futuro

Sábado, 21 de noviembre de 2009

Por qué no hay vacunas y por qué habrá

Por las características del dengue, una solución a medias sería mucho peor que la enfermedad. Sólo una tetravalente resolvería prácticamente el problema, y se la está buscando desde la década del 80. Actualmente hay dos fuertes candidatas.

 Por Marcelo Rodriguez

Fabricar vacunas contra el dengue es una tarea que tiene (¿tuvo?) sus complicaciones.

La principal de ellas es la característica de la enfermedad, que en general no asume formas graves en la primera infección, pero sí en las sucesivas reinfecciones con serotipos diferentes del virus. El riesgo de dengue hemorrágico, que es la forma potencialmente mortal del dengue, aparece una vez que la persona ya ha tenido dengue al menos una vez antes.

Los anticuerpos producidos por una primera infección protegen de por vida contra el mismo serotipo –”serotipo autólogo”–, pero ante uno diferente –”heterólogo”– aparentemente se generan complejos de interacción que facilitan el acceso del “intruso” a las células, y activan a ciertos linfocitos T para que produzcan citoquinas y otros mediadores químicos que inducirán un aumento de la permeabilidad vascular, escapes de plasma de los vasos sanguíneos y problemas en la coagulación de la sangre, y con esto, la forma grave de la enfermedad.

El caso es que lo mismo podría sucederle a quien se infectara después de haber recibido una vacuna –hablamos por ahora en términos hipotéticos– contra algún otro serotipo del virus, que al fin y al cabo genera anticuerpos, de la misma forma que si la persona hubiese tenido la enfermedad. Por eso, una posible vacuna que no protegiera al organismo contra todos los serotipos virales del dengue sería peor remedio que la enfermedad: aumentaría el riesgo de que la persona sufriera dengue hemorrágico a la primera picadura, cosa que no ocurriría si la persona no hubiese sido inoculada con esa (por ahora, hipotética) vacuna.

Hay cuatro serotipos del virus dengue: DENV-1, DENV-2, DENV-3 y DENV-4. Todos están presentes en el área tropical del continente, todos encuentran su perfecto hábitat en las entrañas del mosquito Aedes aegypti, y todos tienen la misma potencialidad de producir la enfermedad en los seres humanos, tanto las formas leves como las graves. Una vacuna contra el dengue debería ser, por lo tanto, tetravalente.

EL INTRUSO

Los virus del dengue son virus de ARN, aunque tal vez no tenga demasiada significación particular el hecho de que estos organismos parásitos no tengan su material genético en forma de ADN sino en una molécula de cadena simple.

En realidad el virus no es mucho más que esa hebra de ARN recubierta por una proteína. En su laboratorio del Instituto Leloir de Buenos Aires, la investigadora Andrea Gamarnik descubrió que para entrar en las células humanas la cadena de ARN del virus del dengue adquiere una forma circular. Cuando eso sucede, se activa el mecanismo genético que interactúa con la polimerasa de la célula y hace que, en lugar de replicarse el ARN de la célula, comience a replicarse el del virus.

Son justamente las bases de ambos extremos del ARN las que se unen para darle al virus, una vez en el interior del citoplasma, esa capacidad de poner a la célula bajo su gobierno y hacer que ésta se convierta en una máquina de reproducir virus.

El mecanismo es clave porque, al conocerse cuál es la parte del virus que le confiere esa capacidad reproductiva, puede saberse entonces cómo modificarlo para tener otros virus del dengue que, puestos en el organismo, activen al sistema inmunológico para que produzca anticuerpos que le den inmunidad. De hecho, cuando una persona se infecta con el dengue eso sucede, pero la capacidad reproductiva del intruso puede ser más fuerte, y eso provoca la enfermedad.

Al inocular virus más débiles (atenuados), sin capacidad de reproducción, el organismo puede producir los anticuerpos necesarios pero sin el riesgo de que el virus gane la batalla. Es el principio racional de funcionamiento de las vacunas.

LAS CANDIDATAS

Las vacunas contra el dengue se están buscando desde la década del 80. Los mecanismos con que se lo intentó fueron varios, y las pruebas, muy arduas. Por el problema mencionado de la necesidad de que cubra los cuatro serotipos, fue necesario trabajar con cada uno de ellos para lograr formas de atenuación al azar y por técnicas de screening, ya que los mecanismos específicos por los cuales se replica se conocieron recientemente.

Hoy existe alrededor de una decena de candidatas en danza, pero la Iniciativa para la Vacuna Pediátrica del Dengue, avalada por el Instituto de Investigación en Vacunas de la OMS, les reconoce las mayores chances a dos de ellas, y de hecho son las que están en etapas más avanzadas de investigación clínica. Ambas son vacunas tetravalentes en base a virus atenuados.

Una de ellas está siendo desarrollada por el laboratorio francés Sanofi Pasteur en colaboración con la Universidad de Mahidol, en Tailandia. Es en ese país del sudeste asiático donde se iniciaron en febrero las pruebas clínicas de eficacia y seguridad de esta vacuna, que generó un clima muy auspicioso en la última Cumbre Mundial del Dengue (NITD), hecha en Manila entre agosto y septiembre pasados.

Esta vacuna es literalmente una “quimera”, ya que con esta palabra se conoce al tipo de virus vivo atenuado que se utiliza. No contiene cuatro serotipos, sino que se trata de un virus artificial que combina características genéticas de los cuatro serotipos existentes.

Las pruebas con esta quimera ingresan en su etapa más difícil, porque en caso de que arroje resultados aceptables de eficacia y seguridad, será necesario confirmar mediante estudios multicéntricos (es decir, realizados en varios lugares del mundo) que esas características sean uniformes en toda la población mundial en riesgo potencial, cualquiera sea el tipo predominante del virus que desencadene una determinada epidemia de dengue.

Cada vez es más difícil que los científicos quieran aventurar plazos, aunque en el mundo de las finanzas es imprescindible dar plazos. Las versiones más optimistas surgidas de la Cumbre en Filipinas indicaron que para 2011 o 2012 ya estaría disponible la vacuna contra el dengue.

Otro de los laboratorios que cuentan con un proyecto avanzado de vacuna tetravalente en fase II de investigación clínica es GSK, que acaba de firmar con el Fiocruz de Brasil un acuerdo para desarrollar y fabricar en este país latinoamericano vacunas contra el dengue combinadas con las del neumococo, una bacteria que causa meningitis, encefalitis, otitis, neumonías y otras infecciones respiratorias, y cuyas vacunas actuales son todavía demasiado caras como para ser suministradas a toda la población que la necesita.

De hecho éste parece ser un punto central una vez que se demuestre la eficacia de las vacunas que hoy están en desarrollo: si cuestan entre 50 y 100 dólares la dosis, como suele pasar con cada nueva vacuna que sale al mercado, la solución que la vacuna podría representar para el problema del dengue será solamente teórica.

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EL MECANISMO ES CLAVE PARA CONOCER CUAL ES LA PARTE DEL VIRUS CON ESA CAPACIDAD REPRODUCTIVA.
 
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