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Viernes, 14 de octubre de 2016

CINE

FICCIONES

El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares, con el sello de Burton, es la adaptación de un best-seller literario.

 Por Marina Yuszczuk

Hay algo muy hermoso en el origen de El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares, el best-seller del escritor estadounidense Ransom Riggs que ahora estrena su versión cinematográfica a cargo de Tim Burton: para contar la historia de un chico que accede a un mundo maravilloso procedente del pasado de su abuelo, y a través de los relatos que el viejo le contó como ficciones durante su infancia, Riggs se inspiró en algunas fotos viejas de su propia familia, y otras compradas a un coleccionista en un mercado de pulgas. De modo que lo fantástico en el libro -sobre un grupo de chicos con rasgos especiales como tener abejas adentro del cuerpo o la capacidad de prender fuego con las manos- funciona más bien como despliegue imaginativo de lo levemente extraño en esas fotos que como la construcción desde cero de un mundo distinto.

Me encanta el dato como modo de entrada a la novela porque todxs sentimos alguna vez, mirando fotos viejas, la nostalgia de un mundo perdido para siempre, o la curiosidad imposible de saciar por algún detalle (el principio de una historia) que la foto parecía estar a punto de revelarnos, solo que nunca lo hacía. Bueno, nada de todo esto queda en la película de Burton más que como alusión. Convertida en una franquicia que reconoce la existencia de ese origen coleccionista en algunas fotos que aparecen durante los créditos, pero casi desprovistas de sentido, El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares se parece demasiado a otras películas recientes como para dejar la huella de alguna, si me permiten, peculiaridad, que a una le haga sentir que está frente a algo diferente y no ante una nueva X-Men vintage, o un spin-off de Harry Potter.

La historia tal como la cuenta la película es más o menos así: Jake (Asa Butterfield, el ahora larguísimo protagonista de la preciosa Hugo) vive en Florida con sus padres, trabaja en un supermercado y no encaja ni en un colegio donde los compañeros le hacen bullying, ni en un hogar donde sus padres resultan demasiado realistas y mediocres. El abuelo (Terence Stamp) es en cambio ese personaje maravilloso que desde chiquito le abrió las puertas a un mundo menos estrecho, y cuando muere en circunstancias por lo menos misteriosas, Jake descubre que todas las historias del abuelo eran verdaderas y encuentra la manera de viajar al lugar donde el viejo se crió, el hogar de Miss Peregrine en una isla de Gales donde se daba amparo a chicos que, por haber nacido con ciertas rarezas, no podían vivir con el resto de la sociedad. El chico llega al lugar, pero lo encuentra totalmente abandonado y se entera de que fue destruido junto con sus

habitantes en 1943. A partir de ahí, una serie de saltos en el tiempo le permiten a Jake acceder a esa temporalidad distinta hecha de “loops” en la que Miss Peregrine y sus chicos extraños siguen vivos.

El despliegue de personajes que posibilita semejante historia es prometedor, pero después de exhibidas las rarezas (porque es justamente eso, un desfile de modas antes que algo que determine el mundo en el que viven los niños, o sus sensibilidades) una descubre que no hay mucha más poesía en los niños peculiares, sino simplemente una de esas aventuras de luchas contra monstruos llena de explicaciones tediosas y desprovistas de emoción a las que el cine más reciente nos tiene acostumbradxs. Esta no es, por supuesto, una obra de ese Tim Burton autor que muchos aprendimos a amar en películas como Beetlejuice (1988) y El joven manos de tijera (1990), que daban una sensación de novedad exultante. En el medio pasaron más de veinte años, lo freak tomó el cine y la televisión por asalto y Burton mismo no tuvo reparos poner su firma en películas como esa versión Alicia en el País de las Maravillas (2010) que se parece a la épica grandilocuente y ruidosa de Hollywood tanto como El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares. Que no es precisamente una película mala, pero suena a todo lo ya visto.

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