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Viernes, 30 de septiembre de 2011

PERFILES

La desestabilizadora

Rafah Nached

 Por Flor Monfort

La fractura de un régimen que tiene que matar para mantenerse en pie y la revuelta de un pueblo que abrió los ojos: no hay vuelta atrás para la gente en Siria (y ese es uno de sus lemas), que ya salió a la calle e intenta superar el terror que meten los tanques y las bombas, los asesinatos y torturas con fines intimidatorios. Lo hacen cada viernes después de la oración en las mezquitas, primero en focos dispersos (y pacíficos) en el interior del país y cada vez más cercando las principales ciudades. Septiembre arrancó con el control de las fronteras y víctima de esta medida es una mujer de 66 años, Rafah Nached, quien desapareció el 10 de septiembre cuando se disponía a tomar un vuelo de Air France con destino a París para estar presente en el parto de su hija y fue detenida. Desde el miércoles pasado se sabe que está en la Cárcel de Mujeres de Damasco acusada de “actividades susceptibles de provocar la desestabilización del Estado”. Su marido Faysal Abdallah, profesor de Historia Antigua de la Universidad de Damasco, venía contando lo que habían sido sus últimas palabras antes de perder la voz entre el murmullo de la requisa “están muy nerviosos y están controlando”, le había dicho su esposa y estuvo desaparecida hasta que la presión internacional logró que la localizaran y él pudiera verla al menos una vez. Abdallah denunció inmediatamente a organismos internacionales el caso y las redes sociales sirvieron una vez más como hábil transporte de una noticia urgente. Ahora espera que el gobierno francés pueda intervenir para liberarla, pero mientras tanto los días corren (Nached padece una enfermedad cardíaca y está privada de su medicación) y el gobierno de turno redobla las apuestas de la represión, en una atmósfera que se lleva decenas de muertos todos los días.

El psiquiatra francés Jacques-Alain Miller, fundador de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, yerno de Lacan y discípulo de Sastre y Althusser, fue uno de los responsables de dar a conocer la noticia a nivel mundial, que en la Argentina se diseminó desde la Escuela de Orientación Lacaniana. Miller interpeló a un ex ministro de Relaciones Exteriores de su país, quien se sabe tiene una relación extramatrimonial con la hija de un general sirio, “ya que la sedujo, que al menos sirva para algo”, le dijo a la prensa en plena campaña de búsqueda, cuando todavía no se sabía dónde estaba Nached, quien obtuvo su título como psicóloga en la Universidad de París-Diderot, es la primera psiquiatra mujer de Siria y fundó la Escuela de Psicoanálisis de Damasco. Si bien estudió y vivió en París hasta su cuarta década, apostó a su país para ejercer su profesión desde hace 26 años. Hasta ser detenida, estaba coordinando grupos de ayuda para víctimas de la persecución del régimen de Bachar el Asad en una residencia jesuita, donde organizaba jornadas de fin de semana, totalmente apolíticas, pero en consonancia con el miedo que se vive hace seis meses. Lo que se hacía allí era considerado subversivo, cualquier déjà vu con nuestra realidad próxima pasada sirve para entender un clima generalizado, que además se suma a una cultura poco acostumbrada a la mediación de la palabra para tramitar el miedo. “Lo paradójico es que todo el mundo tiene miedo en Siria, pero aun así salen a la calle y vienen a los cursos”, le dijo Nached a un periodista de la agencia France Presse en agosto, cuando éste la entrevistó por la actividad que realizaba desde mediados de año, sin preguntarse si estaba bien o mal, sin pensar si corría peligro. En esa misma nota, Nached explicaba los conflictos que emergían incluso dentro del curso, por las minorías religiosas que habitan el suelo sirio: la mayoría son suníes, pero hay minorías alauí, cristianas y kurdas, que también estallan en las migraciones que provoca el conflicto y las viejas rivalidades políticas.

Bachar el Asad asumió la presidencia de Siria en el año 2000 con la promesa de un cambio y una transición democrática siempre en la punta de la lengua pero no en los hechos. Lo cierto es que congeló un país militarizado y en total sintonía con las dinastías que suelen ocupar los altos cargos de los países árabes, clausurando el papel de los medios, manteniendo el puño cerrado en la apertura a las economías internacionales y fortaleciendo su compromiso de pelear la frontera con Israel cueste lo que cueste. El clima de agitación social y político en Siria y la noticia sobre la detención de Nached corren en el mismo sentido que el asesinato de Ghiath Matar, de 26 años, líder de la oposición pacifista, quien fue torturado hasta la muerte pocos días después de que Nached intentara tomar su vuelo. “Recuérdenme cuando festejen el derrocamiento del régimen y una patria libre de opresores”, escribió antes de morirse.

Basta poner el nombre de Nached para acceder a las peticiones internacionales que se abrieron para pedir su liberación, pero el panorama es incierto entre tanta convulsión que crece y para la que se espera un final antes de fin de año, como si eso fuera el fin de todo. “Es el comienzo”, había dicho Nached en un alto de sus cursos, y viendo hoy su destino cuánta razón tenía.

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