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Viernes, 2 de julio de 2010

MONDO FISHION

De Loof y la tierra

 Por Victoria Lescano

“Me encantaría que hagan fuck you y que tiren mala onda”, dictaminó Sergio de Loof –ataviado con remera amarilla y corona de hojalata–, mientras desplegaba su perchero de raídos ropajes y los cúmulos de bolsas de consorcio y otras símil mercado povera orgullosas de sus colores cual carteras Vuitton tuneada por Murakami.

Sus dichos sobre modos para abordar la pasarela estaban referidos a los modelos convocados vía Facebook –en su mayoría artistas y extravagantes– que unas horas más tarde de ser peinados para la ocasión por los expertos de la firma cosmética Sebastián desfilarían su colección en la apertura de ArteBa el último martes por la noche y en el espacio de la galería Abate.

Quien narra desde la previa al desfile es el cronista Gonzalo Mases, un debutante en la escena delofiana por una cuestión generacional –tiene veinte y pico– y observa: “El back se parece a la película Zoolander”, el film paródico sobre el mundo de la moda protagonizado por Ben Stiller. De repente y cual vedette llega un chico dragueado con cartera en mano y botas rojas de altísimo taco, los gritos y los aplausos celebran su llegada y dictaminan que él hará la última pasada. La personalidad inquieta de De Loof y las constantes interrupciones hacen casi imposible mantener una conversación. Pero apenas unos minutos de charla bastan para descubrir su manifiesto político: ‘Esto está organizado por gente de derecha y yo soy el bufón de la corte, que trae un contenido de izquierda’”.

Un intento de resumen de la vasta propuesta de uso y reuso extravagante de la colección “La Tierra” admitió paneras de mimbre a modo de tocado, ositos de paño y de peluche cual ornamentos, torres de ramas secas, bolsas de mercado y de consorcio, frazadas, estatuillas religiosas, ponchos y un chaleco tejido que le fuera obsequiado por el colectivo de artistas Mondongo.

Los dichos y el informe me remiten a otros dichos de De Loof, en colecciones anteriores, su elogio al Cottolengo en el Banco Patricios, hace más de una década y en los inicios de este suplemento. “Guardo los restos de mis colecciones en una bolsa de consorcio y la coloco debajo de la cama, y siempre antes de una nueva colección los vuelvo a abrir y siempre encuentro algo que me sirve de disparador para un nuevo show.”

Pero en la pasarela de la galería Abate cautiva el uso y abuso de la frazada, ostentada cual ropaje de antiguos reyes o representantes de una tribu nómade y fashionista. Hubo también atuendos que citaron a John Galliano y a Viviene Westwood los polizones hechos con harapos según el método De Loof. Se exhibieron también rarezas del lado del streetwear: de un mameluco amarillo a otro en jean azul, plus un camisero o batón modelados por hombres.

Pero de repente, entre la troupe de artistas hubo una aparición de moda que llegó desde un cuerpo exuberante de género imposible de decodificar, ¿la diosa de la Tierra anunciada desde el título?

Llevaba un maxi tocado hecho con bolsa en tartanes ultracheap. A su lado y casi al cierre de ese desfile que una mirada fresca pero sagaz antes calificó de muy Zoolander, dos señoras en sus sixties o tal vez más siguieron a rajatabla las consignas de modales dictados al inicio por el diseñador: Levantaron los dedos en señal de fuck you ante la población sentada en las blancas sillas de la primera fila y también ante quienes seguían y festejaban las pasadas de pie.

Rebobino al back, donde De Loof, antes de bendecir con arcilla a los participantes de su fashion parade, no omitió referirse a otro reciente desfile que hizo eje en su territorio, la apropiación de la ropa usada y de feria pero para el cual no fue convocado. El desfile en cuestión se llamó Sr. Amor, lo ideó una agencia de comunicación vinculada al Ejército de Salvación bajo el leitmotiv del título (derivado del apodo de William Booth, el creador de esa asociación benéfica). En la sala de estética industrial de la ciudad cultural Konex, siete diseñadores correspondientes a cinco firmas de la escena local de autor remozaron prendas añejas de los depósitos del Ejército de Salvación con su particular visión del diseño y luego de zambullirse entre poblaciones de ropa del barrio de Pompeya, para luego procesarlos en sus estudios a lo largo de un mes. Fue un jueves de comienzos de junio por la noche, cuando por orden de aparición se vieron cinco pasadas y cinco conjuntos de 12na (una firma cuyo discurso de diseño está emparentado con el reciclaje, las de Hermanos Estebecorena –He–, Mariano Toledo, Pablo Ramírez, y Martín Churba. Y a fines de junio, en ArteBa o Sergio al respecto de Sr. Amor, en un tono provocador e irónico que a diario practica desde sus posteos en FB “son unos mamarrachos, no me invitaron porque me tienen miedo y hacen bien”. Lejos de iniciar polémica, pues cada uno de ellos, de una y otra generación son valiosos y necesarios por lo arty y el anclaje con la industria cito a Thomas Carlyle, en Sartor Resartus, capítulo “Ropas Viejas” y los dichos de su protagonista, el filósofo Diógenes Teufelsdrockh: “Desconfíen del corazón de quien no siente amor por las ropas viejas”.

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