futuro

Sábado, 29 de julio de 2006

LIBROS Y PUBLICACIONES

 Por Federico Kukso

INTERNET, EL EXTASIS INQUIETANTE
Alain Finkielkraut y Paul Soriano
Libros del Zorzal, 96 págs.

Con la implosión de Internet en la vida cotidiana y su coronación como tamiz de comunicación inesquivable, lo que se perfilaba como estático, inamovible, no abierto a la discusión se sacudió. Las coordenadas del tiempo y del espacio perdieron esa seguridad incuestionable que ganaron con los siglos para mutar a toda velocidad en algo más, en “otra cosa”. En una época en la que los eslogans de la revolución digital no permiten negativas, en el que se levanta un mundo multimedia único al que nos incitan a amar, la omnipresencia tan hablada de Internet –aquel medio de comunicación masivo más adaptado a la ideología que preconiza el fin de la Historia y la desaparición de las fronteras– se florea en elogios y auspicios de felicidad. El escenario abierto es tan confuso, tan bombardeado por estímulos mediáticos, que sospechosamente las críticas a este modelo de información –modelo de vida, modelo de sensibilidad impuesto por una nueva pedagogía– no llegan a la superficie y terminan perdidas en el olvido.

Por eso toda iniciativa nueva, toda apuesta a pensar diferente, a ver los fenómenos ocultos que incitan a poner en tela de juicio discursos naturalizados (la era de la comunicación instantánea pero también la de la rastreabilidad universal y del control continuo) solicita a gritos un poco de atención. Es el caso de Internet, el éxtasis inquietante, un libro chiquito –de aquellos que uno al terminar de leer pide más– que reproduce un debate debido: el que tuvo como protagonistas a los franceses Alain Finkielkraut (escritor, profesor de filosofía de la École Polytechnique) y Paul Soriano (administrador del capítulo francés de la Internet Society), invitados por la Fundación, también francesa, “2 de Marzo” para cruzar opiniones sobre la mayor tecnología creada en los tiempos de la globalización.

La discusión –entendida como un ida y vuelta de opiniones y no como choque irreconciliable de opiniones– está dividida en tres partes: en la primera Finkielkraut expone su punto de vista; en la segunda se reproduce una entrevista a este pensador francés; y en la tercera se deja espacio a Paul Soriano. Si bien las posiciones se muestran como opositoras, en verdad en lo único en lo que difieren es en el grado de confrontación. Finkielkraut, por ejemplo, resalta la resistencia de pertenecer a un colectivo transgeneracional (la “generación Internet”), aplaude la dura tarea de no vivir conectado, y advierte sobre el peligro totalitario de una base de datos en la que todos los individuos están clasificados y fichados. Para eso también acuña conceptos nuevos como el de “libertad fatal”: la del navegante que, embriagado de una suerte de poder total –poder circular, poder escuchar, poder ver–, se convierte en esclavo de su voluntad, en el rehén de su deseo.

Soriano, en cambio, sin caer en la perspectiva de un mundo orwelliano, analiza la falsa disyuntiva “sueño de felicidad planetario”/”terror frente al Apocalipsis”, cómo el mundo en red cambia nuestra experiencia del tiempo (la desaparición de “tiempos muertos”, la idea de estar “siempre disponibles, siempre accesibles”) y, por sobre todas las cosas, subraya la veta antropológica de la revolución: cómo la vida en red afecta nuestra experiencia íntima con los fundamentos de la existencia humana tales como la memoria, la identidad, las instituciones y aquello cada vez menos firme: “lo real”.

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