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Sábado, 20 de agosto de 2005

FINAL DE JUEGO › FINAL DEL JUEGO

Donde se divaga un poco sobre el relativismo cultural

 Por Fernando Moledo

–Bueno –dijo el Comisario Inspector–. La verdad es que la historia de este chico guaraní con una cardiopatía congénita vuelve a poner sobre el tapete la cuestión del relativismo cultural. El tema es complejo e interesante y tiene una faceta que me parece alarmante y es ésta: la tendencia progresista a alinearse automáticamente en defensa de las identidades culturales sin mayor análisis, como si el respeto a las identidades culturales fuera un principio inviolable.

–Bueno –dijo Kuhn–. Es políticamente correcto.

–Ese es el asunto –dijo el Comisario Inspector–. Como bien sabe la policía, las culturas ancestrales y tradicionales están llenas de las lacras que plagan la vida moderna: opresión, tortura, falta de respeto a las libertades individuales, que por cierto no son ancestrales sino muy recientes.

–Eso es lo que decimos nosotros –dijo el embajador de Inglaterra– y es por eso que llevamos la libertad y el progreso a la India.

–Lo cual muestra las dificultades del problema –dijo el Comisario Inspector–. Por un lado, es absolutamente cierto que Inglaterra destruyó a la India y la sumió en el desastre; pero desde ya, la sociedad india, con su siniestro sistema de castas, era infinitamente más opresiva que la sociedad inglesa.

–Eso es lo que decimos nosotros –dijo el embajador de Inglaterra–. Infinitamente más opresiva.

–Y por otra parte, el respeto por las identidades culturales fue una política que, tradicionalmente, fue utilizada por la derecha para reforzar su opresión.

–Eso es lo que decimos nosotros –dijo el embajador inglés–. Para reforzar su opresión.

¿Qué piensan nuestros lectores? ¿Están de acuerdo con el Comisario Inspector? ¿Y a qué se debe la actitud un tanto incoherente del embajador inglés?

Correo de lectores

La estrategia del caracol

De las dos pseudosoluciones propuestas por Gustavo Soprano, la primera es la que yo había previsto: cada mañana el caracol se encuentra a dos metros de la manzana. Esa distancia se reduce a la mitad con el avance del caracol durante el día y vuelve a ser de dos metros cuando el árbol duplica su altura durante la noche.

Las objeciones mencionadas por Soprano son interesantes, pero hay que tener en cuenta que estos acertijos son ejercicios de lógica y matemática que, por una cuestión de amenidad, se redactan en términos de objetos concretos. En este sentido ni el caracol, ni el árbol ni la manzana son objetos comunes y corrientes sino ropas con las que vestimos entes ideales, como segmentos y puntos, para hacer más atractivo el acertijo.

Claudio H. Sánchez

Solucion política

El enigma planteado por Claudio Sánchez es interesante y las observaciones de Gustavo Soprano son atendibles. Podemos cambiar los parámetros del enigma sin alterar su espíritu, evitando las objeciones.

Imaginemos una cinta de material para ensayar su estiramiento. Sobre ella un bichito, y a un metro de él, algo que desea comer. El bichito durante la noche avanza un centímetro y durante el día la máquina de ensayo la estira en una cantidad igual a 1,01010101... Al final del día 100, ¿a cuánto estará el bichito de su comida?

Roberto Fedorovsky

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