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Sábado, 8 de enero de 2005

NOVEDADES EN CIENCIA

Novedades en ciencia

¿LA SEÑAL? [ASTRONOMY]
El año pasado el poderoso radiotelescopio de Arecibo en Puerto Rico detectó una señal. No era una señal cualquiera, de las miles que recibe por día en su búsqueda estoica de vida inteligente fuera de la Tierra. En este caso, el punto de origen era algún lugar en el espacio profundo entre las constelaciones de Piscis y Aries, a 1000 años luz de distancia. El nombre que le asignaron nada poético, hay que reconocer es el de SHGb02+14a y ya la detectaron diferentes grupos de investigadores en forma independiente. Y todos coinciden: no tiene precedentes. Es que SHGb02+14a, al parecer, es única en su tipo. Sorprendentemente, cumple por ahora al pie de la letra todas las características de la comunicación artificial, inclusive la persistencia de patrón, ausente en la naturaleza.
Enterados del asunto, cientos de astrónomos amateur se agolparon en las puertas del Instituto Seti en California (Estados Unidos) y se sumaron al rastrillaje. Ningún científico que se quiera llamar serio se animó por el momento a convocar a las cámaras de la CNN y anunciar con una sonrisa en el rostro que encontró una señal artificial. Todavía no.
Es que, finalmente, puede resultar ser un estrepitoso fraude, estática de fondo de un fenómeno desconocido o un eco producido por los mismos instrumentos utilizados para rastrillar 10 mil millones de galaxias. O la broma más elaborada de la historia capaz de hacer trizas las esperanzas más vanas.


LAS PECAS DE SATURNO [NewScientist]
Parece, sólo parece, pero no es la gran mancha roja de Júpiter. Se trata de lo que podría llamarse “la gran mancha de Saturno”, pero nadie se aventuró todavía a pronunciarse sobre el asunto. En realidad, la mancha en cuestión es mucho más chica que la joviana y en una puntillosa comparación no se mantiene en pie ni un solo round. Sin embargo, llama la atención: al fin y al cabo desde la Tierra, el planeta de los anillos se muestra casi liso y sin imperfecciones en su apariencia. Pero a la Cassini, la nave del momento, nada se le escapa. Y menos esta gran tormenta de vientos que gira y gira como un óvalo gigante en el hemisferio sur. No son menos llamativos los “cinturones oscuros” y zonas brillantes que se ven en la imagen de Saturno, tomada el 6 de diciembre último desde unos 3.3 millones de kilómetros.
En Júpiter, en cambio, la gran mancha roja que también está por debajo del Ecuador presenta una rotación contraria a la de las agujas del reloj.
Sin embargo, las manchas de Saturno no son del todo nuevas. Fenómenos similares se observaron –a través de telescopios– en 1876, 1903, 1933 y 1960. Es más: en septiembre de 1990 se observó una gran mancha blanca que tardó varios meses en desaparecer.
Mientras aguardan a que la navecita Huygens descienda el 14 de enero en Titán, la misteriosa luna saturnina envuelta en una espesa atmósfera anaranjada, los científicos se entretienen analizando una y otra vez esta gran tormenta. Entre sus intereses destaca el de observar la evolución y morfología de este fenómeno meteorológico extraterrestre para ver si su duración es mayor, menor o igual que la de las tormentas típicas saturninas. No sea que en Saturno llueva y nadie se entere.

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