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Viernes, 1 de agosto de 2003

SALUD

El sida, el sexo y la escuela

Ana Lía Kornblit es una investigadora del Instituto Gino Germani que desde hace años estudia problemas vinculados con la adolescencia. Acaba de ganar la beca Guggenheim para llevar adelante un trabajo sobre las creencias y las conductas de riesgo en adolescentes escolarizados.

Por Sandra Chaher

Ana Lía Kornblit es uno de los 19 argentinos que obtuvieron este año la beca Guggenheim. Sobre 39 ganadores de América latina, nuestro país se llevó más de la mitad de los apoyos para investigación en ciencias y artes que le reportan 30 mil dólares a quien lo obtiene. Las becas Guggenheim se otorgan en base a la trayectoria, una cualidad que Kornblit ostenta. Hace más de 20 años que investiga sobre los jóvenes argentinos, sus subculturas, y su relación con el consumo de drogas. Cuando a fines de los ‘80 se empezó a hablar de VIH/sida, ligar el contagio del virus con el consumo de drogas y con la juventud fue darle una vuelta de tuerca más a lo que ya venía haciendo.
“En las escuelas ni se hablaba de drogas ilegales. Se lo consideraba contra-preventivo. Si mencionabas el tema era como que estabas instando a consumir. Pero en esos años se empezó a registrar un aumento del uso de drogas inyectables y rápidamente esto fue ligado al contagio del VIH. Entonces ya no se pudo evitar”, dice. En ese momento, Kornblit y otros investigadores publicaron un libro con sus estudios sobre el consumo de drogas. Veinte años después, a fines del 2003, otro texto, llamado Nuevos estudios sobre drogadicción –que será publicado por Editorial Biblos– intentará construir un puente entre aquella realidad de fines de los ‘80, con abundancia de consumo inyectable, y ésta del 2003: menos adicta a las jeringas pero sí a drogas mucho más nocivas para el organismo, como el crack o la ketamina.
–¿Qué investigará con el dinero de la Beca Guggenheim?
–El título del trabajo es “Diagnóstico de las actitudes, creencias y conductas de riesgo en relación con la sexualidad: un estudio en jóvenes argentinos escolarizados”. Siempre investigo conjuntamente sida y embarazo no deseado, porque la ausencia del uso de preservativos te puede llevar a cualquiera de las dos situaciones. Vamos a hacer un trabajo de campo en escuelas secundarias de la Ciudad de Buenos Aires. Después de presentarnos a la beca, el equipo del Instituto Gino Germani de la Facultad de Ciencias Sociales con el que trabajo entró en contacto con el Hospital de Clínicas y estamos desarrollando juntamente con ellos el Programa para el Cuidado y Apoyo de la Salud en las Escuelas con Escuelas Promotoras de Salud de la Ciudad de Buenos Aires. Las Escuelas Promotoras de Salud son una red que existe también en el resto de América latina y en Europa. Entonces, el diagnóstico de la beca lo haremos sobre escuelas de dos zonas cercanas al Hospital de Clínicas: hacia Barrio Norte por un lado y hasta Almagro por el otro.

