futuro

Sábado, 2 de mayo de 2009

LIBROS Y PUBLICACIONES

 Por Martin Elffman

Darwin. La historia de un hombre extraordinario
Tim M. Berra
Tusquets editores
139 páginas e ilustraciones

Es cierto que el año darwiniano amenaza invadirnos con exposiciones, conferencias, charlas, muestras, mesas redondas. Pero si aceptamos el axioma, del que parte Berra, de que Darwin fue “uno de los hombres más importantes que han vivido nunca” y la Teoría de la Evolución “la idea más importante surgida de la mente humana” (tal vez un poco exagerada), no es posible dejar de sumarse a este éxtasis evolutivo y publicar una reseña de este breve libro, una suerte de historia de vida hecha a pincelazos y concebida como arma de lucha contra los “fundamentalistas contrarios a la evolución” para quienes Darwin es mala palabra.

Pequeña crítica para hacer: hoy en día resulta un poco anacrónico escribir un libro sobre Darwin dedicado a refutar a los creacionistas. De 1859 a 2009 ya pasaron 150 años: 150 años que sirvieron para que la Teoría de la Evolución, sin lugar a dudas una de las teorías más revolucionarias de la historia, se instalara como soberana en el campo de la biología (gracias a los aportes de la genética y muy a pesar de los embates religiosos) y guiara las investigaciones en medicina, agricultura y biotecnología.

Acompañado de una gran cantidad de ilustraciones, muchas de ellas innecesarias, Darwin. La historia de un hombre extraordinario no es tanto un libro de divulgación como una biografía (¡o una hagiografía!) que explora las relaciones personales que estableció Don Charles a lo largo de su vida. Es imperdible, para entender el complejo pensamiento racional darwiniano y de paso acercarse un poco a su intimidad, revisar la lista de ventajas y desventajas sobre el casamiento esbozada por él antes de solicitarle matrimonio a su prima (capítulo VI).

Una de las más bellas anécdotas que se narra tiene el exquisito sabor de lo paradojal: cuando al joven Darwin le ofrecen subirse a bordo del Beagle para circunnavegar el globo (viaje que serviría como punto de partida para sus pensamientos evolutivos), el capitán Fitz Roy, basándose en los prejuicios de la frenología, lo rechaza: la forma de su nariz revelaba una supuesta debilidad congénita para los viajes largos. Suerte que el capitán aceptó las razones de Darwin y se arrepintió, dejándolo embarcarse. Si no fuera por eso, una disciplina destinada a desaparecer en pocos años habría terminado por atrasar la formulación de una de las teorías más importantes, productivas y completas de la historia de la humanidad.

El libro de Berra, si bien no agrega mucho a lo ya conocido, puede servir para revisar ciertos aspectos pintorescos de la vida de Darwin.

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