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Viernes, 30 de noviembre de 2012

PERFILES II. SANDRA RUSSO

Fuera del arquetipo

 Por Sonia Tessa

Es difícil imaginarse hoy a Páginal12 sin las contratapas de Sandra Russo. Las escribe desde hace tantos años que forman parte de la identidad del medio. En los ’90, resistió las políticas neoliberales desde allí: al punto que el 24 de julio de 1997 publicó una llamada “Autónomos” en la que contaba que el sistema de AFJP había dejado a su hija sin pensión, tras la muerte de su marido, Ricardo, de 38 años. Entonces, ella dirigía la revista Luna, pero ese texto fue publicado en este diario, y denunció lo que significaba en la vida cotidiana la privatización del sistema de seguridad social. Después volvió y se hizo cargo de editar Las12 en sus primeros años. En este mismo espacio describió Arquetipos y Arquetipas. Eran leídos por hombres y mujeres que trataban de encontrarse en los retratos a mano alzada. Más tarde, aquellos textos se convirtieron en un libro.

Demoró muy poco, tras la asunción de Néstor Kirchner como presidente, en sentirse parte de una nueva época. Sus contratapas viraron de tono. Se convirtieron en un lugar de exégesis de ese modelo que todavía no se identificaba como tal. El conflicto por la resolución 125 la impulsó –como a otros– a ir más allá de su escritura, o del programa que conducía entonces por Radio Nacional. Adhirió a Carta Abierta en sus comienzos y se convirtió en uno de los blancos preferidos de aquellos que asimilan la adhesión al proyecto político del kirchnerismo con un negocio personal. Su presencia desde los albores de 6,7,8 terminaron de ponerla en la mira. A Sandra Russo le sobra personalidad para plantarse en la pantalla de la televisión pública a opinar sobre el poder de las corporaciones, entre las que distingue al monopolio mediático Clarín por su capacidad para generar la ideología que impregna a buena parte de la sociedad. Su descreimiento del periodismo lo ejerce con nombre y apellido: califica a colegas como periodistas opositores y los refuta sin miramientos. Y no sólo a ellos, hace poco tiempo discutió al aire con Nora Veiras porque no considera una buena idea que la Presidenta haga conferencias de prensa.

Ella fue una de las pocas periodistas que entrevistó a Cristina Fernández de Kirchner en los últimos 5 años. Fue parte de su último libro, llamado justamente La presidenta, que se publicó poco antes de las internas abiertas del año pasado y armó un revuelo político, además de vender más de 80 mil ejemplares en pocos meses. “Siento esta época, el libro o 6,7,8 o todo lo que hago, como un movimiento natural de mi propia vida, de mi personalidad. Sería raro que no estuviera haciendo lo que hago. Es incómodo, pero no tengo más remedio: así me tomo las cosas, no puedo esconder la cabeza abajo de la alfombra”, dijo en una entrevista con el periodista Miguel Russo. “Yo escribía columnas políticas con una posición y una interpretación muy claras. Adherí a Carta Abierta apenas arrancó, apareció allí la palabra ‘destituyente’. Y me largué a escribir el prólogo poniendo todo esto, como un planteo político de lo que quería hacer, sin haber tenido una sola entrevista con Cristina. Y cuando estaba terminando el libro, cuando empiezan a realizarse las entrevistas, me encuentro con una Presidenta que me dice, sin haber leído ese prólogo, ‘a mí en 2008 me quisieron destituir’. Eso fue una coordenada que se cruzó: estuve en el momento indicado en el sitio preciso”, agregó.

Ahora que el grupo Clarín la denunció –al igual que a Veiras y a otros periodistas– por incitación a la violencia y coacción agravada, un delito que prevé una pena de hasta seis años de cárcel, Sandra Russo pone las cosas en su lugar: dice que el monopolio quiere disciplinar a los que piensan distinto. “Que cualquiera se sienta habilitado a gritarnos rochos por la calle tiene que ver con una incitación a la violencia”, respondió.

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