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Viernes, 1 de julio de 2011

ENTREVISTA

TAN LEJOS Y TAN CERCA

La tendencia a la feminización de las migraciones es registrada por María Cristina Cacopardo en Extranjeras en Argentina y argentinas en el extranjero –Biblos–, en el que aporta una mirada de género sobre el discurso demográfico para dar cuenta de por qué y cómo migran las mujeres, los lazos solidarios que establecen hacia dentro y fuera de su hogar y cómo estos lazos les permiten sobrevivir mientras aportan efectivamente a la economía del país de destino.

 Por Irupe Tentorio

”No entendía la lengua, lloraba todo el día, no me gustaba, era una desesperación. Recién cuando llegó mi prima pude aceptar más la situación. Juntas compramos una máquina para hacer calzoncillos, pijamas, camisas. Hice eso durante más de veinte años. A pesar de que lloré tanto, ahora elijo la Argentina.” Este es uno de los tantos testimonios que recopiló la licenciada en Sociología (UBA) y especialista en demografía (Naciones Unidas) María Cristina Cacopardo quien acaba de publicar Extranjeras en la Argentina y argentinas en el extranjero –editado por Biblos– con el propósito de “visibilizar” la presencia de las mujeres migrantes en Argentina. “A medida que fui recolectando testimonios e investigando sobre dicho tema, me pude dar cuenta de que la mujer migrante estuvo siempre presente, pero sin embargo invisibilizada, sobre todo en el sector económico, al que aportaron en gran parte. Lamentablemente en la literatura sociodemográfica ha prevalecido una perspectiva neutral respecto de la especificidad del género en los movimientos migratorios. No obstante, con el desarrollo de diversos estudios sobre las mujeres, se ha puesto de manifiesto la particularidad de la movilidad femenina en cuanto reflejo de las diferencias de género y de la concepción prevaleciente en cada sociedad acerca del rol que se espera que desempeñe la mujer.”

“De alguna forma el discurso sobre el ‘lugar’ fue contestado por las mismas mujeres de las clases populares desde muy temprano –agrega Cacopardo–. Ellas, por diferentes vías, contribuían a la manutención familiar. Tanto las mujeres que migraban en la época colonial, internas y externas, como las que lo hicieron cuando la movilidad de la población se volvió más cuantiosa y notoria, se involucraron, en grados diversos a los varones, en actividades que aseguraron su propia supervivencia y la de su grupo familiar. Además de las estadísticas dadas, lo novedoso es que en este momento, las mujeres se desplazan como migrantes autónomas en los diferentes circuitos y movimientos, hacia y desde la Argentina en nuestro caso. Por ello es necesario poner más el acento en el cambio de modalidad que en la cantidad y la participación económica, situaciones que antes permanecían sumamente veladas. Claro que existen diferentes motivos sobre dicha movilidad, pero el más notorio es el factor relacionado con el aumento de asalarización del trabajo femenino y en consecuencia al crecimiento de la feminización del mercado de trabajo, así como a la renegociación de los roles femeninos en la sociedad y en la propia familia. Es decir que se trata de un proceso donde intervienen e interactúan tanto los cambios en el sistema de género como la reconfiguración de los mercados laborales. Muchas veces estas transformaciones logran romper o atenuar las relaciones de subordinación, en otros casos las fortalecen, muy en especial cuando están involucradas la trata y la explotación sexual de las migrantes.”

Actualmente, en nuestro país, no existen fuentes estadísticas públicas actuales que investiguen en forma específica a los varones y mujeres migrantes. Tanto los censos de población como la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), ambas fuentes producidas por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), incluyen preguntas sobre la condición de migración, pero de un modo acotado tanto por el alcance temático como por las limitaciones muestrales. Estos presentan las restricciones inherentes a los instrumentos no diseñados específicamente para encarar el estudio de las migraciones, y menos aún de las femeninas. En la mujer migrante confluye la invisibilidad de la mujer como actor histórico en su doble calidad de persona autónoma en sus acciones y de trabajadora, lo cual dificulta tanto la medición como la interpretación de los datos.

¿A qué se refiere cuando habla en su libro sobre “la noción mujer migrante”?