Contradicciones
–El tema fundamental de los jóvenes en relación con el VIH/sida y el uso de preservativos pareciera no ser la falta de información sino más bien la ambivalencia entre saber que hay que cuidarse pero no hacerlo.
–Yo empecé a trabajar en las escuelas cuando me di cuenta de que el tema de los jóvenes en relación con el sida es la educación. Pero no sólobrindar información. Porque justamente lo que ves es que los jóvenes incorporan el discurso preventivo pero esto no se refleja en su vida cotidiana. La única forma de que haya congruencia entre discurso y práctica es que los programas de prevención los incorporen activamente. Esto ya se probó en otros países y dio resultado. Acá está muy limitado por los pruritos de las escuelas para hablar de sexualidad. Educación para la Salud es una asignatura transversal a toda la currícula, pero entonces queda librada a la buena voluntad de cada escuela y de los docentes, porque implica hacer actividades integradas entre varias materias y en horas extra para las cuales no hay presupuesto. Tenemos que ver qué apoyo se le da acá a esta propuesta que está tomada de la reforma española. El programa del Hospital de Clínicas tiene el apoyo del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, pero no hay aún partidas para pagar esas horas extra. Filmus también se mostró interesado ahora que es ministro nacional. Yo tengo que tener una entrevista próximamente con él. Si el gobierno nacional demuestra interés, se puede extender esta experiencia de las escuelas de la Ciudad a las provincias. Pero hay que tejer la red. Y también nos vamos a presentar a las becas Ubacyt 2003, porque la Beca Guggenheim cubre la etapa de diagnóstico del trabajo, pero para poder hacer intervenciones necesitamos más dinero.
–¿Quiénes se muestran más resistentes en las escuelas públicas a que se hable de educación sexual?
–Hay de todo. Los docentes de Biología son los más abiertos, pero resulta que después el personal directivo teme la reacción de los padres y se echa atrás. Aunque lo que nosotros vimos, en las reuniones de padres que tuvimos, es que éstos se mostraban aliviados de que el tema se tratara en la escuela.
–¿Cómo es la situación de la Argentina en relación con otros países en cuanto a educación sexual?
–Puede haber países en donde se trabaje muy bien el tema de educación sexual, como España, pero eso no tiene correlato con la tasa de infección del VIH en los jóvenes, que es bastante similar en todo el mundo. Son los más infectados. La Argentina tiene una tasa muy alta, mayor que Brasil inclusive. El grupo más afectado por el VIH/sida en nuestro país es el que va de los 30 a los 34 años en los hombres y de los 25 a los 29 en las mujeres. Y si tenemos en cuenta que una vez que se obtiene el diagnóstico hay que calcular que esa persona contrajo el virus 10 años antes, se ve la vulnerabilidad de los jóvenes.
–¿Cómo van a trabajar metodológicamente con los chicos?
–Después de la etapa de diagnóstico vendría la capacitación docente, ellos llevarían la iniciativa a las escuelas y finalmente se promovería la realización de mensajes preventivos por parte de los chicos que se expondrían en una muestra.
–En estas muestras los chicos de nivel secundario suelen apelar mucho a mensajes que asocian el VIH con la muerte.
–Sí, es cierto. El tema de la muerte, de lo trágico, es muy fuerte. Habría que ver por qué aparece tanto dramatismo. Porque incluso está probado que los mensajes que asustan terminan bloqueando, no dan buenos resultados. Yo creo que los chicos reproducen el discurso oficial, de los adultos, donde el VIH/sida aparece como algo siniestro, sin matices. Toman eso para hacer los mensajes pero después no hacen nada en sus prácticas cotidianas. No usan preservativos. Creo que una falencia está probablemente en quienes coordinan esos trabajos, que no pueden bajarse del caballo y hablarles a los chicos con sus propios códigos y desde otro lugar. Es necesario mejorar la capacitación.
–¿La elaboración de mensajes es la única forma de participación que se les puede ofrecer a los chicos?
–En un encuentro en el que participé en Italia se insistía en que participaran tanto los chicos como los docentes en el diagnóstico, junto con el equipo investigador. Esto es mucho más rico, pero ralenta el trabajo. Hay que ver. También se arman a veces equipos interdisciplinarios desde el vamos y ahí se incluye a los jóvenes. O se los compromete también en la etapa de evaluación.

Prevención
–Cuando a fines del año 2001 Lusida fue disuelto, el panorama de las ONG para la prevención del sida se volvió bastante duro. ¿Cuál es la situación actual?
–No, no. Eso cambió. Ahora está el Fondo Global para la Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria, que es autónomo y recibe dinero de organismos de todo el mundo. Un consorcio de la Argentina –compuesto por ONG, organismos gubernamentales y organizaciones de la sociedad civil como universidades– se presentó y ganó una partida grande que en este momento se está evaluando a qué proyectos se destinará. Pero serán financiados aproximadamente 150 o 200 proyectos. Con lo cual volverán los programas de reducción de daños y de prevención en grupos específicos como gays o prostitutas, la educación sexual, y los trabajos en cárceles y con mujeres embarazadas.
–¿Sigue avanzando la “feminización” del contagio y de la enfermedad?
–Sí, claro. En este momento está ascendiendo en todo el mundo la tasa de infección en las mujeres, especialmente en las casadas. Esto tiene relación directa con el preservativo como un elemento que introduciría desconfianza en un vínculo estable. Si una pareja está casada, ¿por qué van a usar preservativos? Se supone que son fieles. Y en esto la mujer tiene mucho menos poder de negociación que el hombre. Ante la posibilidad de perder el vínculo porque su pareja la tome por desconfiada, el preservativo se deja de lado. También en esto las jóvenes están más afectadas que las adultas. Porque una mujer divorciada, por ejemplo, tiene más elementos para imponer el preservativo en un vínculo. Pero siempre está el miedo a perder la pareja. Nosotros vamos a trabajar este tema en la beca, es uno de los ejes. La creencia es que el preservativo es un obstáculo para las relaciones “naturales”.
–Una consecuencia de esta feminización es el contagio madre-hijo. La Argentina tiene la tasa más alta de América latina, cerca del 7 por ciento. ¿Por qué?
–No lo sé. Yo tengo la misma duda y las veces que lo hablé con infectólogos me dijeron que había que ver cómo se hacían las estadísticas en cada país, que quizá ahí estaba la razón. Pero creo que ellos tampoco tienen una explicación.

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