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Viernes, 9 de diciembre de 2011

ENTREVISTAS

“Escribo para la gente”

Carolina Aguirre cosechó tantos clicks con Bestiaria como el formato blog lo permitía allá por el 2006, cuando se cocinaba el furor de un soporte que al tiempo le quedó chico. Egresada de la Enerc, donde estudió guión, fue Ciega a citas su blog que arribó a la pantalla chica con muchísimo éxito y que ya lleva agotada su quinta edición. Ahora, acaba de publicar su primera novela, El efecto Noemí (Aguilar), o el relato de una contienda donde el amor es la excusa, la ruptura es el campo de batalla y la heladera, el arma de guerra.

 Por Marina Navarro

Carolina Aguirre es guionista y escritora, tiene 33 años y cosecha el título de la mujer más leída del ciberespacio, gracias a su enorme capacidad para dar allí donde duele. Sus blogs Bestiaria –un inventario de estereotipos del universo femenino– y Ciega a citas –una suerte de folletín en el que una chica, de un poco más de treinta, debe conseguir novio antes del casamiento de su hermana para torcer el destino que su madre le ha fijado: gorda, fea y solterona– fueron llevados al papel. Ciega a citas tuvo también su versión en televisión con el protagónico de Muriel Santa Ana, que le puso cara, gesto y cuerpo a la abogada Lucía González y sus aventuras amorosas. Colabora con diversas publicaciones, es una asidua usuaria de Twitter (donde se peleó enérgicamente con Ursula Vargues, quien plagió un post de ella en Bestiaria y lo convirtió en nota periodística) y tiene otro blog sobre gastronomía, Wasabi, donde despunta su pasión por la comida gourmet. Entre todas estas actividades, Aguirre pasó estos últimos tres años escribiendo su primera novela, El efecto Noemí, con la que se lanza directamente al papel. Es la historia de un matrimonio que lleva décadas de casados y que habita una rutinaria normalidad, hasta que una mañana, Boris decide dejar a su mujer, Noemí, y a partir de ese día nunca más puede volver a dormir. Un tiempo después, Boris descubrirá que lo único que le devolverá el sueño, paradójicamente, será la comida hecha por ella. Porque El efecto Noemí es el relato de un divorcio pero contado a través de una heladera.

¿Cómo diseñaste el argumento de la novela?

–En realidad se le ocurrió a mi marido. Estábamos tomando una sopa que yo hago y a que él le gusta mucho pero que no sabe exactamente qué ingredientes tiene, y en broma le dije que si nos separábamos él nunca más podría tomar esa sopa tal cual yo la hago, porque sólo yo conozco la receta. Y él pensó que era una buena historia para un cuento. Así que originalmente escribí un cuento que se llamaba “La sopa” y se trataba de un matrimonio de muchos años en el que el hombre dejaba a la mujer. Pero después me di cuenta de que la gracia era pelar la historia y ver cómo explotaba esa situación. Cuál era el desencadenante por el cual un tipo se va de su casa después de un montón de años de matrimonio. Todo lo que estaba alrededor de eso me parecía más importante, entonces lo pasé a novela.

¿Por qué decidiste escribirla directamente en papel?

–Quería ver si podía escribir una novela completamente a oscuras. No me interesa hacer siempre lo mismo, me aburre. Además sentía que tenía que salir de esa situación cómoda. Mis libros anteriores primero fueron blogs y cuando salieron en papel, sabía exactamente lo que opinaba todo el mundo porque se había leído y comentado mucho acerca de los dos blogs.

Tus textos anteriores de ficción están escritos desde la perspectiva femenina, ¿por qué elegiste a un hombre para contar esta historia?

–Me parecía que era mucho más interesante contarlo desde el punto de vista de un hombre que contarlo desde la perspectiva de mujer a la que dejan. Quería contar toda la fantasía que tienen algunos hombres en la cabeza cuando se separan después de muchos años, sobre lo que van a hacer y cómo va a ser su vida después de ese matrimonio que en apariencia los hacía muy infelices.

Boris empieza a extrañar a Noemí en las cosas más inesperadas.

–En general hay algo que me interesa mucho y es poder observar cómo se da el amor en las relaciones y el rol de las mujeres y de los hombres. No me interesa la batalla de los sexos, no quería entrar en esa discusión, sino más bien retratar estas pequeñas cosas cotidianas que aparecen en la novela. Qué es lo que nos gusta del otro, la forma en la que duerme distribuido en la cama, la crema que usa hace mucho tiempo... Al mismo tiempo, son las cosas que uno recuerda cuando se separa. No hay grandes gestos. En la novela él recuerda los pequeñas detalles: el licor que ella le hacía, la forma de doblar la servilleta, los olores, su voz. Me interesaba muchísimo contar cómo esos detalles que te parecen encantadoras y maravillosas del otro de repente se vuelven una pesadilla. Y no es que sucede algo en particular, es sólo tiempo. Ese pasaje de todo lo que a él le parecía un fastidio, y al revés, todas estas cosas que le parecían repulsivas, miradas a la distancia podían ser algo bonito, delicado.

Si no te interesa la batalla de los sexos como decís, ¿dónde ponés la mirada a la hora de contar?

–A mí no me interesan mucho los temas, sino los personajes y las historias. Si tuviera que elegir un tema que me importe o sobre el cual me interesaría escribir, “la batalla de los sexos” sería el último. Todos los libros humorísticos sobre el rol de la mujer me parecen malísimos, aunque sospecho que los que son serios son todavía peores. Escribí algunas veces sobre mujeres pero como lo podría haber hecho sobre gatos, sobre jugadores de poker o sobre la vida de la gacela. Es una casualidad, no una búsqueda. Se me ocurre una historia o un personaje y lo escribo, no pienso más que eso.