–Lo que pretendo acentuar en este libro, es que en todo estudio de migración se habla de una manera neutra, por ende no se aclara “los y las migrantes”. En general los migrantes, en los estudios demográficos, son una masa bastante uniforme desde el punto de vista del género y además dando por sobreentendido que los migrantes son varones en su mayoría. Ahora se está hablando mucho sobre la feminización de las migraciones, que esto es así, es claro que hay cada vez más mujeres que emigran. En esta investigación descubrí que no es verdad que a principio de siglo las mujeres migrantes eran pocas, ellas estuvieron muy presentes pero invisibles. Por ejemplo, las mujeres constituyeron alrededor de un tercio de los inmigrantes hasta la crisis de 1930. El carácter más familiar de la inmigración posterior se reflejó en el aumento del peso de las mujeres, que en la década de 1950 alcanzaron el 50 por ciento del total de inmigrantes.

¿Cómo era su manera de emigrar?

–En general emigraban como grupo familiar y es allí donde la mujer no es tomada en cuenta. Era una emigración bastante masculina, pero sin embargo ellas copaban una parte importante en el sector económico.

¿En qué sectores económicos trabajaban?

–En los padrones de Buenos Aires se observó que entre las ocupaciones de las mujeres –además de aquellas vinculadas con las “tareas femeninas”, como amas de casa, costureras, sirvientas o lavanderas– también aparecían pequeñas comerciantes, artesanas, labradoras y peonas. Por ejemplo las italianas que llegaron al país, luego de la segunda posguerra, trabajaron en los sectores más dinámicos, o sea en la industria. Al contrario de lo que sucedía con la inmigración limítrofe: las mujeres por lo general trabajaban en el servicio doméstico. Aquí se puede llegar a notar estrategias migratorias diferentes, sin embargo los orígenes migratorios eran los mismos, ambos venían de los sectores más pobres y no era justamente por su educación: éstos tenían el mismo nivel educativo.

¿Por qué estos datos estaban invisibilizados?

–La mayoría de ellas se posicionaba como “amas de casa”. Es posible que cuando se llevó a cabo el censo del ‘47 se declaraban bajo ese mandato. Sentían que sus ingresos eran “para ayudar” y no tomando en cuenta que sus ingresos económicos eran importantes. Lo mismo sucede con respecto a la mujer campesina, que levantaba la cosecha a la par de su marido. La mujer desarrolló un rol muy activo, en especial en las clases más bajas, y muchas veces en forma independiente del varón.

¿Los estudios de género y avances de los mismos ayudaron a cambiar esa realidad?

–Sí, claro. Son muy importantes estos estudios en relación con la visibilidad en la mujer migrante. Ellos abrieron un campo en distintas disciplinas en el cual se toma como sujeto a la mujer. Ahora se ve que la mujer emigra de forma autónoma. Las mujeres ya no van detrás de un padre o un marido, sino en buscas de mejores condiciones de vida para ellas mismas, o para su familia. Recién estos últimos años se refleja en las estadísticas la feminización de la mujer migrante. Estas investigaciones fueron evolucionando desde el enfoque histórico-estructural, y privilegiaron los determinantes macroestructurales y en el cual la variable de clase resulta fundamental para entender las migraciones, hasta desembocar en el modelo de la articulación, que coloca énfasis en el grupo doméstico y en la red migratoria –como bisagras con el modelo de producción capitalista– y que permite la integración de la perspectiva micro y macro y la inclusión de las relaciones de género presentes en la sociedad y en el grupo doméstico, así como la consideración de su interrelación con las migraciones. Se han realizados avances con nuevos marcos conceptuales destinados a examinar el papel de las construcciones de género como puentes entre esos cambios macroestructurales y las migraciones, y lo que se pudo observar es que entre estos cambios sociales que facilitan la migración femenina, se encuentran su mayor acceso a la educación, la reducción de la fecundidad, las transformaciones en la estructura y el funcionamiento de la familia y además el debilitamiento del control de la sexualidad de las mujeres.

¿A qué se debe que haya más migraciones de mujeres?

–Las migraciones en su gran mayoría son por cuestiones laborales. También hay por otras razones: forzosas, políticas, familiares, etc.; pero el gran grueso se desplaza y se desplazaban por cuestiones económicas. Este hecho también generó que existan diferentes cambios laborales para su inserción. Por ejemplo, mayoritariamente las inmigrantes de países limítrofes copan el sector laboral que tiene que ver con el campo de los servicios. Digamos que hay cambios en la estructura económica que hace que las mujeres tengan más inclusiones.

¿Cuál fue el pico más alto de migración limítrofe que tuvimos en la Argentina?

