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Sábado, 28 de enero de 2012

La búsqueda febril de la “otra” Tierra

 Por Pedro Saizar

En los días previos a la celebración navideña, se anunció el descubrimiento de dos nuevos planetas “extrasolares”, es decir, que giran alrededor de otras estrellas, lejos de nuestro Sistema Solar. Pero la novedad no es ésta. Después de todo, desde hace más de una década se vienen encontrando planetas extrasolares. Lo significativo es que se trata de los planetas más parecidos a nuestra Tierra descubiertos hasta la fecha.

Estos nuevos mundos forman parte de un sistema de al menos cinco planetas que giran en torno de la estrella Kepler 20, ubicada a unos 1000 años luz de nuestro Sol en dirección a la constelación de Lira. El sistema fue descubierto por el telescopio orbital Kepler de la NASA. De los cinco planetas, los llamados Kepler 20e y Kepler 20f tienen masas muy similares a la Tierra: un 13 por ciento menos y un 3 por ciento más, respectivamente.

El hallazgo es importante. François Fressin, del Harvard-Smithsonian Center for Astrophysics (EE.UU.), principal autor del trabajo, dijo que “el descubrimiento demuestra por primera vez la existencia de planetas del tamaño de la Tierra alrededor de otras estrellas y que somos capaces de detectarlos”. Esto último no es falsa modestia. Es que, para descubrir las minúsculas señales que revelan la presencia de estos cuerpos, los astrónomos deben exigirle a la tecnología todo lo que ésta pueda dar.

UN MOSQUITO Y UN FAROL (O COMO DETECTAR UN EXOPLANETA)

Existen varias maneras de detectar planetas extrasolares. Una de ellas consiste en observar el tránsito del cuerpo frente a su estrella, es decir, cómo pasa frente a su Sol, provocando un pequeñísimo eclipse. Para ello es necesario que la órbita del planeta lo lleve a pasar frente a su estrella vistos desde la Tierra. En muchos casos, los planetas pueden pasar inadvertidos por la ausencia de esta alineación; pero, en tal caso, hay otras técnicas disponibles.

Las variaciones en el brillo de la estrella causadas por estos eclipses son realmente minúsculas. Para comprenderlo, imaginemos que alguien en Buenos Aires intenta medir el oscurecimiento provocado por un mosquito que se cruza frente a una luminaria en una plaza... ¡de Mar del Plata! (Obviamente, la curvatura de la Tierra y la presencia de edificios y árboles haría impracticable esta observación, pero éstos no son obstáculos en las observaciones astronómicas.)

Esto es lo que el observatorio Kepler busca medir y para ello tiene una capacidad de observación enorme. Su lista de objetos a observar alcanza las 150 mil estrellas y para cada una envía datos sobre su brillo cada 30 minutos. Además, al estar fuera de la atmósfera, las estrellas no están afectadas por el “titilar” provocado por el aire. En suma, el satélite proporciona una gran cantidad de datos de alta precisión: un “paraíso” para la ciencia. De hecho, los datos son tantos que se ha organizado un sitio en Internet para que cualquier persona pueda ayudarlos a descubrir estas pequeñas variaciones. En www.planethunters.org, luego de un breve tutorial (en inglés), uno puede unirse a miles de voluntarios buscadores de planetas.

LOS CANDIDATOS MAS FIRMES

La búsqueda de planetas extrasolares llevó gran parte del siglo XX, pero sólo a partir de la década del ’90 los astrónomos dispusieron de instrumentos suficientemente precisos. Así, en 1995, los astrónomos suizos Michel Mayor y Didier Queloz anunciaron al mundo que el primer exoplaneta confirmado giraba en torno de 51 Pegasi, una estrella a casi 50 años luz de la Tierra. Luego, el avance de la tecnología facilitó las detecciones y en los últimos años el ritmo de descubrimientos se ha ido acelerando significativamente.

Actualmente hay más de un centenar de programas de búsqueda en observatorios alrededor del mundo y desde telescopios espaciales. Hasta fines del año pasado se detectaron algo más de 700 exoplanetas, y hay una larga lista de candidatos todavía en proceso de verificación.