¿Por qué Noemí, que es evocada todo el tiempo, casi no aparece en la novela?

–Elegí contar desde el punto de vista de él en forma estricta. Incluyendo lo que él no ve. El lector no sabe qué es lo que pasa con ella, no la ve más, pero para que ella tuviera presencia está contada a través de la heladera. El abre la heladera de su ex casa, ve cosas distintas y saca conclusiones. Si está, si se fue de viaje, si está haciendo dieta, si su familia está de visita, si está contenta o deprimida, pero son todas conjeturas de él.

¿Cómo construiste esa pareja que estuvo casada durante décadas?

–Suelo observar mucho a las parejas cuando salgo. Voy a comer y me siento cerca de algún matrimonio y observo las situaciones, cómo se miran, a veces ni se hablan y se entienden mediante gestos. La forma en la que se comportan desnuda qué tipo de pareja son. Quería que fuera verosímil, que dé la sensación que de verdad las cosas podían suceder tal cual las contaba. Me importan mucho los diálogos. Con la escritura no me interesa lucirme, sino que se luzca el personaje. Cuando sos guionista, entendés mucho más que el jefe es el lector o el espectador. No porque vayas a hacer lo que él quiera o lo que espera sino porque tenés plena conciencia de que todo lo que escribas el lector lo tiene que entender. Escribo para la gente. No quiero ser virtuosa para mostrarme. Pero sí me interesa que cuando el lector empiece el libro no le queden ganas de dejarlo y eso es muy propio del trabajo del guionista. Está esa conciencia internalizada dentro tuyo. Tengo toda la libertad para escribir sobre lo que quiero y me pasa con todo lo que hago en general. Pero quiero que el lector lo reciba de la mejor manera posible, que no se pierda nada. Que tenga todas las herramientas para tomar el relato. Quizás después no le gusta y está todo bien, pero que no sea porque no lo pudo seguir o porque no se entiende.

En tu escritura funciona cierto estereotipo a la hora de construir los personajes, sucedió en Bestiaria en el blog de “La peleadora” y también en tu novela.

–Sí y no. Nunca abordo un estereotipo desde la generalidad, “las mozas”, “los que viajan a Miami”, “los médicos”, sino desde la particularidad, “las mozas que bufan cuando te dejan una bebida”, “los que viajan a Miami y no despachan las valijas”, “los médicos que tienen la manicura mejor hecha que vos”. Hago el camino inverso, clasifico gente por cómo come un caramelo, por cómo se divorcia, por lo que dice cuando levanta el tubo. No me gusta abarcar o agrupar sino sacarle la ficha a cada uno y pelarlo hasta que se le vean los huesos.

¿Qué pensabas cuando estudiabas guión en la Enerc que ibas a hacer una vez terminada la carrera?

–A mí, en realidad, me gustaba el cine y del cine lo que más me gustaba era escribir, por eso estudié guión. Después me di cuenta de que lo que en realidad quería era dedicarme a la escritura. Cuando era estudiante la pasaba muy mal en los rodajes, no aguantaba estar tanto tiempo en el set, lo sufrí bastante. Dejé de escribir durante casi cinco años, trabajé de otra cosa y con el tiempo me di cuenta de que no tenía por qué hacer sólo guión. Ahí fue cuando me abrí el primer blog. Después el resto de las cosas se fueron dando. Me encargaban comerciales o me pedían blogs o colaboraciones para distintos medios.

De hecho escribís textos muy variados. Tenés un blog de gastronomía, Wasabi, en PlanetaJoy, hacés guiones para El Gourmet, colaborabas hasta hace poco con una columna semanal en La Nación y escribiste una crónica en primera persona para el primer número de la revista Orsai.

–Trabajo mucho. De lunes a domingo y es lo que más me gusta. Me quejo todo el tiempo sin parar, pero después tengo diez días de vacaciones y no sé qué hacer. Escribir estructura toda mi vida. Un día es bueno o malo si tuve un buen día de escritura o uno malo. Para poder trabajar sola en mi casa y tener muchos clientes y jefes distintos, porque escribo en un blog, en revistas, hago guiones para comerciales y campañas, tengo que ser muy metódica porque es muy difícil escribir en simultáneo si no te organizás.

¿Es distinta la relación que hay entre los lectores de papel a la que tenés con los de Internet?

–No sé si es distinta, es mucho más cercana. Conozco a todos mis lectores y tengo una relación muy intensa con ellos, desde siempre. Leo todos los comentarios, estoy metida. Con Wasabi aprendo todo el tiempo de mis lectores y hay un intercambio constante. Es muy importante que la relación sea estrecha. No conozco ningún blog en que el autor no tenga una relación cercana con sus lectores y le dejen comentarios. No existe eso, porque cuando vos le hablás a alguien te tiene que contestar. Cuando alguien se toma el trabajo de leerte, cómo no vas a interesarte por lo que te preguntan o consultan.

En tus textos convive Internet y el papel.

–Sí, me gusta hacer las dos cosas. No quiero que se genere esa idea de que el blog es el premio consuelo del que no puede publicar un libro. Veo mucho eso, gente que no puede publicar un libro y dice “lo voy a subir al blog”. No es así, el blog es otra cosa. Es distinto, pero implica el mismo esfuerzo y es igual de valioso. Y los textos tienen que estar igual de bien escritos, te lean en papel o en Internet.

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