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Viernes, 10 de septiembre de 2010

ENTREVISTA

Q.E.P.D.

La moda ha muerto, apenas la lloran las grandes marcas, demasiado preocupadas por generar estrategias que mantengan a flote sus comercios. Sus víctimas la extrañarán, dicen, aunque seguramente se acostumbren a vivir sin ese eje disciplinador que les dictaba a millones de mujeres y de hombres cómo debían verse y comportarse. Las lágrimas más copiosas son de iconos anticuados como los que habitaban aquella serie alguna vez taquillera: Sex and the city. Quien ha escrito su lápida en forma de libro, La muerte de la moda, Susana Saulquin, no festeja ni se lamenta. Su tarea es avizorar lo que viene, aunque no en términos de temporada.

 Por Flor Monfort

En la década del ’60, las chicas de la facultad de Sociología estaban de parabienes: mientras se incorporaban en cantidades extraordinarias a la flamante carrera creada por el italiano Gino Germani en 1957, tenían temas a rolete para sus tesis de doctorado: la filosofía del peronismo, los cuadros de derecha en la Revolución Cubana, las tendencias políticas de la clase obrera, la estrategia militar de Mao...

Para la joven Susana Saulquin, la facultad no era su lugar en el mundo sino la usina de un malestar permanente. Malestar que tal vez sirvió de motor para desarrollar una rama de la materia nada explorada y convertirse en referente. Pero para eso tuvieron que pasar muchos años. “En la facultad me discriminaban. Primero porque estaba bien vestida. ‘Vos callate porque estás bien vestida’, pero esa afirmación me hizo entender la importancia de lo que tenés puesto. Para los que me decían esto, ‘estar bien vestida’ significaba no estar de negro como estaban todas, uniformadas por el existencialismo, que había sido dos décadas anteriores”, recuerda.

Saulquin se recibió sin saber bien dónde ubicarse y al tiempo empezó a vender ropa en su casa, con una joven Adriana Costantini desfilando entre las clientas. Cuando la gente se iba, la socióloga volcaba en un cuaderno los comportamientos de las compradoras, sus maneras de inclinarse por una prenda antes que por otra y cómo las damas de boquitas cerradas de San Isidro pichuleaban los precios y las empleadas pagaban hasta el último centavo. Pero esos cuadernos quedaban en un cajón. Muchos cuadernos después, un almuerzo la encontró con la directora de Para Ti. Corría el año ’83 y ella habló de su particular oficio privado, por lo que fue invitada a escribir una nota en la revista “femenina” par excellence. Saulquin propuso “El jogging: la revolución total”. “Cuando tuve que entregar la factura, me preguntaron ‘¿Ud qué hace?’. Yo no lo había pensado pero dije ‘hago análisis sociológico de la moda’. Cuando me subí al auto empecé a llorar y no paré hasta mi casa. Había podido unir mis dos pasiones por primera vez.”

Así empezó un camino que la posicionó como la especialista en una materia con pocos antecedentes en el mundo y la llevó a dirigir la carrera de Diseño de Indumentaria Textil de la UBA, semillero de los grandes talentos que hoy marcan el ritmo de la moda independiente local. Además, hace tendencias macrosociales viajando por el mundo y escribe libros, como el que está presentando ahora.

“Hace 20 años publiqué La historia de la moda. Jamás, ni en mis sueños más osados, pensaba que iba a escribir, dos décadas después, un libro que se llame La muerte de la moda.”

¿Qué quiere decir con ese título?

–Muerte como regeneración, nunca muerte como desaparición. Muerte para pasar a una instancia distinta: la moda se desarticula para articularse de otra manera. Lo que muere es la parte autoritaria de la moda que se rige por tendencias, pautadas por pronosticadores desde los centros que producen significado, como son las ciudades. Muere ese aspecto porque se acaban los autoritarismos en la sociedad. La moda ha sido muy autoritaria, sobre todo a partir de la sociedad industrial, pero intensificada a partir de la cultura de masas, que está entre dos atentados, el de Kennedy en el ’63 y el atentado de las Torres Gemelas. En ese lapso, la cultura de masas explotó y la moda también. Con una sociedad que va camino a la individualidad, lo que muere es ese mandato autoritario del “qué se va a usar” y se reorganiza: a lo mejor puede llamarse moda o no.

Ud. lo llama sistema de indumentaria. ¿Qué implicancias tiene?

–La moda se desarticula para articularse a partir de un sistema de la indumentaria que engloba la moda. El sistema de indumentaria va a incluir el diseño y la moda será un aspecto de ese sistema. El diseño pensado individualmente, el diseño como lo conocemos hoy: independiente o de autor.

¿La convivencia de grandes marcas y diseño de autor es una particularidad argentina?

–Sí, esto es propio de Argentina porque nosotros somos muy individualistas, nunca nos llevamos bien con la cultura de masas, como sí lo hace Brasil. Entonces en una sociedad global que va camino a la individualidad, Argentina está muy bien posicionada. Por eso fuimos nombrados capital del diseño en 2005.

¿Qué papel van a jugar los trend setters, los cool hunters y toda esa raza de pronosticadores de tendencias en el nuevo panorama?

