futuro

Sábado, 7 de enero de 2012

A PROPOSITO DE UN ESTRENO

La ciencia de Tintín

En la década del ’50 se publicaron, primero en entregas y luego en forma de álbum, las aventuras de Tintín rumbo a la luna: Objetivo: la Luna y aterrizaje en la Luna. Eso ocurría no sólo antes de las misiones Apolo, sino aun antes del lanzamiento del Sputnik, el primer satélite artificial. El estreno de la película de Tintín es un buen motivo para poner el ojo científico sobre estas dos aventuras.

 Por Claudio H. Sanchez

Georges Remy (a) Hergé, autor de Tintín, siempre se caracterizó por el realismo que ponía al escribir e ilustrar sus historias. Y el relato del viaje a la luna de Tintín se destaca especialmente por la precisión en los detalles técnicos y científicos relacionados con el funcionamiento de una nave espacial. Por ejemplo, el profesor Tornasol explica que el cohete funciona gracias a un motor atómico inventado por él. Pero, sabiamente, aclara que se dispone también de un motor auxiliar, convencional, para las maniobras de despegue y aterrizaje. De lo contrario, la radiactividad contaminaría irremediablemente las zonas de partida y llegada. Aunque no existen cohetes de propulsión atómica, si existieran, debería tomarse precauciones similares a las previstas por el profesor. Se sabe que Hergé leyó, para documentarse, obras de divulgación como La conquista del espacio, de Willy Ley, libro muy popular en esos años.

ALGUNAS CURIOSIDADES

Cuando describe el cielo lunar, Tintín comenta que las estrellas son mucho más numerosas y brillantes que en la Tierra, debido a la ausencia de atmósfera y polución lumínica. También dice que esas estrellas se ven “inmóviles, congeladas, sin ese titilar que, en la Tierra, las hace parecer tan vivas”. Y es así: las estrellas titilan cuando las vemos desde la Tierra por las perturbaciones que produce la atmósfera.

Hay otros detalles menos correctos, como cuando, en el medio de la travesía, el cohete se encuentra con el asteroide Adonis. Aunque existe un asteroide con ese nombre, descubierto en 1936, nunca se aproximó tanto a la Tierra como para interponerse entre ésta y la Luna. A su tiempo, tanto el capitán Haddok como el propio cohete están a punto de convertirse en satélites de Adonis, debido a su atracción gravitatoria. Sin embargo, la masa de Adonis es insuficiente para producir ese efecto. En cualquier caso, podemos tomar esto como una licencia para hacer más interesante el relato.

Poco después, se produce otro encuentro (o casi) con un meteorito. El cohete está a punto de chocar, pero lo evita gracias a un dispositivo de control automático, creación del profesor Tornasol. Tal vez Hergé se inspiró en Julio Verne que, en Alrededor de la luna, incluyó también el encuentro cercano (y casi colisión) con un asteroide.

DIFERENCIAS Y ACIERTOS

Los tripulantes de una nave espacial real se encuentran en estado de ingravidez, flotando de aquí para allá. Pudimos verlo en la película Apollo XIII y lo vemos también en las transmisiones que nos llegan de la Estación Espacial Internacional. En la nave diseñada por el profesor Tornasol, por el contrario, los tripulantes caminan normalmente, suben escaleras, se sientan. Se comportan como si estuvieran bajo los efectos de la gravedad, salvo en algunas escenas, casi siempre ligadas a algún accidente. Por ejemplo, cuando Dupont (¿o es Dupond?) engancha una palanca con su bastón y apaga el motor atómico. Entonces el profesor explica que, gracias a la aceleración constante que el motor le imprime al cohete, se crea una especie de gravedad artificial.

Efectivamente, gravedad y aceleración son fenómenos equivalentes. De hecho, esa es una de las bases de la teoría general de la relatividad enunciada por Einstein en 1915. Nosotros experimentamos esta equivalencia al subir en un ascensor: cuando el ascensor arranca, nos sentimos momentáneamente presionados hacia abajo. Durante el breve instante que dura la aceleración, nuestro peso aumenta ligeramente debido a la gravedad adicional que provee esa aceleración.

Para que esa gravedad artificial se mantenga a lo largo de toda la travesía, el cohete no puede dejar de acelerar en ningún momento, alcanzando velocidades mucho mayores a las reales. Un cohete como el Saturno V (el que impulsaba a las naves Apolo) funciona sólo durante unos minutos. La mayor parte del viaje se realiza gracias a ese impulso inicial y a la gravedad lunar que atrae la nave a su destino. Una aceleración similar a la de la gravedad terrestre, mantenida durante todo el trayecto, les permite a Tintín y sus amigos llegar a la Luna en sólo cuatro horas, contra los cuatro días que demoraban las misiones Apolo.

DATOS

Distintos comentarios que aparecen en el relato, acerca de velocidades, posiciones y aceleraciones, son coherentes con el hecho de que la nave acelera todo el tiempo para simular la gravedad terrestre. Por ejemplo, poco después de que los tripulantes descubren a bordo a Dupont y Dupond, el centro de control informa que el cohete se encuentra a 8000 kilómetros de la Tierra y con una velocidad de 11 kilómetros por segundo. Puede calcularse que, si suponemos una aceleración constante, eso ocurriría aproximadamente a los 25 minutos de vuelo. Y, justamente, poco antes el capitán había dicho que eran las dos de la mañana y que el cohete partió a la 1.34. O sea, unos 25 minutos antes.

Informaciones sobre velocidad y posición se repiten un par de veces más a lo largo del viaje. Y, en todos los casos, las cifras mencionadas son coherentes con las leyes de la física.

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