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Viernes, 30 de noviembre de 2007

ENTREVISTA

Romper el hielo

En la jerga, es lo oculto, lo que se menciona sólo por omisión, pero desde ahora también es el nombre del primer periódico producido desde una identidad travesti: El Teje. Para hablar entre ellas, para hablar con las y los demás, para generar espacios de reflexión y también para divertirse, para generar algo que, hasta ahora, no existía. Esas, plantea la activista Marlene Wayar, son sólo algunas de las metas.

 Por Soledad Vallejos

–El teje es una palabra comodín, es lo que no se puede decir delante del otro, lo que podemos hablar entre dos o tres travestis y que otros no se van a enterar. Yo te digo “el teje” y puede ser la droga, pero también “vamos a tejer”, que es “vamos a chusmear de la otra”.

El teje es lo oculto.

–Es lo oculto, lo que no queremos que el otro sepa.

Por eso mismo no es curioso que hayan decidido aprovechar ese nombre y –oh– subvertirlo para bautizar la revista, que se presentó hace dos noches y convirtió al C. C. Rojas en una fiesta. Porque El Teje designará lo oculto, pero ostenta una tapa de alto impacto con promesas varias: una entrevista a Florencia de la V, una mojada de oreja de Lohana Berkins (“la política debería figurar en el rubro 59”), una noticia que afecta lo cotidiano (que en los hospitales bonaerenses, ahora, “es obligatorio que te llamen por el nombre que elegiste”), una crónica exclusiva de Pedro Lemebel y la opinión de Naty Menstrual tras una salida al teatro.

–Llamar así a la revista es como romper esto y traer nuestro propio lenguaje, para entendernos entre nosotras, pero, además, para aportar a matar la lengua castellana así, como lengua... Hay un léxico en común, que tiene que ver con una experiencia en común que vivimos todas y no con los límites fronterizos; hay cosas que compartimos con travestis de Europa y otros países latinoamericanos, por ejemplo.

Eso dice Marlene Wayar, coordinadora de Futuro Transgenérico, cofundadora de la Red Trans de Latinoamérica y el Caribe “Silvia Rivera”, y activista full time devenida entrevistadora tras un taller de crónica periodística dictado por María Moreno (que hizo, además, las veces de editora madrina de la publicación) y en el que también intervinieron otras de las firmas de la revista que se autodefine como “primer periódico travesti latinoamericano”. He allí la primera, y no menor, diferencia radical: todo en El Teje son textos pensados y escritos por travestis, sobre temas que ellas mismas propusieron y llevaron adelante. Vale decir: ellas hablan por su cuenta y a sus pares, pero también a quien quiera leer, porque la revista, gracias a ser una iniciativa amparada por dos áreas del Rojas (Comunicación, por un lado, y Tecnologías del Género –donde revista Paula Viturro–, por la otra), cuenta con un pequeño fondo que permitió imprimirla y permite, ahora, estos días, que sea distribuida gratuitamente. Llegar a materializar lo que empezó como una idea ligada a posibles talleres artísticos no fue, no es todavía, sencillo.

–Es difícil porque cuando gestionás un proyecto, este proyecto en particular, es ineludible tener como eje central que las chicas están en situación de prostitución. Mientras dure el proyecto, vos, que las vas a buscar para que participen, tenés que buscarle un sustento económico de algún tipo para el día anterior poder decirle no salgas, descansá, venite tranquila, lúcida, desayunada. No podés decirle a alguien en situación de prostitución que deje de hacer eso para hacer otro trabajo que no le va a dar dinero, cuando además esa tarea en especial no la conoce. Vos querés provocarle la intriga, la duda, el interés en que hay otras cosas, y que mucho de eso está dentro de ellas.

Las ilustraciones, extraidas de El teje, fueron realizadas por Naty Menstrual.

Eso demanda una exposición y una voluntad de asomarse a posibles conflictos.

