Las nuevas estrellas de rock vienen en formato de youtubers: hacen videos en sus casas (que no es lo mismo que caseros, porque éstos son híper producidos), tienen cientos de seguidores online y un trato con sus fans mucho más directo que aquellos que sólo saludan desde la ventana de un hotel, ya que sus contenidos son creados gracias a esa interacción. Lxs youtubers facturan o tienen acuerdos con empresas para representarlas, ya llegaron a otras plataformas, como la tele y la industria editorial; construyen su fama en discursos sin pips que censuren sus dichos y modelan un tipo de sensibilidad a demanda: cuando me aburro, cambio; cuando no me gusta, lo expreso; cuando hay publicidad, la saco; cuando estoy enojadx, comento: bienvenidxs al universo de lxs youtubers que hablan de su sexualidad, se ríen de los prejuicios y ya no consideran que “hay que salir del closet” sino que tenerlo es una antigüedad.