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Viernes, 9 de diciembre de 2011

PERFILES > MARCELA RODRíGUEZ

Se trata de identidad

 Por Marta Dillon

Ella escribe usando el asterisco para hacerle una zancadilla a la imposición del universal masculino. Lo hace sin afectación, en escritos que no están destinados a ser vistos o leídos en público, y no por las dificultades que impone el asterisco a la lectura, sino porque no encuentra otra manera de nombrar. Son esas incomodidades que impone una conciencia formada en el feminismo, arrugas que empiezan a notarse en el idioma cuando se es capaz de escuchar más allá de la propia experiencia. O tal vez, a través de la propia experiencia. Así fue, por ejemplo, que Marcela Rodríguez, quien fuera diputada del ARI primero y de la Coalición Cívica después y fue capaz de enrostrar a quienes arrugaban la nariz cuando se hablaba de tratamientos hormonales durante el debate que terminó con la media sanción a la Ley de Identidad de Género que las mujeres sabemos suficiente de hormonas. ¿O de qué se creen que se tratan las pastillas anticonceptivas tantos muchachos que se beneficiaron con su uso, sobre todo porque ellos no tenían que usarlas? Ni siquiera tenían que pensar en la anticoncepción porque eso era cosa de mujeres y así fue que cuando hubo que imponer el forro, bueno, todavía estamos en eso y con éxito bastante pobre al menos entre los que tienen más de 40. Pero no se trataba del sida la sesión del 30 de noviembre en la Cámara baja sino de “pagar deudas atrasadas”, como dijo Rodríguez sin desmerecer el peso histórico de la media sanción, pero con la certeza de que la historia no siempre llega a tiempo y de eso pueden hablar los varones trans que pusieron el cuerpo en consultorios clandestinos para realizarse mastectomías mal hechas o inseguras porque ser quien se es y además parecerlo es una urgencia, tal como pueden contarlo las mujeres trans que ponen su cuerpo en la calle porque es la única manera de sobrevivir. De estas deudas habló Rodríguez en el recinto y fue una de las tantas voces femeninas que engalanaron la ley de cupo justo cuando esa ley cumplía un aniversario y daba cuenta de que ésa también era una manera de pagar la deuda histórica no sólo de la representación de las mujeres sino de que a través de ellas hay leyes que empiezan a convertirse en realidad. De Marcela Rodríguez difícilmente se pueda decir que su rango de diputada lo haya conseguido sólo por cupo. Se recibió de abogada con diploma de honor en la Universidad de Buenos Aires y cuenta con una maestría en Derecho de la Universidad de Yale, pero ésos son apenas títulos. Más cuenta de su historia el trabajo que realizó junto a su compañera Diana Staubli en el Centro de la Mujer de Vicente López a principios de la década del ’90 donde elaboraron un sistema de atención a las víctimas de la violencia de género que fue premiado por la Unesco. O su militancia por la transparencia del Consejo de la Magistratura. O su persistencia en presentar proyectos de ley que tuvieran en cuenta y de alguna manera corrigieran el sistema de jerarquía entre los géneros que es la fuente de violencia de la que parece que sólo se puede hablar cuando aparecen las víctimas. Proyectos que le valieron no pocas burlas, como cuando en 2006 propuso que por ley las parejas heterosexuales estuvieran obligadas a compartir las tareas domésticas, esa zona oscura del trabajo que las mujeres siguen asumiendo casi sin chistar mientras los varones “ayudan”. Cultora del bajo perfil hasta el hartazgo, es más fácil encontrar material sobre la vida sexual de las hormigas en Internet que una entrevista suya a pesar de que fue más que requerida cuando este año, finalmente, se decidió a dejar la Coalición Cívica porque esa fuerza ya no la representaba como tampoco, dijo, ella representaba a esa fuerza. Sus votos en la Cámara baja ya venían confirmando la disidencia y habrá que rastrear en cierta fidelidad que genera la amistad las razones para no haberse ido antes de ese partido que hasta hace poco lideró Elisa Carrió. Porque ya en 2007 había desaparecido de las fotos públicas y hasta su firma se había perdido de la plataforma del ARI cuando se dio cuenta de que se parecía poco a la que ella había elaborado junto con Rubén LoVuolo, economista que se cayó de las preferencias de Lilita cuando Prat Gay empezó a ocupar espacio y el giro a la derecha del ARI tenía velocidad de Fórmula Uno. Así y todo se bancó que la que fue su líder la usara de amiga lesbiana para justificarse por votar en contra del matrimonio igualitario. Era información irrelevante para Rodríguez, sólo que Carrió no preguntó si estaba habilitada para darla en el Congreso y en cadena nacional. Lo cierto es que el ARI ya es historia para Rodríguez que apenas se molestó en buscar un nombre para su bloque –Unipersonal– y sólo apeló a describir una situación evidente que no le impide seguir metiendo el dedo en la llaga de las desigualdades, que de eso se trata principalmente su compromiso que, por suerte, tiene banca hasta 2013.

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