–Claro, por eso es un punto que no logramos todavía desanudar bien. Pero ponele, yo nos conozco a mí y a las chicas, y puedo decir cómo nos gusta comer. Nosotras, cuando venimos acá, desde nuestras provincias, padecemos tener que comer comida chatarra, fría, aterida. Y los momentos de gloria son cuando nos cocinamos nosotras para nosotras mismas: olladas, empanadas salteñas, las cosas de la familia, del campo. Entonces yo digo, al hablar de la revista: “Bueno, rescaten eso”. Si querés hablar desde ahí, por ejemplo, desde la comida, estaría bueno una nota que informe: si vas a estar parada en la calle de seis de la tarde a cinco de la mañana, está muy bueno que pienses que tal cosa te da energía, que mejor comer estas cosas que esas otras, que hace bien comer a tales horarios. Informate y hablá de lo que te gusta, contá desde el conocimiento que tenga que ver con lo que nosotras necesitamos como colectivo. ¿Estamos en la ruta trabajando? Bueno, entonces: ¿cómo nos cuidamos en la ruta? O también hablar desde el humor, porque tenemos mucho humor.

¿Cuesta tomar la palabra?

–Las chicas desconfían mucho de lo que tienen para dar, del propio conocimiento, de lo que portan como saber. Eso repercute en interiorizar esa inferiorización, dicen “¿y qué voy a aportar yo?”. Porque la propuesta de la revista no es sólo publicar, sino también aportar al común de la gente nuestra propia mirada.

Pero vos, Lohana Berkins y otras travestis que suelen circular por ámbitos académicos o políticos tienen discursos articulados que fueron construyendo con los años. La idea misma de sostener un discurso determinado, por ejemplo, habla de eso, de adquirirlo y construirlo. Tal vez a las chicas lo que les cueste sea atravesar ese proceso.

–Es difícil, es un proceso que tiene que ver con lo individual y con lo colectivo, con el proceso histórico más amplio. Porque en algún momento a mí me asustó el hecho de darme cuenta, al salir desesperada como a explicarle al mundo determinadas cosas, que vas adquiriendo este lenguaje... Qué sé yo, tenés que ir a la Facultad de Sociología a decir a un montón de chicos que están acostumbrados a lo rígido, a que les bajen una teoría clara, tenés que ir a decirles: “Miren, la verdad se construye, nosotras la construimos en nuestra práctica, y está bueno sostener una teoría, pero para contraponerle algo y cambiarla constantemente”. Todo eso que te digo venía a esto: a lo que te pasa cuando tenés que salir a explicarle a la gente qué pasaba con nuestra problemática, cuáles eran nuestros padecimientos, nuestros sufrires, nuestros reclamos concretos. Por ahí, algunas, en eso, perdimos capacidad para comunicarnos con nuestra propia comunidad. A mí me pasa: de repente te ves con un lenguaje híbrido en el que vos intentás no perder lo travesti, pero cuando las chicas te dicen “¿y por qué nosotras, que somos travestis, estamos por el aborto?” y vos lo empezás a explicar así, muy estructuradamente, perdés la capacidad para bajarlo a tierra.

La primera parte del editorial que oficia de declaración de principios en este inicio gráfico, entre chistes y relato del génesis de El Teje, exhibe tanto optimismo como pesimismo: declara como una de sus misiones la creación personal permanente (“¡inventémonos lejos del hombre que nos imponen y la mujer que deliran que pretendemos ser! Seamos otras travestis: las/os invitamos a ser con nosotras”), pero también desconfía de la facilidad del camino (“ya te lo dije: (a las travestis) sólo la ropa interior nos separa de Doña Rosa. Y no sé hasta dónde”). Porque el discurso propio, el conflictivo y crítico y también contradictorio, se demuestra andando, se genera a partir de fragmentos de la fama y la pedagogía aplicada, de las experiencias individuales, ásperas y dulces, urbanas y artísticas, dotadas de nombre, pero también de la posibilidad de compartir (como en la sección que tienta al público desde el título: “cuéntame tu vida”) y de disentir. A fin de cuentas, quienes aportaron los textos, las fotos, los dibujos de este número, no pertenecen todas ellas a los mismos núcleos militantes. De hecho, ni siquiera todas ellas se reconocen en la militancia.

–Tenía que ser una cosa atractiva, no un pasquín. Realmente no hay costumbre de leer entre las chicas, entonces decidimos los guiños, que sea atractiva. Que Florencia, más allá de lo que se le pueda llegar a criticar, esté en la revista es importante. Ella ha hecho con mucho esfuerzo su propia carrera, y lo hizo de manera diferente. Las chicas, si hay algo que reconocen, es que Florencia es absolutamente travesti: la ves con un lenguaje, con un ímpetu, con una dignidad absolutamente travesti, algo que no le veían a Cris Miró.

