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Sábado, 21 de mayo de 2005

LIBROS Y PUBLICACIONES

Libros y publicaciones

HIJOS DE UN TIEMPO PERDIDO
La búsqueda de nuestros orígenes
José María Bermúdez de Castro
Ed. Crítica/Planeta
361 páginas

 Por Federico Kukso

El pasado tiene su propia fuerza ontológica. Desde que el ser humano entró en conjunto en lo que vino a llamar civilización –que le permitió mezclar en su vida un poco de ocio con las labores diarias–, los tiempos remotos siempre le robaron la atención. Estirando los términos genéticos, se podría decir que la ferviente necesidad de información sobre los ancestros (su aspecto físico, su biología, sus hábitos cotidianos, su organización social) anida en el mismo ADN de la especie. El impulso está ahí, a la espera de ser escuchado y seguido. La arqueología, ciertamente, nació con ese fin: dar con las piezas faltantes del rompecabezas evolutivo humano, siempre fecundo e incompleto. En tan sólo cien años, este siempre romántico campo científico desempolvó miles de esqueletos, llenó huecos bibliográficos, y –lo mejor– pobló el hasta entonces famélico árbol histórico de la humanidad con figuras –en apariencia– de lo más extrañas: Australopithecus afarencis (con la atractiva Lucy), Homo ergaster, Homo habilis, Homo erectus, Homo georgicus, Paranthropus aethiopicus, Homo erectus, Homo neanderthalensis, y finalmente nosotros, ejemplares de Homo sapiens. La familia es tan grande que hacía falta una especie de guía telefónica de la arqueología. E Hijos de un tiempo perdido, en efecto, lo es: el libro del español José María Bermúdez de Castro pone un poco de orden en el panorama y cataloga cada una de estas figuras en su lugar en el tiempo, con suma atención en su dieta, sus cambios morfológicos y los primeros y tibios esfuerzos tecnológicos.

Y no sólo eso: a través de amenas ilustraciones, introduce al lego en la veta metodológica de esta ciencia, desde cómo armar un laboratorio de campaña, cuáles son los mejores métodos de excavación y hasta en qué consisten las últimas técnicas de datación, para no confundir gato por liebre o tío por abuelo.

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