–Empezarán a decaer, pero yo no uso esas categorías. Miro la tecnología, la arquitectura, las publicidades, Internet. Yo no manejo tanto Internet porque hay que estar horas y yo prefiero estar en la calle, pero hay mucha gente que se dedica 12 o 15 horas a la web y arma sus tendencias macro. Hace poco, estuve en Islandia y veía que eran los hombres los que cuidaban a los chicos. Esto va a traer una evolución y va a repercutir mucho en la individualidad. La mujer ya no es la muñequita con tacazos. La mujer ahora es funcional, necesita sus zapatos bajos, su comodidad. Sex and the city marcó, para cierto tipo de mujer, una tendencia fuerte, y la moda se aferró mucho a Sarah Jessica Parker.

Que es, entre otras cosas, la antipracticidad.

–No es moderna. El sistema de la moda se agarra de eso porque vende pero no es lo que viene. Lo que viene es la funcionalidad, el diseño, la practicidad y si un día querés jugar a ponerte tacos de 10 centímetros y ser el cliché de lo híper femenino, está bien, pero lo hacés una vez y como un juego.

¿Qué cambios sociales marcan la manera en que nos vestimos?

–Los cambios climáticos, por ejemplo. La moda actual va contra la ecología, porque la moda de hoy es “usá y tira”. Pero en el futuro, se viene la compra pensada. El cambio climático nos está marcando que los lazos familiares y sociales se intensifican. Hay una vuelta a casa. Al principio de la modernidad, y esto lo dice Benjamin, las calles se iluminaron con faroles de gas para que la gente saliera a consumir. La ideología del siglo XX era la producción. Y el consumo máximo, eso de consumir y tirar, tuvo su pico en los ’90. Ahora hay un cambio muy fuerte a partir de la caída de las Torres y una necesidad de destrabar todo esto que estaba tan articulado. Esta desarticulación del capitalismo se intensificó en 2008 con la crisis económica global. Ahí es donde la gente dijo “me quedo en casa”. La ideología del siglo XXI no es la producción, es la ecología, es el cuidado de los recursos humanos y los derechos sociales, por eso se legalizó el casamiento entre personas del mismo sexo. El eje de la diversidad es muy fuerte y hay que aceptarlo. La recuperación de lo usado como se dio con Señor Amor (una colección de moda solidaria donde diseñadores como Pablo Ramírez, Martín Churba o Mariano Toledo reciclaron prendas donadas por el Ejército de Salvación). Estoy muy emocionada con ese proyecto.

¿Cómo van a hacer las grandes cadenas para subsistir en ese panorama?

–Te doy un solo ejemplo de las estrategias que ya se están poniendo en marcha: un shampoo absolutamente masivo como Sedal hizo la ficción de la separación, contrató a siete especialistas y puso al del pelo enrulado, al del pelo lacio, y así. Ahora es un shampoo individual para vos. Lo que cambia es la masividad de la moda. La tecnología permite ahora hacer diseños muy estupendos de calidad.

Pero los diseños de calidad siempre van a tener su costo, y en ese sentido la moda va a seguir discriminando.

–Sí, la ropa ecobalanceada va a ser cara, pero también va a estar el trueque. Otro ejemplo es el de No Chains. Se unieron La Alameda de Buenos Aires con la cooperativa Dignidad Retorna de Bangkok, Tailandia, para terminar con los talleres esclavos. La situación de esos talleres es desesperante y No Chains recuperó trabajadores de cama caliente para vender remeras hechas por ellos. Salen 55 pesos, es decir, son algo caras pero están hechas con buen algodón, son ecológicas, y se le paga al trabajador lo que debe ser. Las marcas de acá que tenían esclavos fueron bastante escrachadas y, con el tiempo, el descrédito va a ser tan grande que no van a poder seguir con esa modalidad.

¿En los nuevos looks también se ve una aceptación de la diversidad?

–Claro. El chiste es la customización. No va a desaparecer todo porque el ser humano tiene su lado retrógrado, pero también hay que pensar el cambio que hubo de la Edad Media a la modernidad.

¿Cómo actúa la moda para regir los cuerpos, las maneras, los usos?

–La moda siempre actuó como elemento disciplinador. La modernidad era disciplina: lo vimos en The Wall, lo vimos en Tiempos Modernos, lo vimos en Metropolis. Son tres iconos del cine del siglo XX. Lograr la ilusión de progreso y felicidad a partir de la disciplina. Y la moda era un elemento disciplinador, claro. Y esa disciplina evolucionó a una sociedad de control, que es la que tenemos actualmente. Es decir que la vuelta al hogar está acompañada de un control estricto. Un control a partir de la seducción. Antes te disciplinaban (Foucault), ahora te controlan sin que vos sepas.

¿Cómo ve a la mujer posicionada en este cambio de paradigma?

–Para la mujer es muy fuerte este momento y lo que viene. Hay un triunfo de lo femenino que compromete al hombre a tener una serie de características históricamente asociadas a la mujer: la intuición, el compromiso social, la sensibilidad, etcétera. Y va a tener que tenerlas porque si no, no va a poder liderar. La mujer es la que siempre estuvo entrenada en hacer muchas cosas y estuvo tapada mucho tiempo. Y así pasó conmigo también: en los ’60 yo decía en la facultad “viene la moda como comportamiento de masas” y fui muy apartada, hoy te digo “La moda ya fue”. Hasta ahora nunca me equivoqué.

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Imagen: Juana Ghersa
 
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