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Viernes, 10 de junio de 2016

ESCENAS II

Bajo un mismo techo

Enfrentadxs a una crisis social que recuerda mucho a nuestro presente, Nacho y Victoria son dos desconocidos que actúan sin piedad en Nerium Park.

 Por Alejandra Varela

Lo ven antes que el drama comience. La imagen de un hombre animado, saludando en el medio de la ruta, abre en Nacho ese lugar ácido del peligro. Victoria trata de prevenirlo pero ella también pudo notarlo un sábado a la noche cuando estaban a punto de hacer el amor y la cara gélida de un extraño se estampaba en la ventana de ese edificio de lujo desabitado, el reino que pudieron conquistar con una pileta, un camino de flores y la soledad como la figura transparente del desierto.

Bastó mencionar la posibilidad de un despido, una de esas reestructuraciones que tenían lugar en la empresa donde trabajaba Nacho, para que el intruso se convirtiera en un personaje.

Como en una trama realista el conflicto social se mete en la casa y toma la forma de un vínculo donde el amor se desfigura en la encarnación de dos lugares jerárquicos. Victoria es la encargada de recursos humanos que debe trazar el mapa de cesantías como si fuera el destino que hunde vidas a su antojo. Nacho, su marido, será el doble de sus víctimas, el ser errático que soportará las consecuencias de ese descarte, similar al que ella ejecuta.

El necesitará aliarse con el intruso que se sintió llamado por el desamparo suntuoso de Nerium Park, por esa torre que actuará como un contrincante vacilante, imagen encantada para alojar a la historia en un género que podría calificarse como terror económico.

Nacho hostiga a su esposa exitosa, a la mujer que todavía está integrada a un régimen que lo ha expulsado, con sus ejercicios nocturnos por el bosque y con esa ruptura con la noción de propiedad que expone casi como un deseo de perdición en el que Victoria no soporta caer.

Cuando Nacho habla de Sergio lo defiende y describe, disfruta del padecimiento que despierta en Victoria la certeza de comprobar que su marido se está convirtiendo en alguien demasiado similar a ese desahuciado que invade la baulera. Pero hay algo más. Sergio es la repetición de los seres que ella despide y la acción pasa a atenazar en la forma de una tortura psicológica. Todo lo que Nacho intenta naturalizar en los diálogos, Victoria lo destaca con colores de alarma. Los significados sobre lo real ya no son compartidos

No hay paz en el capitalismo, parece decir Josep María Miró. La culpa alcanza a enardecer las contradicciones en Victoria pero ella sabe que no puede ceder. Como en Muerte de un viajante, el objetivo de seguir perteneciendo al sistema está por encima de cualquier colaboración amorosa.

Los protagonistas son el resultado exacto de una composición política que nunca cuestionan. Nacho se deja ganar por la monstruosidad. La escritura dramática de Miró parece proponer a un hombre sin estrategias, que se dedica a una forma doméstica de venganza.

Los triunfos personales en el neoliberalismo se construyen a costa del desecho humano. La paradoja se enciende cuando Victoria y Nacho deben aceptar esas variables bajo el mismo techo. Si la obra da cuenta de un nuevo posicionamiento femenino en el rol de proveedora que asume Victoria, también la hace destinataria de un castigo porque todo en Nerium Park se define en el plano del individualismo. Una instumentalización actual de la obediencia y una rebelión que no puede ser encausada, que asume una dimensión sacrificial, autodestructiva, son posibles porque ya no existe la idea de comunidad. Únicamente el sueño estereotipado de habitar un barrio privado, alejado de la ciudad, irremediablemente vacío.

Nerium Park, de Josep María Miró, dirigida por Corina Fiorillo, con las actuaciones de Paula Ransenberg y Claudio Tolcachir, se presenta los jueves a las 17 y los domingos a las 19.15 en Timbre 4.

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