Vie 07.05.2004
las12

PUERPERIO

Nada es lo que parece

Todas las ideas románticas que las embarazadas imaginan durante la gestación suelen derrumbarse como castillos de arena cuando el llanto de un recién nacido se impone con los clarísimos decibeles de la realidad más tangible. Para apoyarse en este trance existen los grupos de mujeres que comparten experiencias y se ayudan mutuamente.

› Por Sandra Chaher

Al ver a una mujer embarazada, una mamá reciente le pregunta a otra mamá reciente: “¿Extrañás la panza?”. La otra, con ojeras, cansada después de haberse levantado dos veces a amamantar durante la noche, contesta: “Extraño la ilusión de esa época y pienso ‘pobre, no sabe lo que le espera’”.
Cuando la rutina de una mujer es trabajar, tener una pareja, dormir los fines de semana y salir a pasear a cualquier hora, la llegada de un bebé suele ser un terremoto fenomenal. Si siempre se habló del puerperio como un “período especial” donde está todo dado vuelta, las hormonas arrebatadas, la sensibilidad como un tanque en desborde permanente, y una mujer se siente no pocas veces al borde de la locura, en los tiempos actuales de autonomía del individuo y familias nucleares todo se potencia. Y la maternidad puede ser una experiencia por momentos tan angustiante como para que en un rapto de humor negro alguien le ponga de sobrenombre a su bebé Chucky (se trata de una anécdota absolutamente real).
Puede ser enorme y genuino el deseo de tener un hijo, pero después ¿qué? Las redes familiares ya no existen y las que deberían brindar el Estado y la sociedad nunca estuvieron.
Ante estas ausencias e interrogantes y frente a la necesidad de las mujeres de reencontrarse consigo mismas después de parir, de entender de nuevo de qué va el mundo, en los últimos años se multiplicaron los grupos postparto en los que se habla desde la lactancia hasta la sexualidad.
La mujer que al comienzo de esta nota preguntaba a otra si no extrañaba la panza se llama Claudia Groessman, tiene 38 años y es mamá de Helena, de 10 meses. Poco después de parir, Claudia y otras mujeres que se conocían de las reuniones preparto formaron un grupo puerperal autogestivo. “En las reuniones previas con el obstetra, cada pareja planteaba sus temores, pensamientos, fantasías. Y de alguna manera ése fue el espíritu de lo que armamos después las mamás. Nos juntamos una vez por mes en nuestras casas y se dan dos cosas en paralelo: por un lado conversamos e intercambiamos a partir de las cosas que le han pasado a cada una en ese tiempo y a la vez los bebés hacen su primera experiencia de socialización. No tenemos un criterio para los temas, aparece de todo, desde la salud, cuestiones prácticas de lo cotidiano con los bebés, hasta cómo encontrar el propio espacio, los deseos que trascienden a ser mamás como el desarrollo en lo profesional, darle cabida a otras necesidades espirituales, la pareja, la sexualidad. Mi sensación es que es muy vasto y rico el campo de laexperiencia y que es muy bueno compartirlo. A mí me sirvió mucho, sobre todo porque siendo madre primeriza creía que las cosas me pasaban sólo a mí, y me sorprendía y tranquilizaba el saber que a otras les pasaba lo mismo.”
Virginia Zavalla tiene 35 años y una hija de 10 meses, Sofía. Al poco tiempo de parir tuvo una mastitis que no lograba encaminar hasta que alguien la contactó con María Paula Cavanna, psicóloga y puericultora. Curada la mastitis, Virginia se integró a uno de los grupos de mamás que coordina Cavanna. Ahí conoció a otras mujeres con las que armaron una especie de red solidaria en la que cada una rota para cuidar a los bebés de las demás. “Es gente que está vibrando en la misma frecuencia que vos. Yo no tengo muchas amigas y en el grupo encontré un espacio con el que contar. Pero, además, el grupo es fundamental para poder darle a mi hija la posibilidad que yo no tuve de que crezca en un ambiente saludable. Como uno ve a sus hijos a través de su propio filtro, yo quería verla a Sofía separada de mí, no quería estar condicionada por mi historia para criarla. Además, me ayuda mucho escuchar a otras mamás, sobre todo las que tienen hijos más grandes. Entiendo mejor el comportamiento de mi hija o las angustias mías escuchando cómo hicieron estas mujeres para independizarse, salir al exterior, y vincularse con el marido después del parto.”