Marlene Wayar a izquierda, Naty Menstrual a derecha. Fotos: Juana Ghersa

Y sin embargo a Cris Miró se la recuerda más politizada.

–Pero ella tardó en decidirse a ser travesti, ella lo contaba. Y en general la travesti latinoamericana a los 12, 13 años se va a hacer travesti y le cortan el pelo y le sacan las uñas... pero ella va a ser travesti igual, con tetas, sin tetas: es una cuestión de pararse ante el mundo y empecinarte en construirte de una manera y no de otra. Florencia defiende eso. Ella, además, tiene su propia estrategia, muy individual, de tener que lidiar con los medios, qué decir, qué no, y aun así es un toque bizarra y no le importa nada: son Mirtha, Susana, Moria y ella. Es la forma de pegar codazos, que tiene que ver con lo travesti y su lenguaje. Hay cosas que a ella también deben pasarle, como cuando estaba en la tele y su personaje no besaba al tipo que era su novio porque él no quería darle un beso en la tele... Claro, en ese punto ella tenía que aceptar eso y cerrar la boca, pero seguro en algún momento pensó: ¿pero vos quién sos?, ¿te creés que yo voy a querer darte un beso? Son cosas que a nosotras también nos pasan: tener que pagar un arreglo y soportar que un pendejo de 25 años se vaya de vacaciones a Miami, porque es policía y te saca todos los días 50 mangos, y vos, que generás esa plata, no conocés Uruguay... Todo ese tipo de cosas tiene que ver con que nosotras ofrecemos a la comunidad en general el salirse de los lugares comunes. Ponés la tele, agarrás cualquier medio y es todo lo mismo, los mismos temas. Creo que nosotras podemos traer otra perspectiva, que tiene que ver con pensarnos desde otros puntos, y hacerlo con color y atractivo, con humor y la chispa que tienen las chicas, para que resulte interesante. No que sea aburrido o teórico.

Salir al mundo es fundamental, además de preciso. Pero el diálogo entre pares, el reconocerse más allá del propio nombre y los límites de la propia vida, descubrir que lo personal es político –ese paso tan productivo que dio hace ya muchos años el feminismo– es una de las grandes ambiciones de El Teje. No tanto condensar como hacer estallar: que se vea que otras vidas, otras posibilidades pueden ir armándose desde la identidad travesti para las propias travestis; que una travesti encuentre en la experiencia y las palabras de otra, tal vez desconocida para ella hasta entonces, un reconocimiento a partir del cual avanzar. La experiencia cotidiana, más allá del estereotipo de la mercancía sexual o aquel otro del humor chispeante a cada segundo, la experiencia de cada día es otra cosa. Y es en común.

–La prostitución es un espacio laboral habitual, no siempre por decisión, sino porque no encontrás otros donde te acepten, aunque estés capacitada. A veces, estás ya sacada de la prostitución y te das cuenta que no has podido ahorrar, que no sabés ahorrar, que no sabés ir a un banco, abrir una caja de ahorro, que no sabés manejarte con un sueldo porque estás acostumbrada a todos los días tener dinero, poco o mucho, pero todos los días 10 pesos tenés para parar la olla. Entonces de repente no sabés que si recibís 800 pesos mensuales te tienen que durar hasta que lleguen los otros 800. Es todo un tema al que nos tenemos que hacer y acostumbrar, y sobre todo tratar de que las criaturas no caigan en esto, no entren en el círculo de la prostitucion, que no pierdan la escuela, que no pierdan los propios espacios para sociabilizarse... pero va a llevar un tiempo.

Algunas cosas en los últimos años, sin embargo, fueron logrando.

–Ver caer los edictos fue fuertísimo para nosotras, un montón de cosas que se han ido dando y muchas que no sabemos ni cómo se han dado. Pero no se termina de comprender que no somos travestis de 25 años paradas desnudas por Palermo. Pensado eso, vos estás recortando la historia de una persona que ha sido travesti a los 13, ansiosa de encontrarse, trabajando en la ruta, que algunas, las que tuvimos suerte, hemos podido llegar a emprendimientos o hemos podido llegar a hacer otras cosas. Y que hay gente que queda allá, y son criaturas.

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