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Viernes, 31 de octubre de 2014

Poderoso el chiquitín

COSAS VEREDES Dos veinteañeras de Brooklyn inventaron un innovador vibrador con el objetivo de “bajar la brecha de género de placer” entre hombres y mujeres. Pequeño, diseñado especialmente para mujeres y manoslibres, se agarra suavemente al clítoris y no lo suelta hasta garantizar el placer.

 Por Guadalupe Treibel

Por inspiración divina de la Eva pecadora del mito fundacional, una dupla norteamericana se ha dejado tentar por la gran serpiente del sexo y sus riquísimas manzanas en amplia variedad –bicolores, amarillas del tipo Golden, verdes Granny Smith, Red Delicious rojas...–. Y aunque no serán sus seguidoras las primeras mujeres sobre la tierra en alcanzar un orgasmo, el paraíso parece estar más cerca para todas ellas. Amén de tocar el cielo ¡sin! valerse del tacto, la propuesta es simple –y, según ciertas exhalaciones, de lo más efectiva–: un vibrador manoslibres, no invasivo, fácilmente operable, específicamente pensado para que vistan señoras y señoritas, que añade estimulación al clítoris durante el coito. ¿Habemus trato? A juzgar por el arrebato generalizado de medios anglo ante el venidero adminículo, ese sería el caso. “¡Sí, por favor! ¡Quiero!”, “¿Es éste el diseño de sex toy más inteligente jamás pensado?”, “Un chiche nunca antes visto”, son algunas de las respuestas de cara al pícaro –aunque disimulado– juguete en vías de desarrollo.

Con forma de pequeño cangrejo de dos patas y múltiples opciones cromáticas (azul cielo, grana pasión, verde bosque, por mencionar unos pocos), el aplaudido cosito ha sido bautizado Eva, y es obra y gracia de dos damas veinteañeras que –evidentemente– está muy en contacto con las necesidades básicas del cuerpo femenino. Acto seguido, su creación: un petit dispositivo de silicona que se coloca entre los labios mayores de la vagina donde, gracias a sus dos alas/patas, estaciona y acciona, mientras la usuaria continúa los haberes del coito. Es decir, no interrumpe ni obstaculiza la penetración, como resalta su perfil en el sitio crowdfunding Indiegogo, donde sus inventoras recaudan billetes para financiar la producción. Mientras la meta fijada era de 50 mil dólares, las/os espontáneas/os contribuyentes ya han depositado 182 mil. A cambio de recibir un Eva por el –nada módico– precio de 95 dólares, más envío, el próximo febrero de 2015, eso también hay que decirlo.

Pero antes de continuar, sobre el tan mentado dúo dinámico, fundadoras de la firma Dame Products, con base en Brooklyn, Estados Unidos: una se llama Alexandra Fine, se graduó de la Universidad de Columbia con un máster en Psicología Clínica orientada a la terapia sexual, trabajó en múltiples ONG promoviendo la salud sexual, imparte cursos de educación ídem y dice tener una “fascinación de toda la vida por la sexualidad humana” (claramente). La otra es Janet Lieberman, se graduó del Massachusetts Institute of Technology (MIT) como ingeniera mecánica y ha sido destacada por sus diseños en diversos campos, sumando cantidad de premios. Por supuesto, también le interesa el sexo.

Quizá lo más memorable de la iniciativa es su subrayada intención: “Es notable la gran disparidad que existe entre el placer masculino y el placer femenino. Acorde a estudios varios, las mujeres somos menos propensas a tener encuentros satisfactorios y, menos aún, a alcanzar el orgasmo, a menudo a causa de la falta de estimulación clitoriana”, cuenta la chica Fine, para luego hablar de “brecha de género de placer” (con perdón de la iteración), hacer hincapié en que no siempre las parejas atienden el requisito básico y dar cifras acorde. ¿Las principales? Que la ciencia ha comprobado que, durante el acto, el varón tiene doble chance de llegar al “pico de euforia” en relación a nosotras. Que, acorde al Instituto Kinsey, especialista en el tópico, el 70 por ciento de las ladies necesita que se le preste atención al clítoris (cuyo único propósito en la vida es, precisamente, el goce) para lograr la “pequeña muerte”, independientemente de la penetración. Acto seguido, haga su ingreso el Evita...

“Manos libres”, “Recargable con USB”, “Hecho de silicona aprobada médicamente”, “Resistente al agua”, “Indicador luminoso de batería baja”, “Tres velocidades” (“de amable a intimidante”, wow), “No requiere arnés ni correa”, “No necesita ropa interior”, “Potentes vibraciones motores”, especifica la página oficial del miniaparatejo que puede usarse en soledad o compañía (de hombres y de mujeres), en cualquier posición que venga a la gana (una de las grandes preocupaciones de las interesadas, dicho sea de paso, que consultan si en tal o cual pose el vibrador no se suelta). (Y no, no se suelta, tal es su agarradura.) Por lo demás, el producto es no poroso, fácilmente lavable e hipoalergénico. “Porque tu vagina merece lo mejor”, acorde al cantito de las inventoras, deseosas de dar un empujoncito para que la equidad de oportunidades alcance el dormitorio.

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