Vie 07.05.2004
las12

INUTILíSIMO

Una mano de barniz cultural

Están, quizás, algunas de ustedes acomplejadas por no haber alcanzado ese nivel cultural que les permitiría departir con intelectuales sabihondos? Un número de la revista Vanidades de fines de los ‘70 nos libera a todas de semejante zozobra gracias a las instrucciones de la nota “Engañe (e impresione) a todos con un barniz de cultura”, firmada por Lelia Simonet. Ya desde el copete, se nos avisa que “con un esfuerzo mínimo, usted podrá parecer una experta en todas las ramas del arte ¡y alardear a gusto!”. Por fin alguien que comprende que existen otras cosas mucho más importantes para una mujer –consagrarse el culto del propio cuerpo, conseguir novio pudiente y convertirlo en marido– que ponerse a estudiar, reflexionar, visitar museos, etcétera.
Tranquilas, entonces, porque “las capas de barniz cultural son muy fáciles de aplicar” si se cumplen cuatro reglas básicas. Primero, hay que saber que “para tener fama de culta no hace falta serlo en lo más mínimo”; segundo, apenas se necesita “memorizar unas cuantas tonterías”; tercero, “hablar con seguridad, con un punto de vista definido”; y cuarto, pasar por alto, “con aire de desprecio o aburrimiento, las cosas que desconozca del todo”.
Empecemos con un recurso capital para dar imagen de conocedora sin serlo (nada más femenino que engañar, engatusar, embaucar...): comprarse un buen libro de citas sobre diversos temas de pensadores y escritores prestigiosos de distintas épocas, y aprenderse unas cuantas de memoria: “Nada impresiona más a los hombres que una cita oportuna, y nada resulta más fácil que soltarla a tiempo”. Si queremos una segunda mano de barniz, nos vendría como anillo de diamantes al dedo comprarnos un par de revistas especializadas en artes, o leer cada tanto un suplemento cultural de algún diario. Y listo el pollo y pelada la gallina (de los huevos letrados): “Con una o dos horas de lectura semanal podrá hablar con autoridad de los temas más diversos y fingir ¡a la perfección! que los conoce a todos”. Más aún, añadimos desde esta femenisísima sección: el susodicho libro de citas o los periódicos de marras los pueden leer en el spa o en la peluquería, y así probar que las bellas pueden ser cultas. ¿O era al revés?

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