–Fue muy constante, sin embargo hay una gran confusión aquí. Existe una tendencia a pensar que la misma aparece en los años ‘60, pero lo cierto es que cuando finaliza la migración de ultramar se piensa que aumentó la migración limítrofe, pero en realidad este éxodo siempre existió, desde la colonización hasta nuestra actualidad. Varía su composición, ahora ya no emigra tanto la población brasileña, ni chilena. En el presente sigue viniendo emigración, y aumentó a partir de la crisis del 2001. Además, desde mediados de la década de los ‘90, entre los migrantes provenientes del Cono Sur adquirió creciente importancia una corriente de peruanos y peruanas con marcado predominio femenino. En todas estas transformaciones la presencia de la mujer se fue incrementando por la convergencia de una movilidad con signos de mayor autonomía y de una creciente visibilización social.

¿Cómo acepta la Argentina a los y las migrantes? ¿Qué sectores económicos copan los y las migrantes?

–Muchas veces el varón y la mujer en la Argentina son visualizados como “el otro”, pero yo creo que desde el punto de vista cultural contribuye a vivir con culturas diferentes. Un dato no menor es que ellos y ellas ocupan espacios laborales que no son ocupados por nativos. Esto es muy claro en el servicio doméstico. La mayoría de esos puestos son ocupados por mujeres del Perú. En la misma línea se ubican las mujeres paraguayas. Cada vez hay menos mujeres argentinas que trabajan en este sector. Aquí se da una funcionalidad mutua.

Con respecto a la migración de las mujeres argentinas, ¿quiénes emigran o emigraron?

–La emigración de los argentinos y las argentinas se inicia a partir de los golpes militares. El mayor número fue y es egresados/as universitarios/as quienes migraron hacia Estados Unidos y Europa. Hubo un principio fuerte con el golpe de Onganía y el del ‘70. En general su inserción es muy buena. Que es lo opuesto a lo que sucede, por ejemplo, aquí, con las mujeres peruanas, que tienen estudios secundarios y/o terciarios y terminan teniendo puestos laborales inferiores a su educación, que a su vez es lo que el mercado laboral de nuestro país les ofrece.

¿Cuáles son las cifras que se manejan de personas que emigran?

–Durante las dos últimas décadas su ritmo de crecimiento se aceleró y adoptó dos rasgos diferentes: la diversificación en los destinos y en los perfiles emigrados. En cuanto a las cifras de argentinos y argentinas en el exterior, las estimaciones son muy variadas y en muchos casos indican una magnitud muy elevada, que carece de basamento empírico. Se calcula alrededor de 120.000 en el período que va del 1970 hasta 1987 y a partir de métodos demográficos en el 2003 estimaron un total de 660.000 argentinos/as en el exterior. Es importante resaltar que son cifras del censo 2000, lo cual contextualiza un marco político y económico. La evolución del caudal de mujeres provenientes de países vecinos tuvo una tendencia claramente ascendente entre 1991 y 2006, mientras que el crecimiento de los varones fue lento.

¿Cuál es el perfil de las jefas de hogar migrantes?

–En algunos estudios que llevé a cabo con respecto a la situación de pobreza y a la condición de jefatura se insiste mucho en sostener que las jefas mujeres tiene una situación de mayor debilidad, ya que tener un hogar sola es una situación de extrema vulnerabilidad. Lo que se puede ver en base a informaciones censales, es que los hogares encabezados por mujeres, donde hay cierta paridad en los niveles educativos, eran menos pobres que los de varones. Digamos que contradice lo que se suele escuchar. Quiero aclarar que hay dos posturas con respecto a lo mencionado: están los que siempre insisten en que los hogares encabezados por las mujeres son los más pobres y los/as que pensamos que las mujeres, cuando encabezan hogares, desarrollan ciertas estrategias que de alguna forma se hacen más fuertes, por ejemplo: más miembros de ese hogar van a trabajar, las mujeres saben establecer más redes de solidaridad entre ellas. Es por eso que en las cifras finales no aparecen con ingresos menores sino con iguales o menores niveles de pobreza. La mujer sola puede llevar adelante un hogar igualmente pobre que un jefe de hogar. Estos son los datos que yo pude seguir por medio de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), desde los ‘90 hasta la actualidad. La migración de la mujer no es un hecho reciente. Esto forma parte de los tiempos modernos y la mujer se encuentra siempre presente en el fenómeno migratorio.

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