Graciela Scolamieri, que trabaja desde hace más de 30 años con mujeres embarazadas y puérperas desde lo emocional y lo corporal, ve en la desaparición de la comunidad familiar como la conocíamos hasta hace unas décadas el origen del desconcierto de muchas mujeres frente a la maternidad. “La red familiar ya no está disponible ni a nivel emocional ni concreto. El mundo cambió tanto que lo que hoy les dicen las abuelas a las mujeres jóvenes no les sirve y por otro lado esas abuelas son a su vez también mujeres jóvenes que trabajan y no tienen tiempo para ocuparse de los nietos como antes. Pero sus hijas tampoco quieren ese tipo de vínculo. Las jóvenes quieren y necesitan la ayuda de sus madres, en todo sentido, pero exigen respeto por su intimidad, marcan mucho las diferencias entre las generaciones y temen la invasión.” Scolamieri coordina grupos que llama “de conversación, porque hay intercambio y creación de significaciones compartidas y esto es muy importante cuando los paradigmas del pasado ya no sirven. Yo doy información muy concreta desde la lactancia hasta dónde comprar pañales más baratos. Pero mis intervenciones están pensadas desde dos ejes: ayudar a entender que hay que armar nuevos modelos de familia, en los que incluir a los amigos, por ejemplo, y entonces dos parejas pueden turnarse para cuidar cada una a los hijos de la otra; y desde la organización de cada mamá y cada pareja teniendo en cuenta sus particularidades y las del bebé”.
Muchos de estos grupos se llaman genéricamente “de crianza” y esto se debe a que existe una institución llamada Crianza, presidida por la psicopedagoga Laura Gutman, dentro de la cual funciona una escuela en la que se aprende a coordinarlos. Las egresadas pueden armar después sus propias propuestas o integrarse al staff que preside Gutman. En los cuatro grupos coordinados por el equipo de Gutman se reúnen mamás con hijos de hasta 6 años con el objetivo de que “a través de la sintomatología que la mamá trae acerca de ese pequeño, ella haga un trabajo personal sobre su sombra, en términos junguianos. Es más un grupo terapéutico que un espacio donde trabajar lo vincular de la maternidad, y se transforma en un lugar de fuerte identidad porque muchas mamás, al parir, pierden su lugar social –señala–. Otro de los objetivos que nos proponemos es que cada unaencuentre su manera autónoma de ejercer la maternidad. No tenemos una bandera sobre cómo criar hijos sanos, sino que creemos que al conocerse más a sí misma cada mamá encontrará los recursos que necesite. Además de un proceso de creciente autonomía, lo que se puede ver en los grupos es cómo las mamás se vuelven más solidarias. Escuchar historias difíciles las hace menos prejuiciosas”.
“Un hijo plantea dificultades y exigencias además del inmenso amor que nos hace vivir –concluye Scolamieri–. Son 8 o 10 horas de trabajo extra por día que no sabés dónde ubicar. Por eso la revolución es tan grande. Y esto pasa en gran medida porque la sociedad es hostil con la maternidad. A los tres meses de parir, una mujer tiene que volver a trabajar 9 horas. Eso es complicado. A ninguna le alcanza tres meses. Las que pueden se toman seis y tampoco alcanza. Durante el primer año, lo ideal sería que tuvieran la opción de trabajar sólo 5 ó 6 horas diarias. Esta falta de contención social también conspira para que esa mujer viva con tensión su maternidad.”

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