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Viernes, 6 de abril de 2012

ESCENAS

Los hippies de ahora

La huerta, escrita y dirigida por Mariana Chaud, está basada en la Guía Práctica Ilustrada para el horticultor autosuficiente, de John Seymour, una pieza donde el binomio chica rica-chico pobre despliega una lectura más allá de los conflictos de clase y se vuelve mapa político sin fronteras definidas.

 Por Sonia Jaroslavsky

Concebida inicialmente para el Proyecto Manual del Rojas donde se titulaba El horticultor autosuficiente, el cambio de nombre devino porque a la directora —amante de la búsqueda de títulos— le sonaba a trabalenguas.

Chaud, actriz, directora y dramaturga, es reconocida por piezas que fueron llamadas Los sueños de Cohanaco; Budín inglés, Elhecho o Sigo mintiendo: “Hay gente que tiene problemas para buscar títulos de obras; yo no. Yo tengo problemas con los finales”. Mientras estrena La huerta, actuada por Moro Anghileri y Willy Prociuk, ensaya Isósceles, dos contra uno, una obra sobre una relación de a tres a través del tiempo con Dolores Fonzi, Violeta Urtizberea y Ezequiel Díaz.

Moro Anghileri interpreta a Ingrid, una socióloga que tras una separación, abandona la ciudad para dejarse llevar por la vida silvestre, proponiéndose realizar una huerta orgánica gracias a la Guía práctica del horticultor autosuficiente. Para llevar adelante este emprendimiento contrata a Pablo, a cargo de Willy Prociuk: un peón con mucha experiencia en las tareas del campo. La historia es el vínculo que se produce entre ellos, sin olvidar las distancias obvias entre una joven “progre” de clase media de la capital y un peón que lleva inscripto el machismo y la discriminación sin por eso dejar de ser gentil y honrado.

Para Mariana Chaud, El horticultor autosuficiente representa lo mejor del hippismo de los setenta: “Que sigue siendo interesante hasta hoy en día ya que en la actualidad todos los productos que consumimos han sido o bien elaborados industrialmente o bien tratados con agroquímicos súper agresivos, implicando siempre cadenas de trabajo en las cuales el factor humano es el que paga las consecuencias. Por todo esto, esta guía práctica, que propone un modelo autosustentable y de autoabastecimiento sin depender de cadenas, es más actual que nunca”. Es así como el proyecto de la huerta orgánica empieza siendo un proyecto de Ingrid que lleva adelante por razones ideológicas, pero el que termina siendo el abanderado y comprometido con el proyecto es el jardinero que al comienzo estaba escéptico. “Me parece que en el medio aparece el tema del trabajo en concreto con la tierra y el tema del esfuerzo físico y de cómo eso genera un vínculo real y amoroso con la huerta. En cambio, el propósito intelectual se esfuma más rápidamente.” El tema sociológico es otro binomio que aborda la obra: campo-ciudad; natural-racional; ricos-pobres. “Pero, en este caso —explica la directora— es el chico pobre el que discrimina y la chica rica es más progre y se indigna con el discurso del jardinero.” Hacer una obra donde lo fundamental es un amor simple y universal es algo que le atrajo a Mariana, porque es una historia “en la cual la atracción física es más fuerte que los prejuicios. Además, existe un fetichismo sobre la figura del jardinero: el hombre aparece como objeto”.

El espacio de la huerta está llevado a escena por hileras de plantas que no son realistas, sino que traen lo verde en una mezcla de fantasía y monotonía diseñado por la escenógrafa Alicia Leloutre acompañado por la iluminación de Matías Sendón. De frente, un piano, una mesa de trabajo, otra mesa con un atril y un sillón, un grabador y utensilios de jardinería. El trabajo con los actores, cuenta Chaud, fue muy comprometido: “Se metieron en la piel de sus personajes a fondo y siempre en serio. Además, tienen un gran amor y alegría por el trabajo, al punto de que algunas veces yo daba por terminado el ensayo y ellos querían seguir y seguir probando. Ambos, hacen una labor de composición muy fino, casi imperceptible, con mucha naturalidad pero que esconde un enorme trabajo”.¤

* La huerta. Domingos, a las 19.30. Espacio Callejón, Humahuaca 3759. Reservas al 4862-1167. $50 (estudiantes y jubilados $30).

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