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Viernes, 6 de mayo de 2016

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La mano que no mece la cuna

El 15 de julio del 2015 fue creado el Programa Qunita. La diputada porteña Graciela Ocaña denunció corrupción en la licitación y el INTA falencias en el diseño. Pero las cunas no se mejoraron, ni las compras se transparentaron. La entrega gratuita de cunas se cerró el 14 de abril del 2016 por una resolución del Ministerio de Salud. Sin embargo, los expertos aseguran que el reparto de lugares propios para un sueño seguro es una herramienta fundamental para evitar la muerte súbita de lactantes.

 Por Luciana Peker

Desde 1938 en Finlandia los bebés no vienen con un pan bajo el brazo, pero sí con una cunita, con una cunita, ropa, sábanas y juguetes. “El país en donde los bebés duermen en una caja de cartón”, se tituló un artículo de la BBC que recorrió el mundo y se publicó en La Nación, en el 2013. “Con el colchón en el fondo, la caja se convierte en la primera cama del bebé. Así, muchos niños tienen su primera siesta dentro la seguridad que brindan las paredes de cartón”, decía la nota. “Hubo un reciente informe en el que se asegura que las madres finlandesas son las más felices del mundo y la caja es una de las cosas que me vienen a la mente. Nos cuidan muy bien”, contaba Tita Vayrynen.

Con la idea puesta en el modelo finlandés –y en otros modelos similares de Chile, México y Perú e, incluso, de experiencias en Mendoza y Río Negro- la Argentina lanzó, el 15 de julio del 2015, el Programa Qunita con prioridad para las mujeres con Asignación Universal por Embarazo. La cuna, ropita, juguetes, set de porta bebé, cambiador, bolso materno, chupete, sonajero y libros para estimular el desarrollo temprano fueron parte de un kit de bienvenida que entre las abuelas se llamaba ajuar y entre las celebridades se importa como baby shower, pero para las que no tienen quien les teja, les regale o con que comprar se vuelve un espacio de cuidado. Se llegaron a repartir 74.000 kits en 289 maternidades seguras de todo el país.

Pero el cuidado no estuvo suficientemente cuidado: tuvo falencias, errores estructurales en la confección de la cuna y la bolsa de dormir para los bebés y denuncias por corrupción. Nada que hubiera que permitir para que las y los recién nacidos cerraran los ojos contenidos y seguros. Nada que no se pueda rever y mejorar para que las y los nuevos niños y niñas no pierdan derechos. Sin embargo, el Programa Qunita fue derogado, el 14 de abril del 2016, por una resolución ministerial de la Subsecretaria de Medicina Comunitaria Maternidad e Infancia del Ministerio de Salud de la Nación. Los únicos que no son privilegiados son los niños y las niñas.

La diputada porteña Graciela Ocaña, ex Directora del PAMI y ex Ministra de Salud denunció corrupción y sobreprecios en la licitación del Programa Qunita. Por esta causa fueron procesados el ex Jefe de Gabinete Aníbal Fernández y los ex Ministros de Salud Juan Manzur (actual Gobernador de Tucumán) y Daniel Gollán. Las objeciones no sólo giran en torno a presuntos sobreprecios. Los kit fueron retirados del mercado por ser peligrosos para los bebés, según un informe del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) porque no tenía instrucciones de uso ni advertencias de asfixia y sí presentaba bordes afilados, entre otras falencias. “El Programa contó desde sus inicios con un 0800 gratuito que recepcionaba llamadas para resolver problemas que pudieren surgir. Hasta noviembre de 2015 se recibieron 19.848 llamadas. No se ha recibido en el Programa quejas o reportes de accidentes o lesiones ocurridas por la utilización de los elementos del kit”, se defiende una ex autoridad sanitaria.

Actualmente las cunitas están apiladas en el Ministerio de Salud sin repartirse porque sostienen que pueden desfondarse con el peso. “Podrían usarse con la advertencia que son solo hasta los tres meses”, advierte sobre el desaprovechamiento una fuente médica que pide reserva de su identidad. O, por supuesto, licitar nuevas cunas. Mejores. Pero no acunar menos a los que vienen o están por venir.