La motivación es comprensible, ya que hay varias preguntas que esperan una respuesta: ¿qué fracción de las estrellas tienen sistemas solares y dónde están? ¿Cuán frecuentes son los planetas como nuestra Tierra? ¿Hay vida en ellos?

La mayoría de los descubiertos hasta ahora son totalmente diferentes al nuestro. Por un lado, son demasiado grandes, más parecidos a Júpiter o a los otros planetas gigantes del Sistema Solar. Son mundos sin superficies sólidas y compuestos de gases licuados por la tremenda presión del interior. Por el otro, yacen demasiado lejos o demasiado cerca de sus “zonas de habitabilidad” (ver aparte), lo que los convierte en mundos demasiados calientes o fríos para sostener formas de vida como la conocemos.

Según el Laboratorio de Habitabilidad Planetaria de la Universidad de Puerto Rico, de los 716 exoplanetas descubiertos, 84 están en sus zonas habitables para sus respectivas estrellas, y de ellos sólo dos pueden ser considerados “terrestres”.

Los dos candidatos se denominan HD85512b y Gliese 581d y fueron descubiertos en 2011 desde el Observatorio La Silla, en Chile. Ambos son bastante más grandes que la Tierra (4 y 7 veces su masa, respectivamente) y, por lo tanto, sus gravedades son mayores que la del nuestro. Las observaciones sugieren que la temperatura promedio en estos mundos sería de unos +65º C y -65º C, respectivamente. En estas condiciones de temperaturas extremas y altas gravedades, los investigadores suponen que en el mejor de los casos podrían sostener vida microbiana.

LOS PLANETAS KEPLER

Los planetas Kepler 20e y 20f, en cambio, se parecen más a la Tierra, pero están demasiado cerca de su sol central y, por lo tanto, lejos de la zona de habitabilidad.

¿Podrían en todo caso contener extrañas formas de vida, capaces de soportar condiciones muy diferentes a las de nuestro planeta? Una pregunta razonable: después de todo, hay peces que viven a enormes profundidades, en forma casi independiente del Sol y del aire atmosférico. Es posible que haya formas de vida muy exóticas, pero nadie lo sabe aún. En general, los científicos avanzan con cautela, apoyándose en lo que conocen para explorar lo desconocido. El hallazgo de estos “primos” de la Tierra es un primer paso. Habrá que buscar más. Otros científicos, además, buscan desde hace años indicios de vida inteligente mezclados en las señales de radio (de fuentes naturales) que nos llegan desde el espacio exterior.

En suma, 2012 comienza sin planetas conocidos que cumplan al mismo tiempo ambas condiciones: tener un tamaño y estructura similar a la Tierra y orbitar dentro de su zona habitable.

La búsqueda continuará este año. Al tener un mapa con la ubicación de potenciales planetas terrestres, los exobiólogos (científicos que buscan vida fuera de la Tierra) podrán dirigir parte de sus esfuerzos hacia estos mundos. Aunque es importante recordar lo siguiente: el descubrimiento de planetas con características muy similares al nuestro, incluso con aire, agua y temperaturas adecuados, no implica necesariamente que esos mundos estén habitados.

Pero habrá, sin duda, una enorme motivación para buscar la evidencia que potenciales formas de vida puedan dejar en sus suelos o atmósferas. Esto también es razonable, a juzgar por las huellas que la actividad de nuestra civilización viene dejando en su propio planeta.

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LOS PLANETAS “TERRESTRES” DE KEPLER 20 (INTERPRETACION ARTISTICA), COMPARADOS CON LA TIERRA Y VENUS.
Imagen: Cortesia NASA/JPL
 
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 indice
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    ASTRONOMIA: NUEVOS PLANETAS EXTRASOLARES
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    Por Pedro Saizar
  • LOS PRIONES: AGENTES INFECCIOSOS NO CONVENCIONALES
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    Por Jorge Forno

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