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Viernes, 6 de julio de 2012

RESCATES > RACHILDE (1860-1953)

La escritora obscena

 Por M. R.

Hija única de un oficial militar que nunca ocultó su deseo de haber tenido un hijo varón, Marguerite Vallette-Eymery nació durante el Segundo Imperio, en 1860, en la región de Aquitania, al sudoeste de Francia. Víctima, como su madre, de abusos físicos y psicológicos, lectora voraz de la biblioteca familiar, su vocación literaria empezó muy temprano, en contra del deseo paterno y, escapando de los mandatos familiares, llegó a los veinte años a París, la ciudad en la que por ese entonces crecía el interés por los estados ocultos de la mente y la alteración de la conciencia de la mano de los simbolistas. Allí tomó contacto con algunos artistas de la época –quienes llegaron a llamarla “mademoiselle Baudelaire”–, frecuentó a los excéntricos Alfred Jarry y Jean Lorrain, y adoptó definitivamente, para sus primeros escritos por encargo, el seudónimo de Rachilde, alegando que era un noble sueco –y no ella– el que le dictaba los relatos. Publicó muchísimo en Francia y fue traducida muy poco; su segunda novela, Monsieur Venus, de 1884, es considerada su obra clave: editada en Bruselas, cuenta la historia de una mujer de la alta sociedad que se traviste, y contiene escenas explícitas de sadomasoquismo y otras prácticas sexuales macabras que le valieron una acusación de obscenidad. Rachilde aprovechó el escándalo para alentar la circulación de su obra y hacerse más conocida.

En 1889 se convirtió en la esposa de Alfred Vallette, responsable de la revista literaria Mercure de France, alrededor de la cual se reunían escritores e intelectuales destacados de la época. Todos los martes, en el salón parisino del matrimonio, se juntaba el comité editor con personalidades como Jules Renard y los decadentistas Remy de Gourmont y Villiers de L’Isle-Adam. Junto a ellos, Rachilde despuntó su labor como periodista, alimentando hasta 1926 una columna en la revista en la que comentaba y promocionaba la obra de jóvenes talentos. A diferencia de otras mujeres de su tiempo como Colette o Anaïs Nin, Rachilde se mantuvo alejada de los amores escandalosos y se dedicó exclusivamente a escribir, a profundizar su poética. Entre sus novelas, colecciones de relatos y obras de teatro se destacan Madame la mort (1891), Le demon de l’absurde (1893), La tour d’amour (1899), La maison Vierge (1920) y la novela autobiográfica La Marquise de Sade, que demuestran cómo supo declinar en clave de género algunos tópicos de la literatura gótico-romántica, sumándole elementos decadentes y malditos, atenta también a la experimentación surrealista de comienzos del siglo XX. En todas sus obras e intervenciones puso en juego su propio modelo femenino que se acercaba a la femme maudit baudelaireana, y se oponía por completo a la mirada masculina alimentada por los simbolistas. Aunque nunca se plegó a los movimientos feministas, ni es leída por ellos, su obra se anticipó a muchos ejes críticos como la división sexual patriarcal, la institución familiar y la independencia ante los modelos preestablecidos, evitando los estereotipos y alentando la inversión de roles, con una prosa pulida que explicita su atracción por la perversión y lo siniestro. Pero la fama de Rachilde empezó a declinar después de la Primera Guerra Mundial, y durante la Segunda los nazis la persiguieron pensando que era judía. Murió olvidada, en condiciones precarias, hace casi sesenta años. Excepto en Francia, donde algunas de sus obras fueron reeditadas en la década del ’90, es muy difícil dar con sus libros. Aunque se trate de una autora que perfectamente podría ser leída hoy, sus herederos, conservadores y reaccionarios, temerosos o avergonzados, no quieren saber nada con ceder los derechos para traducir sus textos. Esta injusticia recién podrá revertirse en diez años, cuando toda su producción pase a ser de dominio público y para leer a Rachilde ya no haya que pedirle permiso a nadie.

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