“De una buena idea hicieron un negociado”, caratuló Ocaña. Y ejemplificó: “En el barrio de Once gastamos 4100 pesos por un kit de mayor calidad, cuando el Estado gastó más de 11.000 pesos”. Sin embargo, una alta fuente de la gestión anterior en el Ministerio de Salud contrarrestó: “Las cunas más caras salieron 7.800 pesos y, para que sirvan para fortalecer la red perinatal, tienen que ser entregables en la maternidad y, por lo tanto, deben ser livianas, portátiles y no precisar herramientas. Se buscó reducir la mortalidad post neonatal que es principalmente durante el sueño y estimular los controles”. De todos modos, si las cunas en Once eran más económicas y funcionales la gran pregunta es porque no se reemplazó la licitación cuestionada por otra más económica y tan fácil de conseguir como llegar hasta Corrientes y Pueyrredón. Y porque, en cambio, a Once solo van quienes pueden pagar una cuna y quienes no pueden se quedaron sin nada. Las/12 se comunico con Ocaña para consultar si está de acuerdo con el cierre del Programa Qunita pero no recibió respuesta.

¿Mejorar y transparentar o hacer desaparecer deseos y derechos? Las objeciones a la forma de contratación y al diseño elegido para la cuna no pueden privar a quienes nacen de un lugar seguro para dormir. “Que cada niño disponga de una cuna para dormir y así poder cumplir con uno de los requisitos del sueño seguro del lactante: cohabitación sin colecho nos parece una iniciativa oportuna y saludable”, sostiene el neonátologo y pediatra Alejandro Jenik especialista en muerte súbita del lactante.

El hacinamiento y la falta de espacio, de cunas, sábanas y camas son uno de los interiores más asfixiantes de las desigualdades argentinas. El colecho puede ser una opción entre clases medias que eligen dormir con sus hijos e hijas o, incluso, una pelea en el Bailando entre Paula Chavez –a favor- y Marcelo Tinelli –en contra-, pero cuando no se produce por opción, sino por falta de lugar e infraestructura la discusión solo se esquina en la inequidad y la falta de oportunidades. En la Provincia de Buenos Aires, en el 2013, tres de cada diez bebés que murieron fallecieron en su propia casa. No siempre por razones de salud, muchas veces por falta de espacios y muebles adecuados. La mitad de los bebés fallecidos en cuatro municipios del conurbano bonaerense, entre 2012 y 2013, no dormían en una cuna propia, según datos del Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires, a partir de sesenta y ocho entrevistas a padres de niños menores de un año fallecidos en su domicilio. El colecho sin opción no es una opción, sino un riesgo por hacinamiento. Y la cuna un piso de tranquilidad para poder elegir cómo dormir al bebé. Decidir libremente es una forma de ejercer la libertad de crianza. No tener espacio para que cada persona pueda dormir sin amontonarse o compartir sábanas es una forma de vulnerabilidad.

“Las causas de este incremento (de la mortalidad por colecho) consistirían en estrés térmico, aplastamiento del adulto sobre el niño, lo que impide su respiración, obstrucción de la vía aérea como consecuencia de la cabeza cubierta y/o la posición de costado. Además, el niño que comparte una cama con adultos no diseñada para su seguridad se expone a mayores lesiones accidentales y muerte provocada por sofocación, asfixia, entrampamiento de la cabeza, caída y estrangulación”, describe el documento “Consideraciones sobre el sueño seguro del lactante”, del Grupo de Trabajo en Muerte Súbita del Lactante, de la Sociedad Argentina de Pediatría que recomienda que los bebés duerman boca arriba, en un colchón firme y del mismo tamaño de la cuna.

El Plan Qunita también incorporaba un objeto que todavía no es masivo –y que presentaba irregularidades técnicas en su primera versión-: una bolsa de dormir para bebés. Sin embargo, si se mejora la confección, su ventaja es que impide que la cabeza del niño o niña quede cubierta con ropa de cama, permite movimientos libres, mantiene una temperatura ideal sin sobrecalentamientos e impide que el niño o niña se de vuelta de boca arriba a boca abajo precozmente y durante los meses de mayor riesgo del Síndrome de Muerte Súbita del Lactante.

El objetivo del Plan Qunita fue evitar la Muerte Súbita del Lactante que es la muerte inesperada de un bebé aparentemente sano, sin una causa evidente. En Argentina, en el año 2013, se registraron 275 defunciones de menores de un año, de acuerdo a datos de la Dirección de Estadísticas e Información Sanitaria (DEIS), del Ministerio de Salud de la Nación. No es posible dormirse en la prevención de las muertes evitables.

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