubrimientos en lo que concierne a la historiografía científica aceptada, pero probablemente se destaque el rol que tenían en sus sociedades e incluso, paradójicamente, la difusión que generó la fuerte resistencia de la iglesia católica contra el hombre de Pisa. Por otro lado, mientras Galileo era un profesor de cierto prestigio y un gran divulgador científico avant la lettre, Harriot vivía una confortable vida burguesa a la sombra de un personaje de cierto peso político de su época. No estaba interesado, probablemente, en hacer carrera ni en transformarse en un prestigioso científico.

Galileo en cambio hacía de la difusión de sus descubrimientos una tarea en la que ponía especial interés y los juicios sucesivos en su contra le dieron mayor repercusión al tema. Los dibujos y apuntes de Harriot, en cambio, no fueron publicados hasta el siglo XIX.

Así es como Harriot se transformó en uno más del selecto grupo de “los otros” en una forma de concebir la historia que ama tener un protagonista y varios actores de reparto, algo que ocurre raramente en la realidad. Vaya aquí nuestro homenaje, en esta celebración de Galileo.

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Imagen: Museo di Storia della Scienza
 
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